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Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania

Una última hazaña

El verano de 2014 fue, sin duda, el momento más sangriento de la guerra de Donbass, con un número de bajas que nunca se ha determinado completamente entre la población civil, soldados y también periodistas que se jugaron la vida y la perdieron por mostrar el sufrimiento de Donbass. El primero y quizá el caso más conocido es el de Andrea Rocchelli, asesinado junto a su traductor Andrey Mironov en Slavyansk en un caso que fue juzgado en Italia. Aunque inicialmente condenado, el acusado fue absuelto en la apelación, por lo que Vitaly Markiv pudo ser repatriado y recibido como un héroe en Ucrania.

Pero quizá el caso más dramático, por las circunstancias en las que se produjo y por las mentiras de Ucrania, que durante días creó deliberadamente confusión sobre su paradero -¿estaba detenido, detenido y desaparecido o asesinado?-, fuera en de Andrey Stenin, un fotógrafo cuyo cuerpo fue encontrado por sus compañeros Dmitry Steshin y Alexander Kots. Imposible recocer el cadáver, los periodistas rusos pudieron en cambio reconocer el material fotográfico de Stenin, con el que habían trabajado en la primera fase de la guerra en Slavyansk. Fue así como el cuerpo pudo ser identificado por medio de pruebas de ADN. Siete años después, Alexander Kots recuerda el caso y lo que supuso.

Artículo Original: Alexander Kots / Komsomolskaya Pravda

El lugar de su muerte y la frontera con Rusia están a un tiro de piedra, pero hace siete años, aún estaba controlado por las tropas ucranianas y Andrey circulaba en la otra dirección. Camino a Snezhnoe, civiles trataban de huir de la zona de combate. Hace una hora todo estaba en calma, pero ahora… Pasas una colina y huele al humo de coches quemados, las balas empiezan a rebotar en los cuerpos, explotan las ventanas, alguien grita, el conductor gira a la derecha, entrando en el campo: “Esto es todo, es el fin”.

Encontramos el esqueleto de su Logan quemado dos semanas después. Dentro estaba todo lo que quedaba de Andrey Stenin y sus dos acompañantes, los oficiales militares Sergey Korenchenkov y Andrey Vyachalo. En el maletero del coche estaban las lentes quemadas. A quince metros se encontraba una Sestyorka con los restos del conductor. Detrás, manzanas asadas y patatas. No supimos lo que había pasado allí hasta un año después, cuando apareció una cruz con el nombre “Zolotus, Vladimir Stepanovich” en aquel lugar.

“Por la mañana, sobre las ocho, el perro ladró. Vimos que venía una mujer hacia nosotros. Iba como vendada con unas bolsas y un palo. Le caía sangre de la pierna, toda fragmentada”, nos contó una residente de la localidad de Peresip. Esa mujer era María Zolotus, la esposa de Vladimir Stepanovich, que murió en la Sestyorka.

“Tuvo tiempo de gritar: ¡Fuera! Y cayó en mi hombro. Salté del coche, pero seguían disparando, disparando”, nos contó María. “Una mujer gritó: “No disparen”. Y dispararon, dispararon, les interesaba. Dos mujeres fueron quemadas vivas en el coche detrás del nuestro. Un coche de nuestro pueblo iba por delante, también estaba ardiendo ya. Al lado de nuestro coche estaba el coche de vuestros chicos. Ya estaba ardiendo. Me arrastré a su lado por el arcén. Ya estaba perdiendo el conocimiento, toda mi pierna estaba cubierta de metralla. Pero gracias a Dios llegué hasta esta gente. Mi hermana me llamó, dijo que mis abuelas fueron a ver los coches quemados, recogieron los huesos y los enterraron en alguna parte en una fosa común”.

En total, junto al coche de los periodistas, los soldados ucranianos quemaron aquel día veinte vehículos civiles. Pero con todo lo amargo que pudiera parecer, es solo gracias a Andrey Stenin, que cumplió con su obligación profesional hasta el final, en todos los sentidos de la palabra, por lo que sabemos hoy lo que pasó aquel día. Los civiles asesinados habrían sido silenciosamente enterrados en una fosa, los esqueletos de los coches habrían sido destruidos como chatarra. Pero, al menos, la muerte del fotoperiodista fue motivo de una investigación durante la cual se encontró a los testigos supervivientes del monstruoso crimen. Creo que Andrey no querría que olvidáramos quién lo cometió. Ni que dejáramos que se olvide que son ellos quienes creen que los rusos no tienen sitio en Donbass.

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