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Crimea, Historia, Rusia

La historia se repite: Crimea

crimea
Artículo original de Gaither Stewart
Primera parte: La historia se repite: Novorrusia.
Traducción de Nahia Sanzo

En el viaje en el tiempo a hace más de 150 años, llegamos a la guerra de Crimea, esa Crimea recientemente anexionada por Rusia, y a la guerra que Rusia luchó contra la intervención de la primera coalición seria de potencias occidentales aliadas con el Imperio Otomano para atacar a Rusia. No hay que creer las acusaciones baratas que acusan a Rusia de ser culpable en la crisis ucraniana. La intervención occidental contra Rusia no es nueva, es una tradición que ha continuado hasta hoy en día.

Los rusos poblaron el territorio del sudeste de Ucrania, entre el estado ucraniano y Crimea, en el siglo XIX, poco después de la Guerra de Crimea (1853-1855), que algunos historiadores rusos definen como la verdadera Primera Guerra Mundial. Esos rusos del siglo XIX se referían a su territorio como Novorrusia, la Nueva Rusia.

Los descendientes de esos primeros colonos de Novorrusia en lo que hoy es el sudeste de Ucrania han declarado su independencia de la Ucrania de Occidente y de su capital, Kiev, y han establecido la República Popular de Donetsk. El pasado mayo se unió con la República Popular de Lugansk para crear una nueva Novorrusia, como una unión confederada de Repúblicas Populares. Las tierras de Novorrusia son ricas en recursos naturales, tienen industria ligera y pesada, minerales y agricultura, así como frontera con Rusia y otras tierras tradicionalmente rusas.

¿Quién tiene hoy en día conocimiento de la casi olvidada Guerra de Crimea? En realidad, es habitual que esa guerra se confunda con una segunda intervención aliada en Rusia contra el recién llegado régimen comunista, un recuerdo que aún escuece en Washington, especialmente porque algunos círculos siguen viendo a Rusia igual que a esos comunistas que quedan fuera del Nuevo Orden Mundial. Tras la Revolución Rusa de 1917, cuando el nuevo régimen luchaba por su supervivencia, estalló la Guerra Civil, en la que los reaccionarios y privilegiados Blancos en su mayoría apoyaron al antiguo régimen zarista frente a los Rojos, liderados por los Bolcheviques. La ya de por sí complicada situación de las fuerzas revolucionarias se complicó seriamente con la segunda intervención aliada en Rusia en menos de un siglo.

Así que es necesario decir unas palabras sobre la Guerra de Crimea, que comenzó como otra seria de esas guerras que en el siglo XIX libraron el Imperio Otomano, ya desmoronándose, y la Rusia que se expandía buscando tanto una salida al Mar Negro como al Mediterráneo. La parte clave de aquella guerra comenzó en septiembre de 1954, cuando una coalición de tropas de Gran Bretaña, Francia, el Imperio Otomano y más delante del pequeño Reino de Cerdeña, base de la futura Italia, desembarcaron en la Crimea rusa, en la costa norte del Mar Negro.

Como su nombre indica, gran parte de la guerra se libró en Crimea. Los aliados sitiaron durante un año a las tropas rusas en la fortaleza de Sebastopol. Además de Sebastopol, la flota franco-inglesa atacó áreas  en el Mar de Azov y en el Cáucaso. En una parte olvidada de una guerra olvidada, la flota aliada, obsesionada por destruir la fuerza naval rusa, navegó hacia el Báltico para atacar el bastión de la Rusia Bolchevique, el puerto de Kronstadt, en las cercanías de San Petersburgo, y destruir la flota ahí estacionada. Tres barcos de guerra británicos abandonaron el Báltico para partir al Mar Blanco y extender así la destrucción. Hubo también escaramuzas navales en partes del Lejano Oriente, donde la flota franco-británica sitió a las fuerzas rusas e intentó una invasión terrestre de la península de Kamchatka.

La batalla de Balaclava, celebrada por el gran poeta inglés Alfred Lord Tennyson en su poema Carga de la brigada ligera y que muchos niños ingleses aún aprenden de memoria en el colegio, fue la principal batalla de la guerra de Crimea. El poema de Tennyson, publicado en diciembre de 1954, exalta la valentía de la brigada:

¿Cómo podría palidecer su gloria?

¡Oh, la salvaje carga que hicieron!

Al mismo tiempo, lamenta la futilidad de la carga y de la guerra en general.

Sin que los soldados lo supiesen, alguien se había equivocado

Finalmente, el 11 de septiembre de 1855, los rusos hicieron explotar sus fuertes, hundieron sus barcos y evacuaron Sebastopol, derrotados por los ejércitos occidentales. Habían ganado la batalla de Balaclava, pero habían perdido la guerra.

El historiador británico A.J.P. Taylor afirma, en relación a las causas de la Guerra de Crimea, que van más allá de bloquear la necesidad histórica de Rusia de una salida al Mar Negro por la vía de controlar el estrecho de los Dardanelos cerca de Estambul:

“La guerra de Crimea estaba premeditada y tiene unas causas complejas. Ni Nicolás de Rusia, ni Napoleón III de Francia ni el Gobierno británico podían retirarse del conflicto una vez que este había estallado. Nicolás necesitaba una Turquía subordinada para garantizar la seguridad de Rusia; Napoleón III necesitaba un éxito para garantizar su posición de poder en Francia; el Gobierno británico necesitaba una Turquía independiente para garantizar la seguridad del Mediterráneo Oriental… El miedo mutuo, no la agresión mutua, causaron la guerra de Crimea”.

A ojos de algunos historiadores, la clave es que los aliados lucharon en Crimea, no a favor del Imperio Otomano, “el enfermo de Europa”, sino contra Rusia. Gran Bretaña y Francia temían que Rusia pudiera modernizar sus fuerzas y amenazar la supremacía naval británica, por lo que trataba de dar una lección a la Rusia zarista. La guerra pudo haber acabado mucho antes, pero el entusiasmo por la guerra, promovido por la prensa en Francia y Gran Bretaña, había estallado, con lo que los políticos temieron proponer el final del conflicto.

Con el tiempo, la opinión pública británica pasó a mostrarse contra la guerra y Francia, que había sufrido fuertes bajas, quería la paz. La firma del tratado de París supuso el final de la guerra, pero no de la hostilidad occidental hacia Rusia. El Mar Negro fue desmilitarizado, lo que debilitó a Rusia, que dejaba así de ser una amenaza para Gran Bretaña. Rusia recuperó Sebastopol y otras ciudades ocupadas, aunque tuvo que abandonar algunos principados del Danubio y sus aspiraciones de unirse con sus hermanos eslavos de Bulgaria y Serbia, que habrían de permanecer bajo el yugo otomano.

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