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Alto el fuego, Derechos Humanos, Elecciones, Kiev, Minsk, Pensiones, Plotnitsky, Propaganda, Rusia, Sanciones, Ucrania, Yatseniuk

En palabras de Yatseniuk

En una entrevista concedida esos días al diario italiano La Reppublica, el primer ministro Arseny Yatseniuk calificaba la situación actual que vive su país como la consecuencia de la elección que Ucrania hiciera hace ahora un año, eligiendo, “contra la voluntad de Vladimir Putin” el camino europeo. Todo lo ocurrido después es, según el primer ministro, una venganza del presidente ruso, incapaz de aceptar la elección independiente del pueblo ucraniano. “Él, para castigarnos, desató la ofensiva en el este del país”. Yatseniuk afirma que Ucrania ha perdido en esta guerra a 1800 soldados y tres mil millones de dólares (cantidad que, casualidad o no, coincide con el préstamo de Moscú al Gobierno de Yanukovich que el nuevo Gobierno ucraniano trata, sin éxito, de reestructurar) pero admite que “la agresión rusa en el Donbass es, ante todo, un desastre humanitario”. Puede que este último sea el único aspecto en el que coincidan todas las partes.

En un discurso belicista y alejado de la realidad, el primer ministro ucraniano insiste en esa idea con la que ha querido justificar la construcción de un muro de cientos de kilómetros en la frontera entre Rusia y Ucrania y, sobre todo, el aumento del gasto militar en un momento en que es la población más desfavorecida la que sufre los recortes y la austeridad: Ucrania es la frontera occidental, la primera defensa de un mundo, el libre, amenazado por un hombre que no atiende a razón, Vladimir Putin. “Ucrania es sólo el primer campo de batalla de la guerra de Moscú contra Occidente. Estamos todos en peligro, porque Rusia quiere desestabilizar el planeta, y lo hace a pesar de ser uno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuya tarea debe ser la de hacer cumplir el orden mundial”.

Convencido de que la diferencia entre los líderes occidentales y Putin es que el presidente ruso es incapaz de aceptar las normas que otros sí acatan, Yatseniuk pide sanciones más severas contra Rusia para obligar al presidente ruso a cumplir los acuerdos de Minsk. En su simplista visión de los hechos, es a Putin a quien culpa también de todas los incidentes militares que a diario se siguen produciendo en Donbass. Rusia continúa suministrando financiación, armamento y munición a los rebeldes. Yatseniuk se queda en las generalizaciones en lugar de nombrar los casos concretos y puede así evitar preguntas sobre, por ejemplo, por qué la OSCE informa habitualmente de que las fuerzas ucranianas continúan disparando contra Shirokino, junto al mar de Azov y a escasos kilómetros de Mariupol. El escaso interés que despierta en la prensa occidental todo aquello que no pueda simplificarse a una guerra de poder entre Putin, ni siquiera Rusia, y Ucrania lo hace todo más sencillo para un primer ministro cuyo único discurso pasa por culpar de todos los hechos al presidente ruso.

Los reproches a Putin van más allá de sugerir una posible nueva ofensiva rusa o rebelde, que en el discurso del primer ministro parecen ser lo mismo, sino que Yatseniuk afirma que, según datos de inteligencia, Rusia llegó a valorar la posibilidad de “una amplia acción militar en Ucrania, incluyendo aviación”. Desde su punto de vista, Putin únicamente comprende el lenguaje “grosero”, la violencia.

Ante un entrevistador que no duda de las respuestas del primer ministro ucraniano, Yatseniuk se permite ciertos excesos más allá de su habitual retórica contra Rusia y contra Putin. Yatseniuk acusa a Moscú de mentir en lo que respecta al tema de las pensiones. “Ahora, a pesar de que la propaganda de Moscú afirma lo contrario, nosotros pagamos las pensiones en las ciudades, a pesar de no recibir un céntimo de impuestos. Este invierno, para calentar el territorio en manos de los separatistas, hemos desembolsado mil millones de dólares en gas”. La realidad choca con las buenas intenciones que quiere transmitir Yatseniuk. Rusia suministra directamente el gas a la zona de Donbass después de que Ucrania interrumpiera el suministro. Desde entonces insiste en que es Rusia quien debe cubrir el coste de ese gas.

La situación de las pensiones es mucho más grave. Desde que, en noviembre, Ucrania anunciara el completo bloqueo económico a la zona, los residentes de Donbass han de atravesar la línea del frente para poder cobrar sus pensiones, lo que implica conseguir permisos únicamente disponibles en zonas ucranianas y un viaje que pocos pueden permitirse. Aunque el bloqueo económico comenzó oficialmente en diciembre, Ucrania había interrumpido el pago de pensiones en las zonas controladas por los rebeldes meses antes.

En el actual clima de nacionalismo extremo que vive Ucrania, culpar a Rusia es la norma. Pero en realidad, son los propios tribunales ucranianos los que han exigido al Gobierno, no en una sino en dos ocasiones, que cumpla con sus obligaciones sociales con esos ciudadanos, que pese a residir en zonas fuera del control gubernamental, siguen siendo ucranianos. En ambos casos, el Gobierno criticó duramente las sentencias y anunció apelación.

Desde Donetsk y Lugansk, los representantes de las Repúblicas Populares se han apresurado a desmentir las palabras de Yatseniuk. Zakharchenko y Plotnitsky siguen exigiendo que Ucrania cumpla con los pagos sociales a los que le obligan los tribunales y a lo que se comprometió al firmar el acuerdo de 12 de febrero. Desde entonces, Ucrania ha endurecido el bloqueo de transporte, no ha levantado el bloqueo bancario y tampoco ha reanudado los pagos sociales. Contra las palabras del primer ministro, Donetsk y Lugansk recuerdan que las pensiones y subsidios que los pensionistas han recibido este mes procedían de las propias Repúblicas Populares, no de Ucrania, que hasta ahora siempre ha rechazado reanudar los pagos alegando lo imposible de entregar esos fondos a “los terroristas”.

Frente al proceso político que debía comenzar tras la firma del acuerdo y paralelamente a la retirada de armamento pesado, el discurso de Yatseniuk deja claro que las prioridades de Ucrania no han cambiado. No hay en la retórica del primer ministro ningún intento de acercamiento a una población, la de Donbass, a la que la guerra ha sometido a todo tipo de sufrimiento, incluyendo los meses de bombardeos o el bloqueo económico que Ucrania se niega a levantar.

“Para normalizar la situación, como primer paso Rusia debe retirar sus fuerzas y nosotros debemos ser capaces de controlar esa parte de la frontera. Pero esto todavía no es posible porque Putin no lo quiere. Pasará todavía un tiempo antes de reintegrar a Donetsk y Lugansk a Ucrania. Mucho más tiempo de lo que se prevé en Minsk”. Yatseniuk parece no comprender que el acuerdo de Minsk solo devolvería las fronteras a Ucrania una vez celebradas unas elecciones locales para las que el Gobierno ucraniano trata ahora de imponer condiciones de forma unilateral.

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