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Ayuda humanitaria, Bombardeos, Clase obrera, Crisis Humanitaria, Debaltsevo, Donbass, DPR

La vida continúa en Debaltsevo

Artículo Original/Fotografías: Yevdokia “Dunya” Sheremetyeva / Littlehirosima

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¿Quieren saber cómo distribuimos ayuda humanitaria a las personas necesitadas de Donbass? Regularmente recibo peticiones de este tipo: “¡La familia Ivanov se muere de hambre! ¡SOS!” Así que vamos a buscar a los Ivanov. Nos recibe una mujer bien alimentada que de forma seca nos dice: “dejadlo aquí”. No quiere que entremos a la casa. Y cuando conseguimos que nos deje pasar, vemos que el frigorífico está lleno de salchichas y, con la boca llena de dulces, los niños nos entregan dibujos de tanques y bombas explotando. Por algún motivo, las peticiones a través de internet pueden ser así.

Por supuesto, eso no quiere decir que la familia Ivanov no necesite ayuda. Seguramente no les va especialmente bien si han pedido ayuda. Pero nos damos la vuelta y nos vamos. En busca de quienes no van a pedir ayuda. En busca de aquellos que no tienen quien les ayude. Así que no suelo responder a las dramáticas solicitudes a través de internet. Sí, suena cruel. Pero una persona no puede ayudar a todo el mundo.

¿Cómo encontramos a las personas a las que ayudamos? Es todo un arte.

–Zhenya, ¿pasamos por Debaltsevo después del hospicio de Gorlovka? Hay muchos edificios destruidos y gente que no tiene dónde ir.

–Vamos.

Entonces preparamos las bolsas de comida. Cada una contiene 12kg de leche, pasta, pollo, mantequilla, jabón, etc. Y salimos hacia alguna parte. Normalmente buscamos el consejo municipal o la administración municipal, preguntamos por la calle cómo llegar. Después entramos y preguntamos por cualquiera que pueda darnos una lista de aquellos que necesitan ayuda. Siempre son amables. En todos los lugares a los que hemos ido: Georgievka, Jryaschevatoye, Debaltsevo, Chernujino… Sí, nuestro encanto mueve montañas. A veces los propios trabajadores se suben en la furgoneta y nos acompañan a la casa. Muchas veces se esconden: “luego dirán a todo el mundo que hacemos propaganda aprovechándonos de la ayuda humanitaria. No necesitamos  eso”.

Así que en el camino de vuelta condujimos a Debaltsevo después de visitar el hospicio de Gorlovka. El ayuntamiento de Debaltsevo: en el edificio no queda una sola ventana que no esté rota. Natalia Nikolayevna Serenko, la mano derecha del alcalde, nos enseñó la ciudad. Apenas sabíamos nada sobre Debaltsevo. Intentamos hacer unas cuantas llamadas. Algunos no estaban en casa, en otros casos estaba comunicando, así que tuvimos que ir a ciegas.

Llegamos a la casa de Svetlana Valeryevna Strateilatova. La huerta estaba llena de aves: patos, pollos. No se puede sobrevivir sin una huerta. Un proyectil de mortero alcanzó la huerta el 29 de enero. La casa aguantó, pero el tejado sufrió graves daños. Svetlana vive con su hijo. No se queda de nada. Pero el tejado está como toda la casa. Aun así viven allí, aunque puedan ver el cielo a través de los agujeros.

– ¿Qué pasa si llueve?

Se ríe.

–Lo cubrimos todo con bolsas de plástico. Pero eso solo es una parte del problema. Cuando llegue el invierno…

Mientras visitamos a Svetlana, Sergey, nuestro chófer, hablaba con un hombre que pasaba por ahí. Su casa había sido alcanzada por las bombas cuatro veces. Toda la familia vive en una chabola al otro lado de la calle. Vamos a visitarles. En el jardín hay un perro atado y un carrito con un bebé. La vida continúa. Solo que Valeriy Pavlovich Panamorenko ya no tiene casa.

–Papá, enséñales la casa por dentro.

Su hija tiene mejillas rechonchas. Intentaba reír y reír, como una niña. Hace no tanto que se ha convertido en madre.

–El año pasado arreglamos la casa al estilo europeo. ¿Lo ve? Acabábamos de poner nuevos interruptores.

No se enciende nada. No hay interruptores. Solo algunas piezas por el suelo. La gente que realmente necesita tu ayuda siempre te muestra su casa. Te cuentan todo sobre su vida, para que no te vayas. Ningún periodista o reportero conseguirá nunca tanta información como un voluntario. Llevo una libreta y una grabadora. Escucho y tomo notas. Una mujer se acerca a la puerta.

–Mi casa también está destrozada. Cinco bombas.

La seguimos. La miro de reojo. Camina con seguridad, aunque a la vez se seca las lágrimas con la mano.

–Ahí, miren.

Su voz es tan segura como sus pasos. En la fotografía se encuentra junto al horno, el corazón de la casa. Pero Lyuba Alexandrovna Korneyenko ya no tiene casa. En lugar de la casa, hay hierbas y matojos. La naturaleza se olvida rápidamente de las personas.

–Ahora vivo con mi hija, en la siguiente casa. Me escondí en el sótano cuando caían las bombas…

Su hija tiene una discapacidad de Grado II, dos operaciones de corazón. Tiene 53 años y no tiene hijos.

–Todo se quemó: el perro, los pollos, dos gatos…

Con su “casa” ahí de fondo.

Natalia Nikolayevna, la ayudante del alcalde, tiene que irse a seguir trabajando. Llega con nosotros hasta la casa de Valentina Nikolayevna Murzak y después se excusa. Al principio no podemos encontrar a Valentina Nikolayevna, su casa está destruida. Vive con otra mujer mayor.

–Siete bombas cayeron en la casa en diferentes momentos a lo largo del tiempo.

La gente dice que las bombas no golpean dos veces en un mismo lugar. Cuántas veces nos hemos encontrado con excepciones a esta norma.

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Esta es Olga Grigoryevna Kruglyak. Sufre una variedad de enfermedades, empezando por un caso grave de diabetes, bronquitis crónica y otras. Ni siquiera podría escribir todas ellas.

–Cualquiera que nombre, la tengo.

Vive sola. Su casa ha sufrido, pero está en condiciones y es habitable. Mientras descargamos la ayuda, se acerca un hombre sano.

–Ese es mi hijo, ha venido de visita. Hijo, ¿puedes ayudar a cargar la comida?

– ¿Por qué, no lo puedes hacer tú misma?

El hombre se da la vuelta y se marcha. Olga Grigoryevna está tremendamente avergonzada. Y nosotros nos avergonzamos por él. Una pequeña mujer enferma que apenas puede moverse por el jardín…

Dos nietos, un niño y una niña, juguetean en el jardín de Valentina Nikolayevna. Viven con su abuela y su bisabuela en la calle Polevaya, que vio la lucha más feroz en Debaltsevo. Su casa no ha sufrido en exceso, aunque el baño está completamente destruido. Aún les cubre un tejado.

–Mamá y yo éramos las únicas en esta calle durante el bombardeo. Vivimos todos los bombardeos.

Valentina Nikolayevna sonríe. Sonríe todo el tiempo.

–Mi madre estaba enferma en la cama. Me sentaba en el pasillo con una almohada en la cabeza.

Malysh, un perro pequeño, corre a nuestro alrededor. Corre y ladra, corre y ladra. Los niños corren por el patio mirándonos con interés.

–Quédese un poco más. ¡Le daremos algo de comer!

–Gracias, pero tenemos que seguir.

–Lo entiendo. Ya ve como están las cosas por aquí. Pero está bien, hemos arreglado el tejado.

Tras quince minutos de conversación, resulta que tiene un melanoma. Cáncer de piel. Ya ha recibido dos ciclos de quimioterapia. Necesitaba uno más, pero no tenía dinero.

–Teníamos que arreglar el tejado. Era necesario para sobrevivir al invierno después de todo lo que ha pasado.

Y aun así nos invita a comer. No quiere que nos vayamos con las manos vacías. Nos da una botella con agua del pozo.

El tejado o el tercer ciclo de quimioterapia.

Y así seguimos todo el día hasta que repartimos toda la ayuda. Casa a casa, de una vida destrozada a otra. Pero Debaltsevo sigue siendo verde. La ciudad tiene 137 años, que son muchos. Y ahora es mundialmente conocida.

Lo que queda de la ciudad.

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Comentarios

Un comentario en “La vida continúa en Debaltsevo

  1. Ahora entiendo por que la literatura rusa es tan excepcional… escribir bien os sale de manera natural del fondo del alma… me has emocionado, sin ocultar que en medio del drama hay gente deplorable

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    Publicado por Anton | 23/10/2015, 07:17

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