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El negocio de la guerra

Artículo Original: Yuri Tkatchev / Timer

biznes_po_novomu_voyna_na_donbasse_dlya_nekotorih_stala_istochnikom_milliardnih_dohodov_1218-1Para unos la guerra; para otros, negocio. En el caso de la guerra de Donbass, eso es cierto al cien por cien. La realidad de la guerra ha dado pie a toda una serie de variedades de negocio, tanto para los militares como para autoridades o para los residentes más astutos de las zonas del frente.

Contrabando

Desde 2015, existe en las zonas de Donbass fuera del control del Gobierno un bloqueo impuesto por Kiev según el cual está prohibido el movimiento de la práctica totalidad de productos a través de la línea del frente y el movimiento de personas está fuertemente restringido.

El bloqueo de transporte se ha convertido en un grave problema para los residentes de la RPD y la RPL, ya que antes de la guerra, gran parte de los productos que se podían adquirir en Donetsk y Lugansk procedían de otras regiones de Ucrania.

A día de hoy el problema ha disminuido. El déficit de productos ucranianos en las estanterías de las tiendas se ha cubierto con productos de Rusia, Bielorrusia, etc. Sin embargo, los productos ucranianos no han desaparecido completamente: las Repúblicas separatistas importan de Ucrania aceite de girasol, carne (especialmente pollo), embutidos, productos químicos, etc.

No hay una forma legal de transportar productos de consumo a “ciertas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk” [como el acuerdo de Minsk se refiere a la RPD y la RPL-Ed]. Pero en estos momentos, el contrabando de productos a lo largo de la línea de demarcación se ha convertido en un negocio bien organizado.

biznes_po_novomu_voyna_na_donbasse_dlya_nekotorih_stala_istochnikom_milliardnih_dohodov_7171-1En los puestos de control oficiales (en Gorlovka, Marinka, entre Volnovaja y Elenovka, etc.), “protegen” el tráfico de productos los propios agentes de frontera. Todos los empresarios conocen perfectamente su “precio”: la tarifa de transporte de carga en los puestos de control es de dos grivnas el kilo. Así que, por ejemplo, por una furgoneta de patas de pollo habría que pagar alrededor de 3.000 grivnas [110 dólares].

Sin embargo, también hay que pagar en otros puestos de control menores a lo largo de la línea de demarcación. La Guardia Nacional, el ejército, los batallones voluntarios, hay que pagarles a todos. El precio es, según una fuente que habitualmente suministra pollos a algunas tiendas de Gorlovka, de unas 300 grivnas [10 dólares]. Según esta fuente, en la ruta entre Konstantinovka y Gorlovka existen “seis puntos de recogida de impuestos”, así que los “gastos adicionales” para el envío de 1,5-2 toneladas asciende a 6.000-8.000 grivnas [220-300 dólares]. Eso supone un aumento del 15-20% de los gastos habituales (gasolina, etc.) del transporte de los productos. Obviamente, los consumidores acaban pagando esos costes adicionales.

Según nuestros interlocutores, cualquier día en un puesto de control como, por ejemplo, el de Marinka supone un beneficio diario de alrededor de dos millones de grivnas [más de 73.000 dólares] de esta “institución”. De ello, los agentes únicamente reciben unas migajas, 100-200 grivnas al día. La mayor parte va a sus “superiores”, que a su vez lo reparten con sus “superiores”. Se rumorea que la cadena termina en el número 10 de la calle Akademika Bogomoltsa, donde se encuentra el Ministerio del Interior de Ucrania.

El contrabando no solo supone beneficios para los agentes de fronteras: además de los pasos oficiales de la línea de demarcación, existen otros informales a lo largo de las carreteras locales. Es ilegal cruzar así, pero el paso de mercancías a través de estos pasos también es una importante fuente de ingresos.

En estos casos, el principio de definición de las “tarifas” es diferente: el pago no se realiza en base al peso, sino a los productos que se transporten. Por ejemplo, el paso de un camión con una carga de aceite de girasol por un puesto de control militar costará alrededor de 10.000 grivnas [casi 370 dólares]. En la frontera, costaría dos o tres veces más. Sin embargo, los empresarios con los que hemos podido contactar afirman que el Ejército Ucraniano no es un socio fiable.

“El ejército oscila constantemente, siempre hay algún cambio, registros, búsquedas. Y al final, o pagas o se pierde el dinero y la carga”, explicó un empresario de Donetsk. El empresario explicó que los soldados son el primer objetivo de los grupos que llevan el contrabando, ya que gran parte de la carga pasa por los agentes de frontera. El motivo es simple: los soldados pueden romper el bien organizado negocio, tapado por las autoridades.

Productos vivos

El Gobierno no solo impuso restricciones al transporte de productos a través de la línea de demarcación sino también al movimiento de personas. Para pasar del territorio de las Repúblicas a territorio ucraniano y viceversa, es necesario un permiso especial. Además, existen estrictas limitaciones a lo que las personas pueden transportar: no pueden cargar más de 50kg de carga, no más de 200 cigarrillos y un litro de alcohol.

El paso de los puestos de control supone un reto considerable para los residentes locales. La infraestructura no se corresponde con las necesidades, por lo que, en el mejor de los casos, es necesario esperar tres o cuatro horas en la cola. En ocasiones, por motivos desconocidos, la espera se puede alargar a diez o doce horas. Prácticamente cada residente de Donbass que cruza la frontera puede contar historias sobre cómo se ha visto obligado a pasar la noche esperando al no haber podido cruzar el puesto de control antes del cierre.

biznes_po_novomu_voyna_na_donbasse_dlya_nekotorih_stala_istochnikom_milliardnih_dohodov_8480La demanda crea oferta y a día de hoy hay varias formas de acelerar el paso de la cola. Está extendida la práctica del cambio de papeles: para ganar algo de dinero, los hay quienes venden su puesto en la cola. En ocasiones, estos comerciantes alargan las colas restando posibilidades reales de cruzar la frontera antes del cierre. Así que quienes realmente necesitan cruzar se ven obligados a pagar o esperar al día siguiente, sin ninguna garantía de que la misma situación no vaya a repetirse.

Los agentes son conscientes del problema e incluso prometen hacer algo al respecto (algunos han publicado incluso un número de teléfono al que llamar para tratar el tema). Sin embargo, estas colas artificiales no infringen ninguna ley, así que no se puede hacer nada al respecto desde el punto de vista legal. Y la población de Donbass está convencida de que estos comerciantes trabajan compinchados, y comparten beneficios, con los agentes de frontera. El precio de adelantar el puesto en la frontera varía según la situación. El precio medio es de 200-300 grivnas [sobre 10 dólares], aunque puede llegar a las 500, 600 o incluso 1.000 grivnas [36 dólares].

El personal de los puestos de control tampoco es contrario a ganar dinero. Concretamente, prácticamente todas las personas con las que hemos contactado para discutir este tema, se quejan de que la cola “preferente” es mucho más corta que la del resto de los mortales. Las colas preferentes existen por motivos legítimos: están pensadas para que personas con enfermedades, personas mayores o familias con hijos puedan pasar más rápidamente.

En teoría, en el puesto de control se debe comprobar si los pasajeros de cada vehículo cumplen las condiciones para acceder a la vía preferente. De no ser así (si no poseen, por ejemplo, documentos que acrediten la enfermedad de uno de los pasajeros), los vehículos deben regresar a la vía regular. Sin embargo, en la práctica, residentes de Donbass denuncian que muchos “enfermos y personas mayores” se mueven en vehículos de alta gama y que tienen aspecto más saludable que quienes esperan en la cola de segunda.

Sin embargo, según la población de los territorios fuera de control del Gobierno con la que hemos contactado para discutir este tema, la extorsión “infinita” con la que se encontraban en 2014 prácticamente ha desaparecido: la mayor parte de los sobornos buscan ocultar infracciones menores o de más gravedad. Por ejemplo, viajar con un permiso expirado cuesta 200-300 grivnas [sobre 10 euros]. Por el mismo precio, los agentes de frontera mirarán para otro lado ante infracciones de las normas de transporte de carga personal. Pasar el puesto de control sin los documentos necesarios cuesta 500 grivnas. Este servicio también está disponible, aunque nuestras fuentes no recomiendan negociar directamente sino utilizar un intermediario, por ejemplo, los taxistas.

Personas que mueren por el metal

El comercio de chatarra en Ucrania es en una forma de ganar dinero que se ha consagrado con el tiempo. Muchos de los oligarcas que ahora brillan en las listas de Forbes, ganaron sus primeros millones vendiendo chatarra: generalmente, el equipamiento de fábricas soviéticas paralizadas. La guerra en Donbass ha dado una nueva vida al comercio de la chatarra.

La chatarra que fluye a lo largo de toda la zona ATO tiende a “extraerse” fundamentalmente, de los restos abandonados en localidades cercanas al frente. En esta tarea parece no haber distinción entre quienes buscan ganar algo de dinero y grupos bien organizados de saqueadores. “Destruyen las tuberías, cortan los cables, las puertas y vallas de metal”, cuenta un residente de la localidad de Zaitsevo, Gorlovka. “Habitualmente eligen lugares deshabitados desde hace tiempo. En ocasiones, vigilan unos días para ver si los residentes regresan. Si no ven a nadie, llegan por la noche con un camión y se lo llevan lleno”.

Por eso, las comunidades o barrios alejados de las principales ciudades en las que la población ha tenido que marcharse por la cercanía a la línea del frente, intentan volver a las casas y crear cierta apariencia de vida. Unas veces ayuda, otras no.

La venta de productos robados (no se puede calificar esta práctica de otra manera) se produce en las ciudades de Donbass controladas por Kiev y en las regiones cercanas: Konstantinovka, Artyomovsk, Mariupol, Schastye, Pavlograd. Para el receptor de esta chatarra, el origen de la misma debe permanecer oculto, lo que se consigue por la vía habitual: cobrar tres grivnas por kilo en lugar de cinco. Pero el dinero sigue siendo más que abundante: en una salida a la zona gris, un equipo de saqueadores puede ganar 30-40.000 grivnas [1.100-1.400 dólares].

Se dan también situaciones curiosas. Por ejemplo, en el año 2014, llegó a uno de los puntos de recepción de chatarra de Konstantinovka… un blindado destrozado con símbolos de la RPD.

Las autoridades de ambos lados de la línea del frente tratan de luchar contra los saqueos. Sin embargo, la lucha es débil y cuenta con grandes dificultades y peligros: los saqueadores están armados y a menudo operan con el apoyo de comandantes de diferentes partes del ejército.

Otra forma de ganar dinero es la venta de restos de munición. Estos restos, fabricados con metales no ferrosos (cobre, latón), que supone buenas ganancias: por ejemplo, los restos de proyectiles de howitzer D-20 pueden dar alrededor de 1.500 grivnas.

En los primeros años de la guerra, la venta de restos de munición era una forma muy común de conseguir un dinero extra para los soldados del Gobierno. Con el tiempo, el Estado ha intentado controlar el sector: los comandantes de las unidades están obligados a recoger y entregar los restos de casquillos, que posteriormente se reciclan. A menudo es necesario contar cada cartucho, aunque eso no elimina las oportunidades para el fraude y manipulación.

biznes_po_novomu_voyna_na_donbasse_dlya_nekotorih_stala_istochnikom_milliardnih_dohodov_7559-1Teniendo en cuenta el problema y con la intención de solucionarlo a base de control, ha quedado estrictamente prohibido recoger restos y hacerlo puede suponer un problema. Así que quien intente vender, por ejemplo, un puñado de restos de casquillos en un centro de reciclaje normal, puede que sea rechazado. Sin embargo, estos productos cuentan con puntos de recepción específicos, pequeños comercios que procesan estos “productos”. Son procesados y después enviados a Dnipropetrovsk y Zaporozhia, donde se considera chatarra.

La idea es que acabar con la recogida ilegal de chatarra debería ser lo suficientemente sencilla si existen los suficientemente estrictos controles de movimiento de vehículos con material reciclable y si se controlan los documentos. Es lo que está ocurriendo: el SBU informa regularmente de detenciones de “maestros del metal” con material fresco. Sin embargo, la victoria en este frente aún está lejos, especialmente teniendo en cuenta que algunas fuentes existen chatarreros autónomos, pero también los que comparten sus ganancias con los empleados del SBU y trabajan sin encontrar ningún problema.

Finanzas

Otro aspecto del bloqueo de Donbass es el cese de las operaciones bancarias entre los territorios fuera de control del Gobierno y Ucrania. Aunque las Repúblicas no reconocidas han creado su propio sistema bancario, eso no ha solucionado todos los problemas. Por ejemplo, algunos empleados de organizaciones comerciales siguen recibiendo su sueldo en grivnas en tarjetas bancarias, pero no hay ningún lugar en el que obtener ese dinero en la RPD. Se puede, por supuesto, hacer uno de los regulares viajes al territorio controlado por el Gobierno y sacar allí el dinero. Sin embargo, las opciones no pasan solo por cruzar la línea del frente. En los territorios fuera de control del Gobierno aparecieron rápidamente negocios que suministran servicios de retirada de efectivo con tarjetas bancarias en el momento. Funciona así: se transfiere el dinero por internet de una cuenta a otra y los empleados de la empresa entregan el dinero restándole una tarifa. Inicialmente, la tarifa de servicio era del 10%, ahora se ha moderado hasta el 5%.

biznes_po_novomu_voyna_na_donbasse_dlya_nekotorih_stala_istochnikom_milliardnih_dohodov_2032-1Para eso es evidente que es necesario contar con alguien al otro lado de la línea del frente, para quienes participar en este tipo de negocio supone un riesgo de que sean acusados de delitos como financiar el terrorismo. Las malas lenguas cuentan que existe un mecanismo para destapar este tipo de grupos criminales en Ucrania y que quienes continúan ejerciendo estas actividades, lo hacen por la protección de informadores y agentes de la ley.

Pese a la apariencia simple, quienes se dedican a estas actividades mueven cantidades desorbitadas de dinero. Por ejemplo, solo los empleados de las empresas de Rinat Ajmetov en los territorios fuera de control del Gobierno reciben, al mes, sueldos por valor de mil millones de grivnas, lo que da a los intermediarios cincuenta millones de grivnas al mes [casi dos millones de dólares]. Y eso es solo la punta del iceberg.

Comercio mortal

El contrabando de armas ya existía antes de la guerra, pero lo ocurrido en 2013-2014 ha supuesto nuevos horizontes para los traficantes. El hecho es que no es un secreto para nadie que el camino que recorre ahora mismo Ucrania no es comparable a los tiempos de paz, como tampoco lo es que las armas llegan a las ciudades lejos de la zona ATO. En el año 2014, apenas hubo problemas para suministrar armamento en Donbass para cualquier participante en las acciones militares.

“Creo que se llevó algún suvenir del frente al menos uno de cada tres”, cuenta un soldado desmovilizado a finales de 2014 de la 28ª Brigada Mecanizada que prefiere mantenerse en el anonimato. “Muchos lo hicieron sin maldad, solo para chulear delante de sus amigos. Un colega me dijo que se había traído una granada y ahora no sabía qué hacer con ella. No la podía tener en casa porque tenía hijos, ¿qué pasa si de repente explota? Así que, según dijo, la metió en una bolsa y la tiró a la basura. Le dije: ¿eres idiota? ¿Qué pasa si alguien la encuentra y explota? Y dijo: sí, seguramente ha sido una estupidez”.

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En el año 2014, para transportar armamento solo había que meterlo en bolsas y meter las bolsas en el maletero. Se llegó a registrar incluso algún intento de enviar armas y munición por correo. Con el tiempo, al darse cuenta del problema, las autoridades ucranianas comenzaron a ocuparse: se establecieron controles y se empezó a inspeccionar al ejército y los vehículos que viajaban de la zona ATO. Así descendió el contrabando no organizado. Su lugar lo ocupó el contrabando organizado.

“No teníamos los medios técnicos para encontrar las armas ocultas. Creo que todavía no los hay”, cuenta Sergey, que sirvió en uno de los puestos de control de la región de Lugansk. “Sí, si alguien lleva una pistola o una ametralladora entre sus cosas, podemos encontrarlo si lo inspeccionamos, pero inspeccionar a todos en la fila simplemente no es realista. Algunos se ven y otros se pasan. Y para quienes esto es un negocio serio, toman medidas para que no encontremos nada, así que es prácticamente imposible”.

Muchas de las armas que salen de la zona ATO son portadas por voluntarios o personas que utilizan la actividad de los voluntarios como tapadera. “Llevan comida y ropa para tapar que llevan armas. En las camionetas hacen compartimentos especiales para esconder las armas: debajo de los asientos y demás. Identificar dichos casos es posible solo si se sabe quiénes son. Y no sabemos”, explica Sergey. “Hacen falta perros entrenados, un escáner, aparatos técnicos. Y no hay nada de eso”.

Las armas provienen del ejército. De hecho, habitualmente se trata de grupos criminales bien organizados, compuestos por oficiales corruptos y mensajeros que transportan las armas del frente a la retaguardia o a traficantes a los que se les venden las armas en el momento.

Existen casos en los que granadas se venden en los mercados junto a las patatas y las manzanas, aunque son prácticamente anecdóticos. Normalmente, el tráfico de armas se realiza por internet y los pagos, a través de diversos sistemas de pago.

Sin embargo, no siempre las armas están destinadas a la venta: en ocasiones van directamente a bandas criminales de antiguos miembros de ATO y en otras ocasiones, a los almacenes de una variedad de organizaciones extremistas.

Lo más sencillo de conseguir son granadas y lanzagranadas, ya que no hay tantos controles. Otras armas están sujetas a controles más estrictos, aunque también es posible solucionar ese problema: se registran como destruidas en la batalla. En 2014-2015, una parte significativa de las armas que circulaban en el mercado negro eran armas “capturadas” por los soldados del Ejército Ucraniano durante la batalla. Y viceversa.

A consecuencia de la venta ilegal, el precio de las armas en Ucrania es sorprendentemente bajo: se puede comprar una granada por 300-400 grivnas [11-15 dólares], un lanzagranadas por 1000 grivnas [37 dólares], una pistola por 5.000-6.000 grivnas [185-200 dólares] y un Kalashnikov por 10.000-12.000 grivnas [370-400 dólares].

Sin embargo, el problema va más allá de Ucrania. Armas de ATO llegan ilegalmente a Rusia, Bielorrusia y Europa (Bulgaria, Rumanía e incluso Francia). Y según los rumores, algunas han llegado incluso más lejos, por ejemplo a Siria, Irak o Afganistán.

A día de hoy es imposible saber cuánto dinero se ha ganado durante la guerra en Donbass, pero hay algo que está claro: la sangre de ciudadanos ucranianos sirve para muchas cosas. A diario la guerra supone grandes beneficios económicos para personas bien colocadas. Es por eso que, pese a las garantías de todos los bandos de que buscan una solución al conflicto, la guerra continúa sin un final a la vista.

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