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Crimea, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Járkov, Jerson, LPR, Rusia, Ucrania, Zaporozhie

Las negociaciones que no fueron

El 29 de marzo, en presencia de una amplia representación de las delegaciones negociadoras de Rusia y Ucrania, se celebró en Estambul la más importante de las reuniones con las que se buscaba una solución diplomática a una guerra que apenas había superado un mes desde la intervención militar rusa. A las dos reuniones celebradas en Bielorrusia y encuentros realizados por vía telemática, se sumaba así una reunión en la que los discursos del ministro de Asuntos Exteriores y el jefe de Estado del país anfitrión, Turquía, elevaban el perfil a una cumbre internacional con altas expectativas. En días anteriores, varios medios habían apuntado a la posibilidad de lograr, cuando menos, una tregua.

Rusia, que había dado orden de comenzar las negociaciones con Ucrania apenas unas semanas después de violar por tierra, mar y aire las fronteras de Ucrania, negociaba entonces en posición de fuerza. Aunque se había estancado ya en la región de Kiev, donde la guerra había entrado en las trincheras, causando enorme destrucción y elevadas bajas entre la población civil y los dos ejércitos, Rusia mostraba su superioridad material habiéndose aproximado, en apenas unos días, a la capital ucraniana y avanzaba con cierta rapidez hacia Jerson y hacia Berdiansk, noroeste y noreste de Crimea respectivamente. Aún más rápido era el avance en Lugansk, donde la RPL afirmaba haber liberado, sin disparar un solo tiro, localidades como Stanitsa Luganskaya o Schastie, por las que tanto se había luchado desde 2014 y en las que Ucrania había mantenido un férreo control y una importante presencia militar.

El momento clave de la cumbre no fue el discurso de Recep Tayyip Erdoğan o de su ministro de Asuntos Exteriores, pero tampoco la reunión privada de los líderes de las dos delegaciones, Vladimir Medinsky y David Arajamia, un ruso nacido en Ucrania y un ucraniano nacido en Rusia respectivamente. El momento culminante de la reunión, en realidad de todo el proceso de negociación que se había iniciado semanas antes, se produjo a través de los medios, una vez concluida la reunión. Con aparente distensión, Medinsky y Arajamia habían tratado los temas principales ya marcados por una agenda heredada del trabajo conjunto y por separado de las dos delegaciones. Esos temas podían dividirse en tres grandes bloques: las garantías de seguridad para Ucrania y la cuestión de la OTAN, la cuestión territorial y las perspectivas de la firma de un tratado que cerrara el conflicto político y militar entre los dos países.

Tras la cumbre, Vladimir Medinsky comparecía ante los medios para anunciar lo que consideraba un principio de acuerdo, un borrador de documento que las delegaciones presentarían a su respectivo presidente, Vladimir Putin y Volodymyr Zelensky, para lograr un tratado y una reunión entre los dos jefes de Estado para su ratificación. El líder negociador ruso admitía los sacrificios que implicaba el acuerdo que creía haber logrado y, a cambio, Rusia ofrecía un gesto de buena voluntad, “dos pasos hacia Kiev”: para permitir la toma de decisiones en la capital ucraniana, Rusia anunciaba la reducción drástica de su actividad militar en el norte del país. En realidad, era el primer paso para anunciar la retirada de toda esa zona del país, que se produjo de forma rápida y organizada apenas unos días después. Entonces comenzarían a aparecer las muertes de Bucha, que en semanas posteriores serían probadas incluso por la prensa occidental como fundamentalmente muertes a causa de la artillería, pero que fueron presentadas como ejecuciones sumarias rusas, y con ello la ruptura de unas negociaciones que habían quedado seriamente dañadas en la cumbre que debía lograr un alto el fuego.

Esa breve ventana de oportunidad para lograr un acuerdo quedaba cerrada y desde entonces, las negociaciones entre las partes se han limitado a las cuestiones económicas y puramente militares. A pesar de la tensión evidente que supone la guerra para las relaciones entre los dos países, en este tiempo se ha logrado, con la mediación de Ankara, el acuerdo para la exportación de grano y varios grandes intercambios de prisioneros. El último de ellos supuso la puesta en libertad de una decena de mercenarios extranjeros capturados en Donbass y el traslado de los altos mandos del regimiento Azov y las unidades ucranianas que luchaban en Mariupol a Turquía.

En las últimas semanas, varios medios han vuelto a esas primeras semanas de la guerra, cuando aún no se había producido gran parte de la destrucción y de la muerte causada desde entonces, en las que entienden que existió una oportunidad real de lograr, no solo un alto el fuego, sino el final del conflicto. Así lo dio a entender en un artículo publicado por Foreign Affairs Fiona Hill, considerada una gran experta en Rusia y con conexiones en la administración estadounidense. Según esta versión, fue la presión occidental la que impidió un acuerdo, algo de lo que se jactó abiertamente Boris Johnson, que viajó a Kiev apenas unos días después de la cumbre de Estambul para advertir al presidente ucraniano de que Occidente no aceptaría el acuerdo aunque Kiev lo hiciera. Esas palabras fueron recogidas también por Vladimir Putin en uno de sus discursos para justificar la movilización parcial de reservistas para una guerra en la que Rusia busca, ahora mismo con enormes dificultades y grandes pérdidas territoriales, mantener las áreas de Ucrania que ha capturado en estos meses.

Sin embargo, los acontecimientos inmediatamente posteriores a la cumbre de Estambul contradicen esa versión. Sin duda, Occidente, fundamentalmente Estados Unidos y el Reino Unido, era contrario a varios de los términos del principio de acuerdo. Tal y como afirmaron entonces varios medios y se ha confirmado esta semana con la publicación de la propuesta ucraniana para el acuerdo, Ucrania se mostraba dispuesta a renunciar al acceso en la OTAN a cambio de unas garantías de seguridad ratificadas por los parlamentos de los diferentes países garantes del acuerdo. En esos días, la administración estadounidense había filtrado ya a través de la CNN su negativa a aceptar las condiciones que implicaban las exigencias de Ucrania. En el plano militar, Rusia y Ucrania negociaban unas garantías que debían ofrecer terceros países sin contar con su presencia o su aprobación. Y a pesar de todo, la cuestión militar era el aspecto más sencillo a la hora de lograr un acuerdo: Ucrania se encontraba contra las cuerdas, la OTAN ya había advertido de que no intervendría militarmente ni aceptaría al país en la Alianza y Kiev lograba con la aceptación rusa de su propuesta de garantías de seguridad una protección equivalente a la del Artículo V.

Minutos después de que Medinsky anunciara la posibilidad de un acuerdo, y mucho antes de la intervención de Boris Johnson el 9 de abril, Ucrania comenzaba a reescribir los términos del futuro tratado. Donde el negociador ruso había visto la aceptación ucraniana de la pérdida de Crimea y Donbass, Mijailo Podoliak presentaba una negociación por Crimea y aún más ambigüedad sobre los términos en que debía quedar en el tratado la cuestión de Donbass. Sin necesitar más que una publicación en las redes sociales, Podoliak conseguía desacreditar tanto al negociador ruso como la negociación en sí: con sus palabras, y aprovechándose las de Medinsky, el asesor de la Oficina del Presidente de Ucrania daba a entender que Rusia había aceptado la propuesta ucraniana. Ucrania volvía a actuar como lo había hecho con los acuerdos de Minsk, que trató de reescribir a su voluntad y en su beneficio durante los siete años de proceso de paz. En esta ocasión, Kiev no había esperado siquiera a la firma del tratado.

La propuesta ucraniana, cuyos términos se conocieron entonces, pero que no se ha publicado íntegramente hasta ahora, muestra el motivo real de la ruptura de las negociaciones, que no se debe a la presión occidental ni a la actuación rusa en la guerra tal y como presentó entonces Zelensky, sino a la cuestión territorial. El segundo punto de la propuesta ucraniana aceptaba que las garantías de seguridad para Ucrania no se extendieran a Crimea (incluida la ciudad de Sebastopol) o “ciertas zonas de Donbass”. Donde Rusia creía ver la renuncia de Ucrania a todo Donbass, Ucrania planteaba unas “ciertas zonas” a negociar más adelante. Esa era la única mención a Donbass de los diez puntos de la propuesta ucraniana.

En un burdo intento de mantener abierta la puerta a recuperar Donbass por la vía militar, en el octavo punto, Ucrania planteaba que ambos países renunciaran a resolver las situación de Crimea y Sebastopol, que las partes deberían negociar durante quince años, por la vía militar. La ausencia de una referencia a Donbass en ese punto es solo un golpe más a la afirmación de Medinsky de que Ucrania aceptaba la pérdida de Donbass y Crimea a cambio de las garantías de seguridad. De forma aún menos ambigua que en el proceso de Minsk, Ucrania trataba de reescribir el acuerdo en su propio beneficio y públicamente daba por hecha la acepción rusa de una propuesta que Moscú solo podría aceptar en caso de encontrarse militarmente derrotada. La propuesta ucraniana no solo no implicaba la aceptación de la pérdida de los territorios de la RPD y la RPL, algo que Ucrania tampoco podría permitirse sin encontrarse militarmente derrotada, sino que decía haber vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de una región que, para Rusia, era parte de la Federación Rusa desde 2014.

El intento de reescritura del principio de acuerdo y el descrédito que supuso para el equipo negociador ruso, que al igual que ocurriera en Minsk buscó un compromiso que no era posible, el que minó las negociaciones mucho antes de la intervención de Boris Johnson. Incluso en condiciones de graves dificultades militares, con cientos de miles de refugiados que huían diariamente del país, una economía colapsada y un enemigo que le ofrecía un compromiso para poner fin al conflicto perdiendo únicamente las zonas que ya había perdido en 2014, Kiev eligió la guerra.

En los seis meses transcurridos desde la ruptura de las negociaciones, Rusia logró el control de toda la región de Jerson y de la RPL, llegó hasta el Dniéper en Zaporozhie y se estancó gravemente en la RPD. Pero incluso en los momentos de mayor debilidad ucraniana, no trató de ir más allá, ni hacia Jerson, ni hacia Zaporozhie y Krivoi Rog. Esos avances habrían sido imposibles en las últimas semanas, frente a una Ucrania mucho mejor armada y organizada y con una táctica que ahora mismo supera ampliamente a la del mando ruso, pero no hace unos meses. Con el principio de acuerdo que Medinsky creyó haber logrado, Rusia aceptaba retirarse de todos los territorios ucranianos más allá de Donbass, esos que ha tardado seis meses en anexionarse. En lugar de avanzar y tratar de asestar un golpe definitivo a las Fuerzas Armadas de Ucrania, Rusia prefirió esperar en busca de un compromiso para congelar el conflicto.

La seguridad de que no podía haber acuerdo en la cuestión territorial, inviable sin una de las partes militarmente derrotada, y la certeza de disponer de apoyo y asistencia occidental continua animó a Ucrania a continuar con la opción militar. Es ahí donde la actuación occidental activamente animó la continuación de la guerra. Seis meses después, con una Rusia que no supo construir una defensa lo suficientemente fuerte y con una Ucrania mucho más fuerte, la estrategia ucraniana de guerra hasta el final da sus resultados. Además de más muerte y más destrucción, estas semanas están viendo importantes avances territoriales ucranianos ante una serie de retiradas militares de Rusia que, tras haber promulgado oficialmente esos territorios como rusos, en el futuro promete luchar por recuperarlos. El ciclo de la guerra ha cambiado, pero no la certeza de que el conflicto político y militar continuará.

Comentarios

Un comentario en “Las negociaciones que no fueron

  1. Buen análisis, si Rusia no pone, literalmente, más carne en el asador se verá , ya lo está, en dificultades. Pretender ganar una guerra empleándose a medias es imposible, los contarios no tiene ninguna contención y van a por todas. ¿ Cómo es posible que no se bombardee Kiev, los ferrocarriles, las centrales de energía, las acrreteras de entrada desde Europa, y que todavía se siga bombardeando Donestsk ?

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    Publicado por Luis | 08/10/2022, 19:35

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