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Marinka

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Articulo oruginal: Antifashist.

La historia de la ciudad de Marinka, al oeste de Donetsk, se remonta al siglo XIX. En el periodo entre 1918 y 1919, Marinka estuvo bajo control de las topas austrohúngaras, blancas y rojas. La ocupación Nazi de la ciudad se prolongó desde el 11 de octubre de 1941 hasta principios de septiembre de 1943. Durante la ocupación, los Nazis enviaron a 2.000 chicos y chicas a Alemania a los campos de trabajo, quemaron la universidad, destruyeron el colegio, la biblioteca, convirtieron la Casa de Cultura en establos y se llevaron a Alemania la planta de máquinas y tractores. Solo en el frente de la Gran Guerra Patria murieron 5.075 soldados de Marinka.

Nadie sabe cuánto durará la ocupación actual de los nacionalistas ucranianos en Marinka. El 11 de mayo de 2014, la ciudad salió, prácticamente en masa, para votar por la independencia de Ucrania. En julio comenzaron a caer los proyectiles de Grad y la ciudad comenzó a enterrar civiles. A finales de agosto, las milicias abandonaron la ciudad, que fue ocupada por los nacionalistas ucranianos. Desde entonces, los residentes locales se encuentran bajo la ocupación. Antifashist ha querido hablar sobre qué es vivir bajo la ocupación ucraniana con la residente de Marinka Lyudmila Ryabuja.

Lyudmila nació y creció en el distrito de Petrovsky de Donetsk. A los veinte años se mudó a Marinka con su abuela. Se casó, tuvo hijos. Y entonces la guerra llegó a su ciudad.

Lyuda, ¿cómo recuerdas el primer ataque serio en la ciudad?

Fue el 11 de julio. A las diez de la noche, los ucranianos empezaron a disparar Grads contra la ciudad. Era tarde, muchos ya estaban durmiendo. En una de las casas se destruyó el quinto piso con la gente dentro. Por la mañana encontraron las cabezas de los muertos en un patio cercano. Muchos murieron en Voroshilov, ahí cayó el tejado de un edificio. También destruyeron la granja Laktis. Todos empezaron a correr para esconderse, corrieron a los cobertizos, lejos de la ciudad. Me entró el pánico. Personas con muletas, en sillas de ruedas, niños pequeños, todos corrieron a los cobertizos. Y a las cuatro de la mañana del 12 de julio volvió a pasar lo mismo: la ciudad volvió a cubrirse de Grads.

¿Quién disparaba?

Ucrania, claro. En aquel momento, Marinka estaba en la RPD. Entonces tuvimos mucho miedo. Tenía en brazos a mi hija de ocho meses. Tenía que huir de la guerra a alguna parte. Estaban bombardeando Donetsk, así que en aquel momento muchos de nuestros ciudadanos fueron a la cercana Kurajovo: ahí no había bombardeos, la ciudad estaba bajo control ucraniano. Entonces no teníamos el miedo y el odio a Ucrania que tenemos ahora. Así que conduje hasta allí, lo más importante era huir de los bombardeos. Resultó ser un error. En Kurajovo ya se sufría a causa del Praviy Sektor. Todavía iban de paisano y vigilaban a todos los que venían de Marinka. Vivíamos en una residencia para estudiantes. Las mujeres limpiaban y cocinaban para los militares y los hombres eran enviados a las trincheras. Decían que los llevarían al frente. Oímos eso e inmediatamente nos marchamos. Mi marido decía que no sabía lo que era disparar a quienes han vivido toda la vida juntos. No querían dejarnos salir y Marinka seguía bajo el fuego. Pero a pesar de todo volvimos a casa. Así que en Kurajovo estuvimos solo una semana. Cuando llegamos a casa vimos que los tanques disparaban contra nuestra casa. Dos semanas después, los ucranianos capturaron la ciudad.

5f36b89eda93739b6cd562e538ae813f¿Cómo fue?

Fue el 2 de agosto. La batalla comenzó a las doce del mediodía. Fue un bombardeo muy fuerte. No había dónde esconderse. Nuestros vecinos y nosotros nos metimos diez personas en un coche, literalmente unos encima de otros. En aquel momento no importaba eso, no les prestamos atención. No era por comodidad. Literalmente fuimos donde pudimos, había que salir de la ciudad. Sobre la ciudad volaban Grads desde los campos. La RPD dejó Marinka. Paramos en Ekaterinovka. Nos hicimos con tiendas de campaña y vivimos ahí una semana. Se acabó la comida y el dinero. Tuvimos que volver a Marinka.

¿Qué visteis allí?

Volvimos y nos encontramos con una redada. Colocaron a todos los hombres de nuestra calle contra la pared, mirando a la pared, con las piernas separadas. Mi padrino tenía un tatuaje en el cuerpo, había servido en el Ejército Ruso. Nació allí, pero creció aquí. Entonces sus padres se fueron a Rusia y él estudió y sirvió en el ejército allí, después volvió a Marinka. Vieron que tenía un tatuaje del ejército del aire. Le pegaron con el rifle, amenazaron con dispararle. Pensaron que era un soldado ruso. Mi padrino estaba cuidando a una mujer mayor. Solo cuando comprendieron que era verdad, que era un residente local, dejaron de intentar dispararle. Pero en el sótano de su casa lanzaron una bomba de humo diciendo: “en cualquier caso, hay separatistas escondidos”.

No había agua ni electricidad, todas las comunicaciones estaban cortadas. Durante cuatro días estuvimos sin pan. No había ninguna tienda abierta. En la ciudad entraron tanques con banderas ucranianas, luego los Nazis. El alcalde trajo pan, pero para una familia grande solo nos dieron una barra. No nos dieron agua. El alcalde dijo que pidiéramos en la iglesia. Fui allí y la iglesia estaba cerrada. No había nadie, salvo que en los árboles se sentaban los Nazis pintando.

¿Qué hacían?

No lo sé. Me dio miedo, corrí a casa. Entonces empezó a llegar ayuda humanitaria, pero a mi familia no le llegaba porque estábamos registrados en Donetsk. Nos dijeron: “id a Donetsk, solo damos a quienes están registrados aquí”. Tuve que pasar por los puestos de control para conseguir ayuda humanitaria en Donetsk. No pagué nada por el registro de los niños. Me lo dieron en Donetsk y pasé por los puestos de control. No teníamos nada, así que mi marido iba a pescar, sobrevivimos con los peces que pescaba. Entonces mi marido empezó a ganar algo reparando teléfonos. Las cosas se hicieron algo más fáciles. Pero a veces traía ayuda humanitaria el ejército. Y sabíamos que, si venía la ayuda humanitaria y las cámaras de televisión, por la noche habría bombardeos.

¿Quién disparaba y a quién?

Las tropas ucranianas contra los civiles de Marinka.

¿Por qué?

Durante el día filmaban historias sobre cómo el Ejército Ucraniano nos ayudaba. Y por la noche hacían lo mismo para la televisión: simulaban ataques para que sacaran fotos. Y entonces enseñaban en la televisión que los ucranianos nos ayudaban y la RPD bombardeaba y mataba.

¿Participaste en las grabaciones?

Sí, una vez trajeron ayuda humanitaria a casa en Humvees militares. Con ellos venía una ambulancia para llevarse a mi abuela delante de las cámaras y darle algunas medicinas baratas. Los militares nos dieron jabón, detergente y velas. Lo grabaron todo.

¿Para qué canal?

No lo recuerdo exactamente, puede que “112”. Por la noche, como era habitual, bombardearon la ciudad. Cuando entraron por la puerta, mi hija de cuatro años, que estaba en cerca, me preguntó: “mamá, ¿ha venido la RPD?”. Le dije que no. Y entonces contestó: “¿cuándo va a venir la RPD a matar a estos nazis?”. Yo no le había enseñado eso, claro. Lo sacó por su cuenta. Pero incluso los niños saben quién es quién. Tenía mucho miedo de lo que les pudiera decir a los “invitados”.

¿Dirías que los ucranianos atacaron a menudo la ciudad?

No, no diría eso. Normalmente eran disparos entre ellos.

¿Por qué?

Los nacionalistas y el Ejército Ucraniano se trataban mal entre ellos. Entre las bandas de nazis también había diferencias. En Grigorievka, el puesto de control, la granja, todos estaban ahí, casi en círculo, y de vez en cuando había algún tiroteo. En ocasiones afectaba a las viviendas. En el otoño de 2014 la ciudad se llenó de Grads de Kurajovo. Disparaban contra Trudovsky, en Donetsk, pero fallaron y cayeron en Marinka. Fue a las tres de la tarde. Cayeron en posiciones ucranianas y la zona residencial. Otra vez mi amiga fue a dar de comer a los cerdos y desde las posiciones ucranianas volvieron a fallar. Tuvo que quitar los restos de cerdos de las paredes. Las bombas cayeron justo encima. Pero claro, echaron la culpa a la RPD.

¿Ha habido casos de robos o acoso de los civiles?

En nuestra familia no. Pero los vecinos han tenido problemas. En una ocasión el Ejército Ucraniano prohibió llamar por teléfono a la RPD. No sé exactamente por qué. No sé si era porque había batalla o porque se preparaban para la batalla. Pero los civiles tenían prohibido llamar por teléfono al otro lado. Nuestros vecinos no se tomaron esto en serio. No sé cómo se enteraron de que Mischenko había usado el teléfono, pero entraron en su casa enmascarados y le tiraron al suelo. Lo registraron todo. Destrozaron su tablet, su teléfono y su ordenador. Luego les pusieron una bolsa en la cabeza y se los llevaron al departamento regional de policía. Ahí les dieron una paliza. La vecina dijo que tenía un marcapasos. No le creyeron. Le hicieron quitarse la chaqueta para demostrarlo. Tuvo que desnudarse para enseñárselo. Uno de los que la pegaba se dio cuenta de que su madre también tiene marcapasos y pidió al comandante que pararan. Le dejaron ir, pero siguieron pegando a su marido.

El 3 de junio de 2015 hubo una fuerte batalla en Marinka. Desde el centro de Donetsk se escuchaba el sonido. ¿Cómo experimentaste la lucha?

Sí, cuando los nuestros intentaron recuperar Marinka. Pasamos casi todo el día en el sótano. Cuatro bombas explotaron a cinco metros. La batalla duró doce horas y cuando acabó teníamos miedo de salir. Nos explotaba la cabeza del estrés. Teníamos los niños con nosotros. Pedí a mi marido que subiera para coger comida para los niños. Salió y vio en la calle un tanque con una enorme bandera ucraniana. Llegó al final de la calle, quitó la bandera y disparó a una casa, destruyéndola completamente. La explosión tiró a mi marido al suelo. Él lo vio todo. Pero culparon a la RPD.

En otra calle, nuestra amiga Marina y su hija estaban en el baño. En su casa no hay sótano, así que se escondieron en el baño. La batalla duró mucho tiempo y la niña quería comer. Salieron, Marina fue a la ventana, al lado de la mesa. Pasaba un tanque con bandera ucraniana. No sé qué pensaron al verla en la ventana, pero dispararon directamente a la casa. Marina cubrió a su hija. Los vecinos la llevaron al hospital. Marina murió en el traslado, a medio camino entre su casa y el hospital. La niña se salvó.

Y después de la batalla empezaron la limpieza en busca de “defensores de los terroristas y los separatistas”. En las calles había 400 vehículos: Humvees, tanques, blindados, coches blindados. Dijeron que no bajáramos a los sótanos. Esperamos con los niños en la Puerta. El tanque paró justo al lado. Pregunté: “perdón, ¿van a disparar ahí?”. Y contestaron: “no, solo estamos controlando la casa y el patio”. Los vecinos tuvieron menos suerte. En la casa vivían una abuela y un abuelo, que no sabían o no creyeron que no se pudiera bajar al sótano. O tuvieron miedo de salir. Así que estaban en el sótano. Tres soldados fueron a su casa y el abuelo salió a ver qué pasaba. Abrió la puerta del sótano y, como no esperaban que hubiera nadie ahí, dispararon. Lo mataron.

Lyuda, vives con tu marido y tus hijos en Donetsk. ¿Por qué decidiste irte de Marinka?

Hacía mucho tiempo que teníamos que haber tomado la decisión. Estar ahí era muy difícil. En primer lugar, por motivos morales. Y económicamente tampoco era fácil. Sospechaban que éramos separatistas. Primero mi marido Dina. Parece que el SBU le iba a detener. Alguien de allí se lo dijo. Tuvo que huir a Donetsk. Los niños y yo nos quedamos. Entonces empezaron a sospechar de mí. Fue por un lazo de san Jorge. Alguien que vive en la zona gris se sacó una foto conmigo en 2015 cuando tenía un lazo de san Jorge en el bolso y se la enseñó al Ejercito Ucraniano. Me pusieron en una lista.

Después los tanques atemorizaron a mi hija y dejó de hablar. Íbamos por la calle cuando un tanque nos adelantó a toda velocidad. Pasó a 20cm de nosotras. Nos apartamos hacia la pared y eso nos salvó. Pero después de eso, Alina tenía mucho miedo y no quería hablar, aunque antes hablaba mucho. Tenía miedo de salir y cuando escuchaba explosiones se metía debajo de la cama. También tenía mucho miedo de los coches. Y no hablaba. Cuando llegamos a Donetsk fuimos al hospital. El médico nos mandó a un sanatorio, allí nos trataron y Alina volvió a hablar. Ahora no para de hablar. Así que la última gota fue cuando militares ucranianos quisieron violarme delante de mis hijos.

¿Cómo pasó?

Fue en julio de 2015. Estaba en casa con mis hijos. De repente aparecieron dos solados en el jardín: uno más mayor y otro joven. Dijeron que iban a sentarse a la sombra o tomar una cerveza. Bebieron durante mucho tiempo y al final estaban completamente borrachos. Dijeron que no podían salir para que no les viera su comandante y que se quedarían por la noche. Los puse en la cocina. Fui con los niños a la habitación. Mi cuñada dormía en la habitación de al lado. Por la mañana el más mayor entró en la habitación e intentó arrastrarme por el pelo. Me aferré a los niños y empezaron a gritar. Se despertaron y empezaron a gritar. Eso despertó a mi cuñada. Al final, nos robaron y se marcharon. Todo pasó delante de mis hijos. Mi hija tuvo mucho miedo, lloraba y gritaba. Pensé que algo así podía volver a pasar. Mi marido ya estaba en Donetsk así que no había nadie para ayudarme. Tenía miedo de que volvieran a aparecer por mi casa.

Esa misma noche hui a Donetsk. Hay un puente estrecho, pasé con un niño encima y el otro en la silla. Cuando íbamos por la mitad vimos dos destellos en el puesto de control de Yasinovataya. Luego empezaron los disparos. Salté del puente y cubrí a los niños. Estuvimos allí mucho tiempo. Después, agachados, corrimos al puesto de la RPD. Ahí la milicia recogió a los niños y nos llevó en coche hasta Petrovsky, donde me reuní con mi marido. Llevamos casi dos años en Donetsk. Ahora recordamos con horror lo que experimentamos en la ocupación.

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