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Trabajar en la línea del frente

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Los médicos de la RPD se ven obligados a realizar sus funciones bajo el sonido de las balas y los proyectiles sin ninguna protección.

360171_800Las negociaciones para el despliegue de una misión de paz en Donbass se han estancado entre las diferentes opciones que se han presentado para el contingente armado de Naciones Unidas. La primera propuesta, del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, busca garantizar la seguridad de los observadores de la misión de monitorización de la OSCE en la línea de demarcación; la segunda propuesta, en la que insisten Kiev y Washington, pretende que los “cascos azules” se desplieguen por todo el territorio de conflicto (con lo que Ucrania y Estados Unidos quieren decir el territorio de la RPD y la RPL), especialmente en la frontera entre Donbass y Rusia.

Por el momento, no hay consenso. Se han producido discusiones sobre las consecuencias que tendría la llegada de cascos azueles de la ONU, sobre dónde estarían destinados y varios ejemplos sobre los efectos que tuvieron en conflictos similares a Donbass. Pero todo está estancado en la fase de negociación.

Los políticos llegarán, en algún momento, a tomar una decisión, pero me gustaría aportar unas palabras sobre las personas que realmente necesitan protección armada que les garantizaría su seguridad ante los incesantes bombardeos del Ejército Ucraniano. Nos referimos a los médicos que se ven obligados a cumplir con su juramento hipocrático en una situación de guerra.

***

Los principales medios europeos, e incluso los rusos, no mencionan habitualmente la situación militar en Donbass, pero eso no quiere decir que se haya detenido el sonido de las armas. Al contrario. El silencio informativo permite a los soldados ucranianos cometer crímenes con impunidad. Las batallas se producen en la línea de contacto. En ocasiones, los ataques se calman. Y con “calma”, me refiero a esas noches en las que únicamente se escuchan armas ligeras. Habitualmente, el Ejército Ucraniano utiliza todo tipo de armas a su disposición. Habitualmente, las víctimas de esos tiroteos son los civiles. Civiles que resultan heridos cuando están en sus propias casas, situadas en la línea del frente. El personal militar de la RPD no siempre tiene la capacidad de evacuar a los heridos. Siempre que es posible, los soldados transportan a las víctimas para no poner en peligro a los médicos. Sin embargo, cuando los soldados no pueden ayudar, llaman a una ambulancia, que se convierte en blanco para los observadores y francotiradores ucranianos. Pero ni siquiera eso detiene a los médicos de la RPD. En ocasiones, el fuego es tan intenso que, para llegar al lugar de la emergencia, se ven bajo el sonido de las balas y los proyectiles.

Me gustaría escribir que en los últimos años han descendido los casos de ataques contra ambulancias en la zona del frente, pero eso no sería correcto. El problema es que los disparos ucranianos contra los médicos militares se han convertido en habituales. Es mucho más sencillo disparar a un blanco en movimiento con llamativas luces que a otro vehículo. “Con las luces llamamos la atención de los observadores, pero no podemos hacer nada al respecto. Las luces tienen que estar encendidas cuando estamos de camino. En ocasiones las apagamos. Cuando hay luces vamos, pero después con este pequeño rayo de luz es todo lo que tienen”, explica Viktor Fyodorovich, paramédico de la estación de ambulancias número 3 del distrito Petrovskiy de Donetsk. El paramédico muestra la ambulancia en la que ha trabajado durante toda la guerra. Y sus tres rayas rojas.

“Todas las marcas son de metralla. Los proyectiles caen delante y detrás de la ambulancia, si nos damos cuenta. Cambiamos el parabrisas. Quedó hecho una telaraña después de un impacto, pero aguantamos el golpe. También hubo que cambiar el parachoques. Tapamos los impactos con cinta roja para dar cierta apariencia de seguridad. La gente no tiene que pensar en si caemos en los ataques. Así que, para que se sientan seguros, pintamos los impactos de rojo”, cuenta, indignado, el conductor. Pero la realidad es que los médicos trabajan en peligro, yendo a lugares en los que balas oxidadas sobresalen de las puertas.

El equipo de sanitarios, que la noche del 17 al 18 de septiembre se vio bajo los bombardeos del distrito Petrovskiy de Donetsk, explica que recibieron una llamada de emergencia de la localidad de la mina Trudovsky y, al llegar, no encontraron el edificio. Había sido destruido en el ataque de artillería. Pero, de entre las ruinas, se escuchaban las voces de los residentes, atrapados entre las ruinas del sótano y refugio de su propia casa. Las linternas llamaron la atención de los artilleros y, mientras buscaban entre las ruinas, los médicos se vieron obligados a esconderse junto a los heridos. Una de las enfermeras resultó herida en la pierna.

Según la Convención de Ginebra, atacar a médicos está estrictamente prohibido. Es difícil confundir, incluso en la oscuridad, una ambulancia con otro tipo de vehículo, especialmente con un vehículo blindado. Y a pesar de todo, en cuanto los militares ucranianos ven una ambulancia, el fuego comienza de inmediato. Solo se puede decir que los miembros del Ejército Ucraniano son conscientes de que disparan a profesionales desarmados realizando su trabajo.

Al mismo tiempo, los médicos trabajan sin protección alguna. No disponen de chalecos antibalas o cascos, ya que no se puede disparar a los médicos. Según las normas, los médicos no tienen obligación de acudir a lugares peligros, pero, por otra parte, tampoco pueden ignorar las llamadas de emergencia. No existe la seguridad en la zona de ataques, pero no es raro que un chaleco antibalas o un casco salve una vida. Al contrario que los vehículos del personal de la OSCE, las ambulancias no están blindadas. Si pensamos en las condiciones en las que trabajan los médicos de Donetsk, algún tipo de equipamiento de protección debería ser obligatorio al dirigirse al frente. Si no, los médicos, paramédicos, enfermeros o conductores de ambulancia serán un blanco fácil para los soldados ucranianos. Al acudir al trabajo, los médicos no saben si volverán a casa o no. Y ni siquiera pueden sentirse seguros cuando vuelven a casa. La mayor parte de los empleados de la estación de ambulancias número 3 del distrito Petrovskiy de Donetsk residen en la llamada “zona roja”. Sus viviendas están en la zona que se encuentra a tiro de la artillería ucraniana.

Torturados por los incesantes bombardeos, los médicos disponen de gran cantidad de información que probablemente no sea tenida en cuenta. Las organizaciones internacionales -incluyendo la OSCE y Cruz Roja- ignoran los ataques ucranianos contra los médicos militares de la RPD. Sin embargo, cada incidente en el que se ven involucrados los observadores internacionales recibe titulares y habituales condenas de los países occidentales contra quienes han perpetrado el ataque. Por eso necesitan protección armada en forma de cascos azules, que quizá hagan que el Ejército Ucraniano no dispare contra civiles. Y, mientras tanto, los médicos de la RPD, arriesgando el pellejo, seguirán salvando las vidas de las personas en la zona del frente, sin protección alguna.

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