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Carbón, Donbass, DPR, LPR, Lviv, Rusia, Ucrania

Camino del Ártico

Artículo Original: Andrey Manchuk

Ucrania pretende unirse al proceso de desarrollo del Ártico. Esa sensacional noticia fue anunciada por el embajador de Ucrania en Noruega, Vyacheslav Yatsyuk, en su visita al archipiélago de Svalbard. En ese territorio residen ahora alrededor de cuatrocientos ciudadanos ucranianos que trabajan en la compañía minera rusa Arktikugol, fundada en el lejano 1931. Sin embargo, en los últimos cinco años, Kiev no se ha interesado en absoluto por ellos.

Según el Tratado de Svalbard, estas remotas islas pertenecen a Noruega, aunque la Unión Soviética recibió los derechos exclusivos de actividades económicas para la exploración minera. Hubo un tiempo en el que incluso se acuñó el “rublo de Svalbard”, una moneda propia controlada por el Gobierno soviético y de uso en esas localidades. Ahora el valor de las minas locales ha decaído y en Svalbard únicamente opera una mina rusa en Barentsburg, donde trabajan mineros de Donbass y del oeste de Ucrania.

“Siempre estamos interesados en tener buenas comunicaciones con nuestros ciudadanos y en la oportunidad de defenderlos cuando necesiten ayuda”, les dijo el embajador Yatsyuk. Los ucranianos que trabajan aquí lo hacen porque el Gobierno ucraniano nunca ha intentado proteger sus derechos en Ucrania. Algunos de ellos podrían necesitar incluso protección frente a las autoridades, esas que han calificado en masa a los mineros de Donetsk como terroristas y cómplices del país agresor.

Sin embargo, el diplomático ucraniano no solo está preocupado por el destino de los trabajadores emigrantes de las minas. Durante su visita a Svalbard, visitó el Instituto Polar Noruego y la estación de investigación, en la que afirmó que Ucrania quiere contribuir al estudio extensivo de la región del Ártico. “Ahora, Ucrania no participa en las actividades del Ártico. Estamos empezando a pensar que el país se puede convertir en un jugador en el Ártico”, apuntó Yatsyuk. Y estas palabras sonaron como un placer para la vanidad de toda esa red de patriotas profesionales que imaginaron ya la bandera azul y amarilla ondeando con orgullo en la cima polar del mundo.

En realidad, las ambiciones árticas de Ucrania se quedaron en el pasado soviético, cuando la República Socialista Soviética de Ucrania jugó un papel importante en el desarrollo tanto del Ártico como de la Antártida. Muchas empresas industriales e instituciones de investigación de Kiev, Odessa, Donetsk y Lviv trabajaron en esos años por las necesidades del norte, suministrando equipamiento moderno y personal científico. Lo he visto en persona en la ciudad ártica de Múrmansk [Rusia], donde conocí a inmigrantes de Ucrania que habían emigrado en busca del rublo polar y se habían quedado en la península de Kola, no por falta de patriotismo, sino porque no veían oportunidades en su país.

“La mayor parte del archipiélago estaba formada por ciudadanos soviéticos, principalmente ucranianos. Los mineros del Ártico venían de Donbass; el resto del personal, de Volinia. En la meseta superior de la Pirámide, que daba nombre a la mina y al pueblo, es difícil creer que estás en el remoto Ártico. Aquí se siente la presencia del pueblo en todas las inscripciones. Los nombres y las ciudades son casi todos ucranianos. Son de 1981, 1983, 1988”, escribió el autor del reportaje “Svalbard ucraniano”, que se publicó en la web Bird in flight. Ese legado de una época pasada claramente muestra qué importante era la presencia ucraniana en el Ártico en aquellos años.

Las aguas del norte necesitaban entonces una gran flota pesquera, cuya construcción fue asignada a las compañías con sede en Odessa. El buque insignia fue el simbólicamente bautizado barco “Ucrania Soviética”, construido por la naviera de Nikolaev Nosenko, que hace tiempo se pudre tras el anuncio de bancarrota del año pasado. Navegó durante años las aguas de la Antártida y el Ártico, hasta los años noventa, cuando este buque único fue vendido a Turquía, que rápidamente lo desmontó para chatarra. Hoy en día, Ucrania importa pescado porque no ha sido capaz de organizar su propia producción.

El desarrollo del Ártico promete grandes beneficios futuros, principalmente por las reservas de hidrocarburos que ya se han encontrado. Y ahora resulta que el vasto territorio polar se ha convertido en el campo de juego de un futuro conflicto entre las grandes potencias que podría incluso causar una guerra. Sin embargo, la Ucrania actual no puede decir con seriedad que tiene presencia en la región ártica, no solo porque no es miembro del Consejo del Ártico, formado por los países fronterizos, sino porque el país del victorioso Euromaidan no puede, objetivamente, permitirse ese lujo, por mucho que les gustaría a sus políticos.

“Quién sabe qué quieren. Tenían buenas aeronaves en el Ártico antes. Ucrania tenía An-74, An-2, An-30 que volaban bien. Tenían su industria aeroespacial, que se usaba en el Ártico. Ahora las posibilidades de volver al Ártico no existen”, declaró a RIA Novosti el representantes de Rusia en el grupo de cooperación del Ártico y la Antártida y famoso explorador Artur Chilingarov, que preside la Academia Polar Estatal y está considerado una eminencia en la región.

Por supuesto, Ucrania podría tener una presencia simbólica en el Svalbard noruego bajo merced del consentimiento de los países occidentales y el apoyo financiero para esa iniciativa. Lo mismo pasó en la Antártida, cuando los británicos concedieron a Kiev su vieja base de investigación Faraday, que fue renombrada en homenaje al académico Vladimir Vernadsky. Sin embargo, no hay dinero para una investigación real en el Polo Sur, por lo que la última vez que la estación antártica ucraniana salió en las noticias fue porque se había enviado allí una copia de Tomos [la independencia de la iglesia ucraniana], quizá para convencer a los pingüinos locales de las bondades de la nueva iglesia patriótica.

Los diplomáticos hablan y se marchan, pero los ucranianos siguen estando representados en el Ártico por un contingente de mineros que se ven obligados a trabajar en la mina rusa en las duras condiciones de la región polar mientras su país compra carbón en Pensilvania y en Sudáfrica y cierra, bajo pretexto de “bajos beneficios” las minas ucranianas. Y las promesas de exploración ucraniana en el Ártico quedarán para la historia como otra broma, igual que Tomos y los pingüinos.

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