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Alto el fuego, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Rusia, Ucrania

Un movimiento político, no militar

Artículo Original: Denis Grigoriuk

La decisión de poner a las unidades de la RPD y la RPL en alerta de combate está justificada, pero no parece ser lo más conveniente. Al menos en el contexto de la pandemia. Además, las declaraciones oficiales en las que se ha indicado los motivos formales dieron la impresión de que no era en el terreno militar en el que se quiere sacar músculo frente al enemigo. Y si la RPD tiene motivos suficientes para justificar poner a las tropas en alerta de combate, los motivos de la RPL parecen menos justificados.

Concretamente, si recordamos que en enero el corresponsal Maxim Fadeev informó de la ofensiva de pequeños pasos que el Ejército Ucraniano estaba realizando cerca de Golobovsky y Berezovksy, esos incidentes no recibieron cobertura mediática y fueron ignorados. En aquel momento, Leonid Pasechnik habría tenido motivos razonables para comenzar a expulsar al Ejército Ucraniano de la línea de demarcación. Sin embargo, entonces fue ignorado porque así lo exigía la agenda política.

Hacía solo un mes que se había celebrado la cumbre de los líderes del Cuarteto de Normandía, a finales de diciembre se había realizado un intercambio de prisioneros y se esperaba que en marzo-abril los jefes de Estado y de Gobierno volvieran a reunirse para decidir el destino de Donbass. No había tiempo para hablar de los sucios métodos de guerra utilizados por Ucrania. Sin embargo, la cumbre no se ha llegado a producir, ya que el coronavirus lo ha impedido. Y la guerra sigue. Sigue y seguirá.

¿Pero por qué escalar el conflicto cuando las fronteras están cerradas? No tiene sentido, ya que una nueva ronda de hostilidades llevaría inevitablemente a un aumento de heridos y la población trataría de abandonar la zona de guerra e incluso la República, algo que ahora mismo no se puede. No todos los residentes de la RPD y la RPL tienen aún pasaportes rusos para viajar al extranjero. Es la única forma de cruzar la frontera. Es verdad que, en caso de escalada, es probable que Rusia abriera las fronteras para recibir refugiados.

Aun así, la reanudación de las hostilidades no parece lógica en el contexto de una pandemia. Los sanitarios están ocupados con los pacientes de coronavirus y la situación epidemiológica, tratando de impedir que la epidemia se extienda, y se verían superados si hubiera otra ola de heridos. Por no hablar de los problemas económicos que experimentan, no solo las Repúblicas, sino también Rusia, a lo que habría que añadir el coste militar. No es necesario explicar que la guerra requiere una gran cantidad de recursos.

Así que la conclusión es que no habrá una fase activa como la de 2014-2015 o incluso como en 2017. Los ataques comunes seguirán ahí, pero no habrá otro matadero con un frente que cambia constantemente.

En el último artículo mencioné de paso la reunión de los representantes de Merkel con Dmitry Kozak en Berlín. Aunque algunas fuentes, citando contactos en las estructuras gubernamentales, afirman que los dos países han encontrado un lenguaje común para modificar el formato de Minsk, parece que Moscú no está de acuerdo con la expansión del Grupo de Contacto [a la exigencia de Kiev de que Moscú aumente el perfil de su representación, Moscú respondió que ya estaba suficientemente representado-Ed]. Esto se explica por lo burda que es la maniobra de Kiev y no merece la pena reaccionar a la provocación, pero, aun así, Rusia ha demostrado que la manipulación puede salir cara. Al fin y al cabo, ha quedado claro para muchos que Kiev está intentando deliberadamente cambiar el foco de la siguiente manera: la RPD y la RPL hablan con los desplazados internos y Ucrania negocia con Rusia, aunque no sea oficialmente parte del conflicto.

Personalmente, tengo la sensación de que las duras declaraciones de los líderes de las Repúblicas sobre la alerta de combate se deben al hecho de que Moscú está subiendo la apuesta. Se trata de un paso político, no de un paso militar. Repito que las armas pesadas siguen retumbando en Donbass y en la zona del puente de Putilovsky los residentes locales afirman que las bombas literalmente zumban junto a sus hogares, pero este tipo de empeoramientos se producen de forma regular y hasta ahora nunca han supuesto la alerta de combate.

Ni las Repúblicas ni Ucrania se beneficiarían de la reanudación de la guerra en este punto. Una cosa es hacer ruido y dispersarse, pero la batalla completa es otra cosa. Kiev necesita seriamente apoyo económico, para lo que ha recurrido a vender su último activo: la tierra. La guerra acabaría con el presupuesto ucraniano. Además, acabaría también con la imagen de Zelensky del excómico que quería acabar con la guerra. Incluso durante su rueda de prensa, el presidente de Ucrania intentó hacer recaer la responsabilidad de la situación sobre la RPD y la RPL, aunque todas las víctimas entre la población civil están en nuestro lado, según han confirmado los observadores internacionales.

Zelensky intenta sabotear los acuerdos de Minsk con sus iniciativas políticas, pero tampoco está dispuesto a tomar las armas y pasar a la ofensiva contra la RPD y la RPL, ya que teme las consecuencias. El equipo Ze parece tener miedo a dar un paso adelante o un paso atrás. Solo sigue quieto, esperando que alguien le haga el trabajo sucio. Así que era necesario mostrar que el sabotaje político del formato de Minsk puede salir caro para Kiev. Ese era el propósito de las abruptas declaraciones de los líderes de las Repúblicas y la necesidad de la alerta de combate. De lo contrario, no es necesario decir públicamente que la milicia popular siempre está preparada para repeler al enemigo.

Mi sensación es la misma que lo que afirma una fuente del canal de Telegram Dontel, que coincide prácticamente en todo lo que acabo de exponer:

“Fuentes afirman a Dontel que, tras el reciente fracaso de las conversaciones de Dmitry Kozak en Berlín, las autoridades rusas están molestas con el actual estado de las cosas en el proceso de Minsk. La falta de voluntad de Kiev de negociar directamente con la RPD y la RPL y el rechazo a introducir el estatus especial para Donbass en la Constitución contradicen los objetivos de Moscú.

La Federación Rusa necesitaba urgentemente enseñar los dientes como respuesta. Así que se decidió dar publicidad a los actos de Ucrania a través de Donetsk y Lugansk. Ya que la RPD y la RPL no tienen peso político en las negociaciones, se utilizó el aspecto militar en un intento de intimidar a Kiev con una última advertencia ante de la escalada del conflicto.

La realidad es que todos estos procesos son parte de las negociaciones de Minsk y el estatus especial para Donbass. Esta actuación sobre la última advertencia antes de la reanudación de la guerra continuará durante un tiempo, con información y rumores distribuidos por la prensa y la propaganda. Los soldados de la RPD y la RPL seguirán en alerta de combate una temporada en este proceso que se considera un ensayo útil en caso de reanudación de las hostilidades. Pero, según la fuente, la tarea de liberar más territorios está fuera de cuestión para un futuro inmediato”.

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