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Un apoyo en la ONU

En la presente situación en la que se encuentra Ucrania, con los territorios temporalmente ocupados de Donetsk y Luhansk y la anexión ilegal de Crimea, Croacia quiere ayudar a Ucrania a reintegrar de forma pacífica su territorio en su sistema constitucional y legal”.

Andrej Plenkovic, primer ministro de Croacia, dirigiéndose al primer ministro de Ucrania, Volodymyr Groisman, en una conferencia de prensa conjunta. Junio de 2017.

Croacia, Ucrania y la reintegración de los territorios “ocupados”

Lanzada entre el 3 y el 8 de agosto de 1995, la Operación Tormenta (Oluja en croata; Storm en inglés) supuso la caída de lo que constituía el territorio central de la República Serbia de Krajina, con su capital, Knin. Esta intervención militar clásica y a gran escala, apoyada de facto por Estados Unidos, liquidó, en pocos días, el principal reducto de poder serbio en Croacia. El proceso de reintegración por la fuerza de los territorios serbios que se habían resistido en 1991 a la independencia de Croacia, y que habían confluido en la Krajina independiente, se inició, sin embargo, unos meses antes. En los primeros días de mayo de 1995, las fuerzas croatas recuperaron la Eslavonia occidental serbia y su principal ciudad, Okucani.

La principal consecuencia de estas acciones militares fue el exilio masivo de población serbia del territorio que, a partir de 1991, había conseguido quedar al margen de la autoridad de la Croacia de Franjo Tuđman . Aunque la salida de los habitantes serbios de la Krajina es bien conocida, igualmente destructiva resultó la Operación Flash, una acción militar que llevó a la práctica desaparición de la población serbia de la Eslavonia occidental. En esa zona, a finales de junio de 1995, sólo se mantenía una parte simbólica y residual de la población serbia en la zona. Ángel Santa Cruz, reportero de El País, relataba en su crónica el ensañamiento de la artillería croata con la población serbia que trataba de huir hacia la frontera bosnia.

En 1995, la acción croata en las zonas serbias de Croacia respondió, en gran medida, a una estrategia de tierra quemada que prolongaba lo conocido en 1991. Entre octubre y diciembre de ese año, parte del área de mayoría serbia de la Eslavonia occidental fue tomada por las fuerzas croatas, en la ruta de Novska a Prakac, en paralelo al desarrollo de las operaciones Otkos 10 y Orkan 91. Además del exilio forzado, parte la población serbia detenida murió en los campos de Pakracka Poljana o Medurici, según testimonios recogidos en septiembre de 1997 por el New York Times.

Para la población serbia, las consecuencias demográficas de las acciones militares croatas resultan terribles en una perspectiva histórica comparada. Llama la atención, de hecho, que hayan sido más dramáticas que las que se observaron durante el periodo del Estado Independiente de Croacia, estado que se hizo con el control del territorio croata entre 1941 y 1945 gracias al apoyo de las potencias del Eje. Los censos de 1931 y 1948 muestran, en ese periodo, una caída del 14,6% en la población serbia de Croacia (-92.723 personas en términos absolutos). Sin embargo, entre los censos de 1991 y 2001, la reducción es casi cuatro veces superior en términos absolutos (-380.032 personas). En el periodo de desintegración de la Yugoslavia socialista, el volumen de población serbia en Croacia se reduce en un 65,3%. Lejos de recuperarse al alza, en 2011, el número de residentes serbios en territorio croata alcanza un mínimo histórico, con 186.633 personas.

En 2011, la población serbia apenas representa ya un 4,4% del total de personas residentes en Croacia, una proporción más de 12 puntos inferior a los niveles cercanos al 17% de los años 20 y 30 del pasado siglo.

croacia2

croacia3Fuente: Elaboración propia a partir de los Censos demográficos del territorio de Croacia.

La catástrofe demográfica descrita constituye una vergüenza histórica para quienes, dentro de Croacia y del mundo occidental, lo hicieron posible. Porque no sólo es el resultado del exilio sino, de forma más amplia, de la señalada política de tierra quemada aplicada en los territorios controlados por la población serbia de Croacia. Esta realidad, caracterizada por la destrucción de las propiedades y los bienes de la minoría, aún resulta bien visible en las zonas cercanas a Knin y, de forma especialmente llamativa, en las localidades cercanas a Prakac.

En todas estas zonas, la intervención croata supuso un nivel de destrucción que desbordó cualquier perspectiva de proporcionalidad tolerable en la acción de reintegración territorial. Ni siquiera quedó limitada a los actuales habitantes sino que, de forma simbólica, trató de eliminar incluso las referencias históricas a quienes sufrieron las consecuencias de la represión durante la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo de ello es lo sucedido en la pequeña localidad de Korita. Sus 111 habitantes de 1991, 100 serbios y 5 yugoslavos, no eran más que 3 en 2001. La placa que recordaba a las víctimas del nazifascismo, entre 1941 y 1945, también había sido destruida. Sólo en 2010 pudo ser recuperada la memoria, en un memorial en el cementerio local de este pueblo ahora fantasma.

Tumba en el cementerio de Korita, en la carretera de Novska a Prakak y Kamenka, y la placa original, tiroteada en un destruido edificio a escasos metros.

A diferencia de lo ocurrido entre Novska y Prakac en 1991, es llamativo comprobar que en 1995 las consecuencias de las acciones militares croatas, en términos de centenares de bajas y cientos de miles de personas forzadas a exiliarse, se produjeron en zonas que Naciones Unidas había delimitado como áreas protegidas (UNPAs). En estas zonas, una fuerza de protección de la ONU, inicialmente la UNPROFOR y a partir del 31 de marzo de 1995 la UNCRO (United Nations Confidence Restoration Operation), asumía en principio el mandato de proteger a la población de ataques armados. La UNPROFOR y la UNCRO tenían de hecho autoridad para preservar la paz, controlar el acceso a las áreas protegidas y garantizar su desmilitarización. En la práctica, sin embargo, las fuerzas de paz, compuestas por tropas y observadores, fueron incapaces de proteger la seguridad de la población serbia de Krajina o de Eslavonia occidental de los ataques del ejército de Croacia.

En el contexto de la acción croata de 1995 contra las zonas serbias, sólo en el este de Eslavonia, en el Oblast autónomo de Eslavonia Oriental, Baranja y Syrmia occidental, fue posible una salida no militar que permitió la permanencia de una parte mayoritaria de la población serbia. Se trata del acuerdo de Erdut (Basic Agreement on the Region of Eastern Slavonia, Baranja and Western Sirmium), rubricado el 12 de noviembre de 1995 por las autoridades croatas y los representantes serbios locales.

Este acuerdo para la reintegración pacífica de la Eslavonia oriental en Croacia fue asumido por la ONU en su Resolución 1023, norma que también estableció unas fuerzas de paz de la ONU y policiales. El acuerdo se tradujo en el establecimiento de una administración transitoria, aprobada en enero de 1996 y concretada en la Resolución 1043, la UNTAES (United Nations Transitional Authority for Eastern Slavonia, Baranja and Western Sirmium).

La principal aportación del acuerdo de Erdut era la creación de un Consejo conjunto de Ayuntamientos con una mayoría de población serbia. Constituido en 1997, no se trata sin embargo de una unidad político-administrativa autónoma sino de un consejo diseñado para coordinar iniciativas y presentar propuestas a las instituciones de gobierno, organizaciones internacionales y ONGs. No se trata, en este sentido, de un cuerpo de autonomía política territorial, con competencias transferidas desde los consejos municipales locales. El Consejo ni siquiera ha llegado a configurarse como unidad administrativa especial en Croacia. En realidad, se trata de un mero órgano consultivo para apoyar un cierto marco de autonomía cultural y educativa para la población serbia local.

El acuerdo de Erdut no definió además con claridad las funciones del Consejo lo que ha dado a continuas polémicas en Croacia. De hecho, el consejo es atacado de forma continuada por los sectores ultra de Croacia que lo ven como continuación de Eslavonia oriental. En la normativa sobre minorías nacionales croata, el Consejo de ayuntamientos aparece como un órgano sui géneris de coordinación nacional en el ámbito de dos condados de la zona croata de Eslavonia oriental. Pero la petición de protección constitucional de la entidad acabó siendo rechazada. Aunque, en términos jurídicos, goza de un estatus preferente, éste sólo se sostiene en una ley ordinaria. Acompaña al Consejo Nacional Serbio como institución general para la autonomía cultural y de acción serbia en materia de identidad cultural y de derechos.

El modelo la UNTAES, que en su última fase fue gestionada por William Walker, sirvió en cierta forma como referente o antecedente para el Plan Ahtisaari de Kosovo, en este caso para garantizar la integridad territorial de la entidad secesionista frente a una Serbia que Occidente había acordado romper, al margen tanto de las resoluciones de la ONU como de la normativa de la República Federal de Yugoslavia.

A pesar de la completa falta de interés de la experiencia croata en materia de protección de sus minorías nacionales, el modelo de la Eslavonia oriental se perfila como la propuesta que Croacia parece ofrecer como línea de salida para Ucrania en Donbass. En el contexto de la 71 sesión de la Asamblea General de la ONU, la Presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, ya había propuesto en 2016 a Petro Poroshenko que Croacia estaba dispuesta a compartir con Ucrania su experiencia de recuperación post-bélica y de reintegración de los “territorios temporalmente ocupados”. La presidenta croata ya mencionó entonces, de forma particular, el carácter exitoso de la UNTAES como misión de paz. En la misma línea, en junio de 2017, el primer ministro de Croacia Andrei Plenkovic volvió a recordar la experiencia de Eslavonia oriental a la hora de “ayudar a otros en la transición post-conflicto con su experiencia en reconciliación y desarrollo de la confianza”. El político croata insistió en ese “know-how único” y en la amplia experiencia croata “como una contribución útil adicional a los esfuerzos de la comunidad internacional en estos casos, tales como la implementación de los Acuerdos de Minsk en Ucrania, en los que pueden establecerse muchos paralelismos”.

Pero no deja de resultar paradójico que Croacia plantee hoy el modelo de Eslavonia oriental como una salida para el Donbass porque la solución UNTAES fue, ante todo, una apuesta estadounidense. El interés de la diplomacia norteamericana explica, mucho más que la posición croata, el acuerdo para Eslavonia oriental. En realidad, este acuerdo no fue el resultado de la promoción de una línea de paz por parte de una Croacia cuyas fuerzas militares planeaban una solución armada para la zona (Operación Skok u Dalj). El rasgo principal de la política real era la recuperación del territorio por la fuerza. Y la salida para Eslavonia oriental sólo fue aceptada por las autoridades croatas cuando se garantizó la reintegración, condición para exigida para su participación en los acuerdos de Dayton.

Lo que ofrece Croacia, por tanto, no es sino el modelo de tratamiento de las minorías nacionales que EEUU perfiló en Eslavonia oriental como forma de completar el control croata sobre el territorio. Clave en este proceso fue la organización el 13 de abril de 1997 por UNTAES de elecciones locales, desarrolladas según la normativa croata. Planteado por EEUU como una garantía de convivencia multiétnica en la zona, el modelo de Erdut apenas ofrece un marco de autonomía cultural y de dimensión local.

Para el Donbass, lo verdaderamente relevante de la experiencia de Croacia con su minoría serbia se resume en tres puntos: la decisión, plasmada en la nueva Constitución croata de quitar al pueblo serbio su condición de parte constituyente del estado de Croacia; la apuesta militar por la reintegración, asociada a una política de tierra quemada, que llevó a una mayoría de la población de la población serbia al exilio; y, finalmente, incluida en la forma prevista en la Eslavonia oriental, la conversión de la población serbia local en una minoría nacional sin derecho alguno a la autonomía política.

Éstas son, para Donbass, las únicas enseñanzas relevantes a tener en consideración en la experiencia croata de recuperación de su integridad territorial.

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