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¿Avances en la negociación?

En paralelo a los acontecimientos que se producen en el frente militar, en el que Ucrania anuncia una contraofensiva que, según Mijailo Podoliak cambiará significativamente el panorama militar, el frente diplomático parece conseguir ciertos avances. Desde la semana pasada, diversas fuentes anónimas, confirmadas por negociadores de ambas partes -Podoliak por parte de Ucrania y Medinsky por parte de Rusia-, se habían mostrado a lo largo del fin de semana moderadamente optimistas con el curso que estaban tomando las negociaciones.

Frente a declaraciones triunfalistas o épicos discursos, numerosas fuentes apuntan a un acercamiento entre las partes en ciertos temas concretos. Mientras Volodymyr Zelensky era recibido con una ovación en su intervención por videoconferencia ante el Congreso de Estados Unidos en una intervención en la que apeló a Martin Luther King y utilizó el 11 de septiembre o el bombardeo de Pearl Harbor para exigir armas, Financial Times publicaba un borrador de acuerdo entre Rusia y Ucrania. Antes, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, se había mostrado moderadamente optimista ante la posibilidad de un acuerdo. Como él, también Volodymyr Zelensky se había referido en términos similares en días anteriores, calificando de “más realista” la postura rusa.

Estos avances -que hay que tomar con cautela, ya que en guerra las circunstancias pueden cambiar muy rápidamente y todo acuerdo puede torcerse a causa de cambios en el frente militar o intervenciones externas (ya sean militares o políticas)- probarían también lo afirmado la semana pasada por la prensa israelí, que tras las conversaciones de Naftalí Bennet con Moscú y Kiev afirmó que las negociaciones iban más allá de lo que las partes estaban dejando ver en público y daba a entender también que se estaban produciendo a espaldas de los socios occidentales de Ucrania. Frente a la necesidad de Ucrania de conseguir el final de la intervención militar rusa, un lastre más para la ya maltrecha economía ucraniana, que tendrá que reponerse tras la guerra no solo de las fallidas reformas neoliberales, sino también de la destrucción que supone el escenario militar, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN continúan prometiendo más dinero y más armas. Biden anunció ayer más de 800 millones de asistencia militar a Ucrania dentro de un paquete de 13.600 millones para el país, para garantizar que Kiev pueda seguir luchando contra Rusia. Frente a la necesidad de favorecer la diplomacia, sus socios occidentales animan a Ucrania a continuar la guerra.

Apenas horas después de la enésima declaración de Zelensky sobre la negativa de la OTAN a aceptar a Ucrania, que varios medios occidentales entendieron como renuncia en lugar de resentimiento, el Kremlin apuntaba ayer por la mañana a la posibilidad de una neutralidad ucraniana al estilo sueco o austriaco como fórmula de compromiso. Aunque negada por fuentes ucranianas poco después, algún tipo de neutralidad sí forma parte del borrador publicado por Financial Times, que cita fuentes de la negociación aunque sin precisar de cuál de ellas. Los puntos mencionados se corresponden con exigencias rusas, lo que sugiere también fuentes rusas, algo confirmado por Mijailo Podoliak, que afirmó que las exigencias de Ucrania se mantienen: alto el fuego y retirada de las tropas rusas.

El plan de paz, que el medio no publica en su totalidad y que está siendo discutido desde este lunes, contiene quince puntos entre los que destacan la renuncia de Ucrania a la entrada en la OTAN, que en tiempos de Poroshenko se incluyó en la Constitución, y también a la posibilidad de instalar bases militares extranjeras en su territorio a cambio de garantías de seguridad de aliados como Estados Unidos, el Reino Unido o Turquía.

Con ello, Rusia conseguiría una de sus principales exigencias, que Ucrania no se convierta, como estaba haciendo ya, en una herramienta militar contra Rusia, ya fuera mediante la entrada del país en la Alianza Atlántica o por la presencia de instalaciones militares de esos países a escasa distancia -en términos armamentísticos- de Moscú. Kiev cumpliría así una exigencia que Moscú había planteado en las negociaciones con Estados Unidos y que Rusia había tratado de conseguir por medio de lo que el sociólogo ucraniano Volodymyr Ischenko califica de “diplomacia coercitiva”, una amenaza militar que hasta ahora no se había utilizado y que hasta hace escasas semanas parecía solo una advertencia.

Dan credibilidad a esta posibilidad de aceptación ucraniana -al menos de forma temporal- de renuncia a la OTAN las palabras del martes de Anthony Blinken, que afirmó que esa renuncia no se trataría de una concesión a Moscú sino de una constatación de la realidad. Pese a las promesas, la OTAN siempre ha sido consciente de la línea roja que la entrada de Ucrania suponía para Moscú y nunca ha tenido prisa en aceptar al país como miembro. El hecho de que aceptar la principal exigencia rusa intente presentarse como algo ajeno a las exigencias de Moscú hace pensar que se busca restar relevancia a lo que en realidad es una concesión clara a las demandas rusas (cuando menos en este tema).

Sin embargo, la cuestión de la neutralidad es quizá el tema que más se presta a un acercamiento entre las partes. La negativa de la OTAN a enviar tropas, a aceptar a Ucrania en la Alianza (y también en la Unión Europea) o “cerrar el cielo” (eufemismo para la imposición, por parte de la OTAN, de una zona de exclusión aérea, que implicaría derribar los misiles rusos y bombardear su aviación, lo que causaría un enfrentamiento directo OTAN-Rusia que, de momento, ni Estados Unidos ni la OTAN están dispuestos a arriesgar) han dejado finalmente claro para Ucrania que es preciso buscar otra forma de garantizar su seguridad, al menos en un futuro a corto y medio plazo.

Las exigencias políticas con las que Rusia ha justificado su intervención, la seguridad de Donbass y Crimea, la discriminación a la población de habla rusa y la desnazificación, son temas en los que las partes tendrán mucho más difícil llegar a un compromiso. Teóricamente, las exigencias de Moscú de derogar las leyes que expulsan a la lengua rusa del espacio público solo requerirían que Zelensky cumpliera sus promesas electorales, pero la retórica nacionalista y la continuidad de esa línea ha sido la norma en su mandato, en el que no solo no ha derogado leyes discriminatorias, sino que las ha endurecido. Es difícil también imaginar al Gobierno de Zelensky, o a cualquier otro nacido de Maidan, desarmando a batallones de ideología fascista o neonazi, especialmente en estos momentos en que los grupos como Azov están siendo presentados por fuentes oficiales como parte integral del Estado.

Pero, ante todo, por el momento parece dudoso que Kiev vaya a ceder a la exigencia de Rusia de aceptar la pérdida de territorios. Tanto medios occidentales como ucranianos han publicado repetidamente en los últimos días que el Gobierno ucraniano cree haber elegido la estrategia militar correcta para responder a la intervención rusa, alargarla y aumentar así sus costes, en busca de una rebaja en las exigencias de Moscú en este sentido. Reafirmado en su postura por la promesa de más armas procedentes de Estados Unidos, Volodymyr Zelensky añadió a las exigencias planteadas por Podoliak la de la integridad territorial. Ucrania no solo exige la retirada rusa de todos los territorios capturados desde el 24 de febrero, que incluyen, por ejemplo, la región de Jerson al completo y partes importantes de Donbass, sino también de Crimea y las Repúblicas Populares. La simple aparición de Crimea en estas exigencias hace inviable un compromiso con Rusia.

El borrador de acuerdo al que ha tenido acceso Financial Times parece el inicio de un camino incierto en el que existen numerosas contradicciones que aún parecen insalvables. ¿Puede Ucrania confiar en las garantías de seguridad ofrecidas por sus socios? ¿Puede Rusia confiar en la neutralidad de Ucrania o la reducción de su ejército considerando las ingentes cantidades de armas y financiación que ha llegado ya o llegará en los próximos meses? ¿Puede Donbass confiar en que Ucrania no tratará de recuperar esos territorios por la fuerza considerando el precedente de estos últimos ocho años? Demasiados interrogantes en un proceso de negociación en su fase inicial, que contradice muchas de las declaraciones de los líderes y en el que no hay que descartar que el objetivo ucraniano sea alargar el proceso en busca de la reunión Zelensky-Putin que el presidente ucraniano lleva meses tratando de lograr.

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