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Avakov, Batallón Azov, Donbass, Ejército Ucraniano, Ucrania, Zelensky

Dudas despejadas

Artículo Original: Colonel Cassad

La permanencia de Arsen Avakov en el Consejo de Ministros de Ucrania ha resultado una sorpresa para unos y era algo esperado para otros. Ha sido una sorpresa solo para aquellos que seriamente se creyeron que Zelensky era el mismo presidente Goloborodko de la televisión [personaje que interpretaba Zelensky] y que ignoraron el obvio hecho de que la campaña de Zelensky fue posible gracias a los grupos financiero-oligárquicos que se vieron perjudicados durante el mandato de Poroshenko.

En la primera mitad de 2019, se vio que Avakov estaba jugando contra Poroshenko, lo que hacía suponer algún tipo de acuerdo con quienes apoyaban a Zelensky, lo que a su vez implicaba un acuerdo postelectoral. Para Avakov, lo principal era mantener su puesto y que no hubiera causas penales contra él, como ahora está ocurriendo con Poroshenko, Parubiy o Pashinsky. Para asegurar su posición tras las elecciones, Avakov impidió que se usaran los recursos administrativos contra Zelensky, con lo que en realidad estaba vendiendo sus servicios a cambio de apreciación futura en el momento de la formación del nuevo Gabinete.

Y ahora ha llegado el día. Todo el poder está en manos de Zelensky (o, mejor dicho, en manos del grupo oligárquico que le apoya) y es el momento de obtener rédito. Pero cómo se justifica el nombramiento de Avakov, parte integral del régimen que nació del golpe de Estado en Kiev. Se ha acusado a Avakov de contrabando, crimen organizado, tráfico de drogas, de utilizar a su hijo para suministrar equipamiento a precios inflados al ejército, de ser el patrón de grupos neonazis, de perseguir a activistas, periodistas y disidentes, de favorecer al sitio web Mirotvorets, etc. Estos son solo algunas de las cosas de las que se le acusa. Así que el equipo de Zelensky se enfrentaba a una tarea difícil: ¿cómo vender al público a alguien con una biografía tan machada? Al final, no han podido inventar nada mejor que una historia sobre “el golpe que preparaba Poroshenko”. Y si hay una amenaza de golpe de Estado, no se puede prescindir de Avakov. Sin él, no se puede parar a Poroshenko.

Ahí, el entorno de Zelensky ha comenzado a meterse en el barro a través de sus afines, dándole un toque de excusas al estilo de “sí, pero le controlará Zelensky”, “es solo hasta diciembre” o “sin él, no hay nadie más”. La audiencia está dividida, algunos están dispuestos a poner la otra mejilla y para otros es difícil de aceptar, ya que las historias sobre “un nuevo principio” se han convertido en la familiar charlatanería oligárquica en la que Zelensky y compañía tapan este tipo de actuaciones y el partido en el poder es un instrumento para su implementación.

Evidentemente, cualquier persona con una mínima capacidad crítica comprende que Poroshenko no está en posición de dar ningún golpe (perdió su ocasión a finales del año pasado), ha perdido todas las instituciones que estaban bajo su control y ahora están en manos de personas asociadas a Zelensky y Kolomoisky: la Fiscalía, el SBU, el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor del Ejército Ucraniano. No está bajo su control el Ministerio del Interior, que se ha convertido en el feudo de Avakov. Eso sí, ya se ha presentado al Parlamento un proyecto de ley para poner bajo control del presidente a la Guardia Nacional, uno de los cuerpos más preparados para el combate y ahora bajo control de Avakov.

¿En qué va a ayudar Avakov contra un posible “golpe de Poroshenko” si el entorno de Zelensky tiene a su disposición recursos como el SBU, la Fiscalía y el Ejército? En realidad, en ese caso, el papel de ministro del Interior requeriría alguien especialmente leal, que comenzara inmediatamente una purga de todo personal vinculado al régimen de Poroshenko. En lugar de eso, se nos cuenta una fantasía en la que Poroshenko, que ha perdido gran parte de su poder e influencia, prepara el escenario de toma del poder por la fuerza, aunque es evidente que no dispone de los recursos necesarios para hacerlo.

Hasta aquí ni siquiera hemos considerado la postura de Estados Unidos y la Casa Blanca, que no tuvo un apego especial a Poroshenko (molestaron sus contactos con los Demócratas y el apoyo a Hillary Clinton en 2016). Es improbable que, tras la llegada al poder de otro Gobierno prooccidental, que no está manchado por los crímenes de Poroshenko, Estados Unidos vaya a dar luz verde a un nuevo Maidan o a un nuevo golpe. La explicación de la propaganda de Zelensky implica que Poroshenko está preparando un golpe de Estado sin el apoyo de Estados Unidos, que va a poner esas cartas sobre la mesa. Como si esa posibilidad existiera en el mundo real.

En la práctica, la popularidad de Poroshenko es mediocre y se ha visto en las elecciones legislativas, cuando ya no disponía de los recursos de la administración. Por motivos puramente prácticos, se cuenta al público historias sobre una supuesta trama, cuya autenticidad es similar a las historias sobre “el deseo de Ruban y Savchenko de tomar el poder a base de bombardear con mortero el Parlamento”. Es obvio que no hay motivo para sentir pena por Poroshenko, que actuó como todos los demás. Pero es curioso ver que, mientras se hablaba de “un nuevo principio”, el entorno de Zelensky aplica las mismas técnicas de siempre, simplemente sustituyendo el objetivo de estas campañas de propaganda. En este caso, los spin doctors tenían que justificar “por qué Zelensky dijo una cosa y finalmente dejó en su puesto a Avakov”. Lo que se les ha ocurrido no tiene ningún sentido, pero, ¿podrían haber dicho alguna otra cosa? Hay dos opciones: o no se les ha ocurrido nada mejor, o ni siquiera lo han intentado, lo que deja claro el nivel intelectual que les suponen a los seguidores de Zelensky. Si han votado al héroe de una serie, por qué no van a creerse que Poroshenko quiere derrocar a Zelensky por la fuerza.

Al final, esta historia es solo una de las muchas discrepancias entre la retórica política preelectoral de Zelensky y sus actos postelectorales. Habrá muchas más. Para algunos, esto ha sido suficiente para expresar públicamente su decepción. Pero llegará el tiempo en el que se produzcan negociaciones con el FMI y se exijan más recortes en políticas sociales. Las principales frustraciones aún están por llegar, pero el caso de Avakov servirá como un brillante ejemplo de cómo bajo historias de “renovación radical para seguir avanzando”, seguimos viendo el familiar juego entre clanes oligárquicos.

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