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Guerra Civil, Historia, Limpieza étnica, Ucrania

El trágico aniversario de Talerhof

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Articulo Original 

Traducción de Nahia Sanzo

“El pasado no está muerto ni enterrado. De hecho, ni siquiera es pasado” 
-William Faulkner, Réquiem para una mujer

Se cumple un siglo de la creación del primer campo de concentración. Fue en la Galicia ucraniana y estaba pensado para rusos y cristianos ortodoxos del este.

El 4 de septiembre de 2014 marca los cien años desde la tragedia de los campos de concentración de Talerhof (Thalerhof) y Terezin (Theresienstadt), donde decenas de miles de víctimas encontraron su violento final, mártires de la fe ortodoxa, por negarse a traicionar sus creencias, por negarse a sentirse ucranianos.

El año 2014, profético y violento como está siendo, supone un aniversario simbólico de dos trágicos hechos de nuestra historia: 100 años desde el inicio de la Primero Guerra Mundial y 100 años des de que la sangre de los mártires se derramara en los campos de concentración de Talerhof y Terezin. Sí, los primeros campos de concentración de la historia estaban predestinados para encarcelar a rusos. El 4 de septiembre de 1914, día en que se abrieron las puertas del infierno de Talerhof, se convirtió en un día de tristeza, no solo para los ortodoxos de Rutenia o Transcarpatia, víctimas de la horrible tiranía a manos de los compinches del Vaticano, sino para todo el mundo ruso en general. No es un accidente que la primera gran guerra y los primeros campos de concentración deshonraran nuestra existencia, como dos hordas de Satán en un golpe de traición que llevó a la exterminación de las criaturas de Dios a una escala hasta entonces inimaginable. La guerra y el campo, productos de la misma factoría con sede en el submundo, se convirtieron en los instrumentos de aniquilación de la raza humana en la era industrial.

Entre 1914 y 1917, el Gobierno Austro-Húngaro, con el apoyo explícito de Alemania y participación directa de Polonia, procedieron al exterminio sistemático de la población ortodoxa de Transcarpatia, Galicia y Bukovina. Los investigadores estiman que había entre 3,1 y 4,5 millones de población rutena en el Imperio Austro-Húngaro a principios del siglo XX. Esta población fue sometida a la mayor de las persecuciones, mofas, indignidades, torturas y asesinatos. Decenas de miles de rutenos pagaron con sus vidas por su lealtad a su fe y a sus orígenes y por su derecho a seguir siendo rusos.

La segunda mitad del siglo XIX supone un renacimiento en la cultura rutena en el Imperio Austro-Húngaro. La población volvía a ser plenamente consciente de su lugar en la cultura pan-rusa, de su parte en el universo ruso indivisible desde Kamchatka a los Cárpatos. De hecho, los líderes de las organizaciones nacionales rutenas en Bukovina, Galicia y Transcarpatia eran partidarios de la idea de la gran Rusia unida. Identificarse como ucraniano no era entonces un término que se refiriera al origen, sino un tipo de marca política que describía a la minoría anti-rusa.

suleak-rusiny-5Los gobernantes del Imperio Austro-Húngaro, preocupados por el repentino resurgimiento de la fe ortodoxa, respondieron con arrestos masivos entre los rusos de Transcarpatia y Bukovina. Buscando un antídoto al sentimiento pro-ruso, el Gobierno imperial creó, y luego alentó, el crecimiento del llamado despertar étnico: la noción de la etnia y la nación ucraniana entre las partes de la población susceptibles a tal subversión. La idea de la nación ucraniana fue creada por los genios polacos y austriacos con la intención de atraer a los ortodoxos a una variación artificial del catolicismo y hacia una nueva lengua ucraniana creada artificialmente. Pero los campos de concentración de Terezin y Talerhof mostraron la verdadera cara de la reacción del catolicismo ilustrado europea ante el renacimiento de la fe ortodoxa en su periferia. Esta fue la reacción del prototipo de la Unión Europea moderna, que aún no había adoptado como lema la bandera de la tolerancia y demás palabras vacías, a la reaparición del mundo ruso, la Tercera Roma, la sagrada Rusia.

En “El terror en Galicia 1914-15”, Yavosky aporta este terrible testimonio: “se llevaban a cualquiera sin ningún tipo de procedimiento, a cualquiera que se hiciera llamar ruso, a quien tuviera nombre ruso, a cualquiera que leyera, incluso en secreto, un periódico ruso, un libro, tuviera algún icono, incluso una postal. Arrestaban por igual a intelectuales que a campesinos, hombres o mujeres, jóvenes o ancianos, sanos o enfermos. Su principal objetivo, como no, era el clero ortodoxo, esos líderes desinteresados de las congregaciones, la sal de la tierra, la esencia de las tierras rusas de Galicia. Ellos tuvieron que soportar la mayor crueldad: fueron atormentados, torturados, humillados, enviados de una prisión a otra en las que se morían de hambre y de sed antes de ser golpeados hasta perder el conocimiento, encadenados y finalmente ejecutados por un pelotón de fusilamiento o ahorcados… Innumerables víctimas inocentes, insoportable sufrimiento, martirio sangriento, ríos de lágrimas de los huérfanos”.

Fue un genocidio, una limpieza étnica dirigida contra los rusos y los ortodoxos. Reunían a pueblos enteros regularmente: mujeres, niños, ancianos, bebés, más de 100.000 rutenos fueron físicamente exterminados por el Imperio. Es revelador que durante el invierno de 1915, el campo de concentración de Talerhof ni siquiera tuviera barracones. Los internos tenían que vivir sus últimos días al aire libre, ya lloviera, nevara o hiciera sol. Los ahorcaban, disparaban o apuñalaban. Pero antes de ser ejecutados eran sometidos a terribles torturas: les cortaban los dedos, labios, orejas o extremidades. Otras 150.000 personas perecieron en los mismos campos de concentración a causa de enfermedades, congelación o hambre. Cientos de miles de personas lograron escapar al exilio. El único “crimen” de estos perseguidos era su negativa a convertirse en “ucranianos”, a aceptar al Papa como su santidad y a traicionar su fe ortodoxa y etnia y lengua rusa.

1409831071_4Estos terribles crímenes no son algo que guste recordar en la Europa moderna. Uno de los pocos recuerdos es un memorial en el cementerio de Lychakovksi en Lviv. Grabado en la piedra reza: “A las víctimas de Talerhof-Galicia Rusa”. En aquel momento, Rusia no intervino para salvar las vidas de sus hermanos de Ucrania occidental. Hoy, cien años después, la historia se repite y los hechos siguen un patrón familiar que presagia una tragedia inmediata. La guerra y los campos de filtración están dirigidos una vez más a una víctima familiar, que se identifica por dos características: son rusos y son ortodoxos. En los mil años de guerra permanente entre el catolicismo y la ortodoxia, este y oeste, cristo y anticristo, el último siglo se ha convertido en el más sangriento. Mientras lee estas líneas, las hordas de nuevos caínes, ucranianos fratricidas poseídos siguen derramando sangre de sus hermanos en las tierras de Donbass y se construyen nuevos campos de filtración en Zhdanovka (provincia de Donetsk) y Martynovka (cerca de Nikolaev). Según las declaraciones oficiales, estas estructuras, rodeadas por altos muros y alambres, no son más que para “alojar temporalmente a inmigrantes ilegales”. Pero Michail Koval, un algo cargo del Ejército Ucraniano, ha admitido públicamente un objetivo completamente diferente: “Realizaremos una filtración completa de la población. Emplearemos ciertas técnicas de filtración para asegurarnos que nadie, incluidas las mujeres, sigue teniendo simpatía por los separatistas. Por supuesto, separaremos a hombres y mujeres para el tratamiento… Después de la filtración, realojaremos a aquellos que consideremos de fiar en regiones remotas… También prestaremos atención a los participantes en la “guerra de la información”. Nuestras fuerzas especiales investigarán ordenadores, conexiones telefónicas, amigos, etc.”.

1914 vuelve a repetirse. ¿Encontrará Rusia la Fortaleza spiritual y valentía para detener el ataque de las fuerzas oscuras esta vez? Del resultado depende nuestro juicio final.

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