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El colectivo más vulnerable de esta guerra

Artículo Original: Anna Revyakina

Cada año se hace más difícil para los pensionistas de Donbass conseguir su dinero ucraniano, aunque es evidente que todo Estado democrático tiene que pagar a una pensión a los ciudadanos que trabajaron en él. Sin embargo, eso en Ucrania no es cierto. Mi madre hizo su último durísimo e infructuoso intento de conseguir esa pensión ucraniana que había ganado honestamente en diciembre de 2015. Todo acabó con el Año Nuevo en una cama de hospital con neumonía.

El 20 de noviembre de 2019 se cumplieron exactamente seis meses desde la llegada al poder de Zelensky, que se ganó el trono con promesas como acabar la guerra y también ayudar a los pensionistas de Donbass. ¿Cuál es la situación actual? Los mismos humillantes puestos de control con grandes colas para conseguir una mísera pensión. Pronto, la autoridad de los puestos de control pasará al “general invierno”, con miles de personas sufriendo el frío en las colas. Algunos no volverán, morirán en el intento como ya ha ocurrido en el pasado.

Para ser justa, tengo que decir que hace tres y cuatro años, los pensionistas eran detenidos en la parte ucraniana; ahora ya no es así, pero cruzar sigue siendo un problema. ¿Podría Ucrania hacer lo correcto por los pensionistas de Donbass? Sí, podría invitar a las Repúblicas a abrir en su territorio sucursales de un banco con cajero y garantizar la seguridad del transporte del dinero.

He hablado con pensionistas de Donbass divididos en dos categorías: los que siguen yendo a Ucrania a recibir su pensión y los que, por las circunstancias, no van. Esas circunstancias pueden ser las dificultades del camino entre la República y Ucrania, como ya escribí en el pasado. Es gente corriente, a la que no le importa el cuarteto de Normandía o la fórmula Steinmeier sino tener sus pensiones. Alrededor del 60% consiguen obtener sus pensiones ucranianas, mientras que al menos el 40% se ha quedado sin el dinero que se ha ganado.

Irina Gorban

Irina es poeta, miembro del sindicato de escritores de la RPD, autora de muchas colecciones de poesía. “Soy una de las muchas que cumplió honestamente el código del trabajo. Para mí siempre fue cuestión de honor trabajar dignamente”. Irina no es solo una trabajadora honesta, es una persona que sacrificó a su familia por el trabajo. “Tenía dos niños con problemas respiratorios agudos”, cuenta, “pero intentaba seguir trabajado sin pedir bajas. El Estado no se sostiene sin trabajadores. No solo yo pensaba así, éramos muchos. Contribuí al Fondo de Pensiones. Pensaba que, cuando llegara el momento, el Gobierno silenciosamente reconstruiría la relación y gradualmente devolvería las pensiones”. Y entonces llegó el momento y nada. “El Estado. ¡Ay!”, dice tímidamente. “Ucrania, ¿dónde has escondido mi dinero?”

Irina Gorban fue incluida en la web Mirotvorets, así que sería peligroso cruzar la frontera. “Ucrania ha encontrado la manera más efectiva para ella misma: ni siquiera me da una documentación para certificar que he trabajado más de 40 años y ahora solo recibo la mínima pensión que tenemos en la RPD porque Ucrania no ha cumplido con su parte del contrato”.

Tatiana D.

Tatiana ha cumplido 60 años en el otoño de 2019 y vive en la localidad minera de Abakumov, una de las más bombardeadas. Viaja a Ucrania, pero el camino es complicado. A la pregunta de si considera que Ucrania le debe dinero, responde categóricamente: “Claro”. “Soy ciudadana de Ucrania, ni siquiera tengo pasaporte de la RPD. No he trabajado en Rusia ni en la RPD, he trabajador en Ucrania. He trabajado 39 años. Voy cada mes y medio a por el dinero. Podría ir menos, pero el problema es que, si no voy cada 60 días, bloquean mi pensión. Siento que no tengo ningún beneficio. Traigo comida en coche y así vivo. Mucha gente pasa rápido, pero otras veces hay que esperar mucho tiempo. En los puestos de control ucranianos ahora se pasa más rápido que hace tres años. Desde el puesto de control cojo un autobús que cuesta diez grivnas. Después del chequeo de pasaportes, me siento en el autobús y voy a Mariupol, donde recibo la pensión. Tengo una pensión de 2000 grivnas. Sí, es poco, pero la he ganado honestamente y creo que no debo rechazarla”.

La madre de Tatiana tiene 91 años. Su pensión es mucho mayor que la de su hija, 5000 grivnas, pero no puede cruzar el frente por motivos de salud. “Se pone muy nerviosa, la familia ha decidido que no vaya, no es posible aguantar esos puestos de control sin comprometer la salud con más de 90 años”.

Igor Shparber

Igor tiene 68 años y ha trabajado 42. Como Irina Gorban, Igor también ha sido incluido en la web Mirotvorets, que apareció hace unos cuatro años, por lo que no puede ir a Ucrania. “Por supuesto, me gustaría tener mi pensión, no tengo suficiente dinero. Al fin y al cabo, he trabajado 42 años, me he ganado esa pensión. Gracias, Rusia, por ayudarnos”.

Alexander G.

Alexander pronto cumplirá 67 años. Su pensión es buena, así que puede permitirse un servicio caro. “El todo incluido”, dice, “pero muchas veces he visto a abuelas muy mayores en colas sin fin. Es muy triste. Hace tres años, el padre de un amigo se tropezó en un puesto de control y se rompió la cadera. Todavía no se puede mover y, claro, se ha quedado sin pensión. Mi mujer también está jubilada, pero su pensión es tan pequeña que no merece la pena pasar por todo eso”.

Tamara U.

Tamara vive en una de las zonas más bombardeadas de la ciudad. Hace unos días cumplió 70 años y ha trabajado 51. Cree que Ucrania debería pagar sus pensiones a todos los ciudadanos. “La jubilación es un ingreso ganado honestamente con el trabajo, no debería haber ningún conflicto por esos pagos”. Tamara explica enfadada que “Ucrania infringe la ley y también dos de los mandamientos más importantes: no matarás y no robarás”.

Según Tamara, los puestos de control siempre han estado mal organizados. Las colas son irracionalmente largas y el tiempo que se tarda en cruzar está causado principalmente por la falta de organización en el sistema de paso, especialmente en los primero años. “Ahora, el proceso está más o menos organizado pero completarlo puede llevar un día”, cuenta Tamara. “Con la edad de la gente que va a por las pensiones y la gran cantidad de ellos, no es una sorpresa que haya muertes. Recibir la pensión no debería tener tantos obstáculos”.

Tamara piensa que el proceso de obtención de las pensiones debería resolverse a nivel de Gobierno. Es tarea de los oficiales, no de los pensionistas. “Es su trabajo y su obligación, no la nuestra. La gente tiene que tener su dinero, es tarea del Gobierno organizar el proceso y que no sea un problema para los jubilados. Ahora mismo, para muchos es un problema irresoluble”.

Polina Kalinina

Polina es una hija de la guerra. Con ella tuve una de las conversaciones más interesantes. Nació en Stalino en 1937 y trabajó toda su vida en un estudio. No recibe su pensión ucraniana desde 2016. “No la tengo y no la quiero tener”, sonríe. “Como poco y, como mujer mayor, recibo la pensión de la RPD, que no es mucho, pero hago por ahorrar. Si no te das lujos, puedes vivir. Por suerte, las facturas son baratas, aunque ahora han subido un poco. Ayudan los hijos”; explica. Polina sigue trabajando a sus 82 años. Sí, 82. “No me voy a rendir. Si no estoy en la oficina limpiando, estoy en casa limpiando”. Polina no pierde la sonrisa. Pero eso dice más de su carácter indomable que de la situación de los pensionistas de Donbass.

Años duros

Las historias que describo son las más o menos típicas. Personas mayores que se han ganado su pensión y que tienen que batallar para conseguirla o seguir trabajando. ¿O es que el viaje a través de los puestos de control y el sistema de registro para conseguir la pensión no es un trabajo? Lo es. Y lo peor es que no se ve final a esa situación. Es más, en Ucrania periódicamente se publican declaraciones de algún oficial de alto rango que dice que ya es hora de dejar de gastar dinero en los pensionistas de Donbass, hay mejores lugares en los que usar el dinero en el país.

Recientemente me he encontrado un texto de Vsevolod Negopondin en el que el odioso ciudadano de Odessa se despide de Donbass y les dice a los pensionistas que no cuenten con pensiones o compensaciones ni arrepentimiento por parte de Ucrania: “ORDLO, en mi opinión, está plagado de chalados, para pacificarlo es mejor usar pistolas”. Comparado con estas declaraciones, los obstáculos de los pensionistas parecen flores de pascua.

Comentarios

Un comentario en “El colectivo más vulnerable de esta guerra

  1. Una sociedad que no respeta a “sus viejos” (…que fueron quienes nos trajeron al mundo, y así llegar a constituirla…) sencillamente NO MERECE SOBREVIVIR.
    A los viejos LOS JODEN EN TODAS PARTES, y en el Donbass con la guerra tienen un verdadero infierno…
    Cómo se puede dormir tranquilo, habiendo visto el dolor en los ojos de esa abuela..?
    Cómo llegamos a ésto..?

    Me gusta

    Publicado por ienotmikhail | 05/12/2019, 21:45

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