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Carbón, Donbass, Economía, Energia, Ucrania

Condenados a la desaparición

Artículo Original: Andriy Manchuk

El Sindicato de la Industria Minera de Ucrania ha enviado una petición especial al presidente Volodymyr Zelensky y al primer ministro Denis Shmigal. Los mineros piden salvar a la región occidental de Donbass, donde se planea cerrar las minas “no rentables” o “no ecológicas”. Y eso llevará a una verdadera catástrofe social para la población local, que en gran parte depende del trabajo en las empresas mineras de carbón.

“Se ha desarrollado una situación crítica en el Donbass occidental: el cierre de las minas que son una fuente vital de actividad para ciudades como Pavlograd, Ternovka, Pershotravesnk y toda una serie de localidades con más de 250.000 habitantes se acerca. Los mineros de la parte occidental de la región de Donbass siempre han sido una de las bases del Estado ucraniano, han extraído 19-20 millones de toneladas de carbón al año, garantizando así la seguridad energética del país. El balance de las reservas en este territorio asciende a más de 1000 millones de toneladas. Sin embargo, hoy en día Ucrania ha perdido interés en el carbón, el prestigio del trabajo de la mina ha desaparecido y el nivel de salarios de las plantillas apenas les permite sobrevivir. Junto al cierre de minas, eso condena a miles de familias a la extinción”, advierte el documento.

El Donbass occidental, que comprende la parte del este de la región de Dnipropetrovsk, es una tierra de vasta estepa en la que los pueblos mineros están desperdigados, cálida en verano y llena de vientos en invierno. Todo esto puede calificarse correctamente de “legado sovok”. Porque la parte occidental de la cuenca del Don comenzó a desarrollarse en tiempos soviéticos, inmediatamente después de la guerra, a partir de los campos vacíos, donde aún eran visibles los cobertizos de invierno para el ganado de los tiempos cosacos.

Hace exactamente setenta años, en 1951, el Consejo de Ministros de la Unión Soviética adoptó la resolución de construcción de una mina experimental en Ternovka y unos años después comenzó a construirse allí la ciudad minera de Pershotravensk. La región se desarrolló rápidamente: se descubrieron alrededor de cuarenta capas de carbón de gran calidad en su territorio y se abrieron nuevas minas utilizando las tecnologías más avanzadas del momento. Por ejemplo, desde el inicio se intentó extraer la roca desarrollada sin utilizar pilas de desechos con peligro de incendio. Y la infraestructura social fue la envidia de los líderes obreros que llegaron a visitar Donbass por sus vínculos sindicales o de partido.

Pero hay otro detalle importante: la economía de Donbass aún no estaba completamente ligada a la extracción de carbón. Pavlograd, la principal ciudad de la cuenca, se convirtió en un centro de producción de alta tecnología. Allí se crearon empresas de construcción de máquina-herramienta, de construcción, plantas químicas, procesadoras, industria ligera y alimenticia. Y lo que es más importante, allí se producían también, cooperando de cerca con el centro de diseño de Dnepropetrovsk, los famosos misiles intercontinentales. Conseguir un trabajo en la planta de distribución era el sueño de cualquier joven especialista. Dnipropetrovsk era una de las regiones más desarrolladas de la Unión Soviética y marcaba el paso de la construcción de vivienda para que los ingenieros recibieran sus pisos de dos o tres habitaciones en el primer año de trabajo.

Todo acabó hace treinta años, a principios de los años noventa. La producción de misiles fue inmediatamente vetada bajo presión de Estados Unidos, lo que dejó a los residentes locales con una montaña de combustible tóxico. Después colapsaron las fábricas de máquina-herramienta, ligadas a las necesidades del complejo militar industrial soviético. Los buenos salarios de los mineros rápidamente empezaron a descender, igual que lo hicieron los beneficios sociales y la dirección comenzó a ahorrar en seguridad, algo que causó un aumento de accidentes laborales.

El estatus de los mineros dejó de ser admirado. Empezaban a ser vistos como perdedores o suicidas que habían enterrado su futuro en el subsuelo. Quienes fueran líderes del trabajo eran ahora la categoría más pobre de los trabajadores ucranianos porque las autoridades no pagaron los retrasos salariales durante años. Eso estimuló la actividad de huelgas. En los noventa y la primera década del siglo XXI, nos dirigimos regularmente a Pavlograd, Ternovka y Pershotravensk para cubrir las manifestaciones mineras. Era evidente que esas ciudades revivían cuando los mineros recibían sus salarios, ya que gran parte de sus habitantes dependía directa o indirectamente de la situación de la industria del carbón.

DTEK Pavlograd sigue siendo la empresa de carbón más grande de Ucrania: incluye diez minas y 57 instalaciones y la plantilla asciende a 27.000 personas. Todo ello está incluido en el sistema de la compañía DTEK y es parte del holding de energía System Capital Management, que suministraba el carbón extraído para las necesidades de las plantas de energía y el coque para plantas químicas.

Entonces llegó la crisis de 2020. En el contexto de una caída de la producción y un invierno templado se produjo un excedente en el mercado de la energía, que se incrementó con el aumento de la producción de energía de viento y solar con las subvenciones de tarifas “verdes”. El consumo de carbón se ha reducido, algunas minas han cerrado temporalmente y los gestores de los oligarcas más ricos han decidido deshacerse de las partes menos lucrativas de los activos del Estado privatizados. Dobpropolyeugol ha vuelto a estar bajo control del Estado y el destino de Pavlogradugol está en el aire, con los oficiales neoliberales discutiendo seriamente la posibilidad de liquidar parcial o completamente las empresas menos lucrativas.

Los mineros siguen en silencio y por ahora se limitan a educadas peticiones que deberían llevar al primer ministro y al presidente a actuar razonablemente. Pero hay demasiado en juego, ya que incluso la eliminación parcial de las minas causará una fuerte crisis que sentirá toda la población de Donbass occidental. No hay otros empleos allí. Es más, el número de empleos en el país decae rápidamente a pesar de las promesas electorales de los “servidores del pueblo”.

“Ocho desempleados por cada persona empleada. En la región de Donetsk, el número de ofertas ha descendido un 45%. ¿Dónde está el millón de empleos que prometió el Gobierno? En solo un año, el número de trabajadores se ha reducido en 161.800 hasta los 9,95 millones”, afirmó el líder del Sindicato Independiente de Mineros de Ucrania, Mijail Volynets. Los datos muestran las consecuencias de la desindustrialización final de la región minera. En la Ucrania post-Maidan no hay partidos de izquierdas que puedan defender los derechos de la clase obrera. En este contexto, todo depende de los sindicatos y los activistas al pie del cañón literalmente exigen a sus líderes que luchen, exigiéndoles que detengan la destrucción de la industria del carbón.

“Se le puede hablar a la gente de diferentes maneras, pero alguien tiene que organizarles. Según tengo entendido, esa función es la de los sindicatos, creados para proteger los intereses de los trabajadores. En vez de derrochar completamente su confianza, deben olvidarse del sentido de autopreservación y luchar. Forzar a las autoridades a aprobar leyes que protejan la industria minera, aunque solo sea por proteger miles de empleos y garantizar la vida de las localidades construidas alrededor de una única industria, como es el caso en Pavlograd. Es hora de dejar de inventar excusas, de crear la ilusión de se está haciendo algo y ofrecer determinación, huelgas y marchas en Kiev. Personalmente, me da igual lo que Occidente quiere en términos ecológicos y de energía verde mientras no haya una alternativa decente para los mineros y sus familias. Es hora de ser patriotas y tomar decisiones según los intereses del país y no de ver, sin hacer nada, cómo se hunde en un agujero”, escribió el economista de Dnepropetrovsk Igor Grebeniuk.

Para salvar a los mineros, son necesarias medidas activas que puedan detener las políticas antisociales de las autoridades. El futuro de la clase trabajadora de Ucrania depende ahora solo de su solidaridad y capacidad de organizar protestas.

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