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Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, Járkov, Kursk, Rusia, Ucrania

Kursk y Donetsk

El pasado 17 de mayo, las tropas rusas cruzaban la frontera entre los oblasts de Belgorod y Járkov para avanzar sobre algunos de los territorios que Rusia había perdido tras la rápida ofensiva ucraniana de septiembre de 2022. Aunque durante semanas se había hablado de la posibilidad de que las tropas rusas lanzaran una ofensiva, la operación terrestre sorprendió a Ucrania escasamente preparada. Saltaron todas las alarmas y se llegó a decir que Rusia había llegado sin dificultad a la primera línea de defensa ucraniana e incluso que la había roto. Sin embargo, el muy reducido número de efectivos con el que contaba la Federación Rusa en la región hacía inviable pensar que se tratarse de una gran ofensiva que pudiera poner en peligro la ciudad de Járkov o incluso aproximarse seriamente a la segunda ciudad de Ucrania. Con relativa rapidez, Kiev movilizó reservas y trasladó a la zona a algunas unidades que luchaban en zonas comprometidas de Donbass, con lo que el frente se estabilizó y la lucha se ha mantenido sin que Rusia logre ningún éxito estratégico ni táctico. Es más, se lucha aún en Volchansk, a escasos 8 kilómetros de la frontera rusa, sin grandes posibilidades siquiera de capturar la pequeña ciudad. Estirar el frente y obligar al enemigo a desviar recursos de zonas más importantes eran los únicos objetivos que Rusia podía cumplir con un ataque que se estancó completamente hace más de dos meses.

El martes, Ucrania inició un ataque sobre la región de Kursk que puede considerarse similar. “Tras varias horas de combates, la situación en torno a las localidades fronterizas es difusa y dinámica, pero varios de estos pueblos (Nikolaevo-Darino, Dar’no, Sverdliokovo, Oleshnia y Gogolevka) están al menos fuera del control ruso o rodeados por tropas ucranianas que aún no han sido expulsadas del territorio ruso”, afirmaba Suriyak, una fuente generalmente optimista en lo que respecta a las perspectivas rusas en el frente. La misma fuente insistía desde ese primer momento en que el ataque no es comparable a las redadas transfronterizas realizadas por grupos como el RDK y otras formaciones del GUR afiliadas al Ministerio de Defensa que, al menos formalmente, están compuestas por soldados de origen ruso. Con esas redadas, Ucrania buscaba únicamente desestabilizar la situación interna en Rusia, demostrar que Moscú no controla sus fronteras y causar caos en el país, todo ello alegando -de forma cínica e imposible de tomarse en serio- que se trataba de cuestiones internas o levantamientos de grupos autóctonos partisanos y no grupos armados, financiados y enviados por Ucrania.

El actual ataque, aunque de destino incierto, es diferente y está realizado por las Fuerzas Armadas de Ucrania. “En este caso un gran número de soldados ucranianos participan en el ataque, que ha sido bien planeado en los meses anteriores y ha causado importantes pérdidas a los soldados rusos en los alrededores de la localidad de Sudzha”, escribía Suriyak. A lo largo del martes y, sobre todo, del día de ayer, se publicaron en las redes informaciones previsiblemente contradictorias de la situación sobre el terreno. A la confusión contribuye el relativo silencio de las autoridades ucranianas, posiblemente a la espera de la reacción de su principal aliado, Estados Unidos.

El martes se reportaban los primeros heridos entre la población civil de Kursk y comenzaban a circular imágenes sobre daños en instalaciones evidentemente civiles, incluso viviendas. No es descartable que el ataque tenga como uno de sus objetivos probar la tolerancia de los aliados occidentales en busca de una permiso más amplio de uso de todo tipo de armamento, no solo drones o misiles sino también tanques y vehículos blindados, en las zonas de frontera. Tras las palabras de ayer de Matthew Miller, Rusia sabe ya que Ucrania dispone del beneplácito de su principal proveedor para realizar ofensivas terrestres utilizando armamento occidental en la Federación Rusa.

La primera conclusión del ataque es la debilidad de las aldeas de frontera, algo que ya comprobó Ucrania el pasado mayo. El frente vuelve así a extenderse aún más al norte, lo que obliga a Rusia a enviar reservas a un territorio lejano y aparentemente seguro, pone en duda su capacidad de defender sus fronteras y deja claro que, pese a las dificultades en otros sectores, Kiev sigue siendo capaz de iniciar operaciones militares de cierto calibre, algo que puede repetirse a lo largo de la extensa frontera rusoucraniana.

Rusia, por su parte, ha exigido a la comunidad internacional la condena de los “ataques criminales del régimen de Kiev contra territorio ruso” en un ataque que el presidente ruso ha calificado de “provocación”, aunque la situación es lo suficientemente seria como para que las autoridades rusas hayan mostrado la imagen de Vladimir Putin y el jefe del Estado Mayor Gerasimov planificando qué hacer. Por el momento, Rusia intenta mantener la calma y, en esa reunión virtual, se aseguró que “el enemigo será derrotado”. Contrasta con ese afán de restar relevancia a lo ocurrido la reacción de otras fuentes rusas, para las que la credibilidad del Ministerio de Defensa vuelve a quedar en entredicho. Rybar, por ejemplo, reprochaba a las autoridades el envío para la defensa de la frontera de reclutas escasamente preparados, que tienen que enfrentarse a un ejército curtido en la guerra. No son de extrañar así las imágenes que Ucrania ha proporcionado de un grupo relevante de soldados rusos capturados. Ante el desequilibrio de prisioneros de guerra -muy superior el número de soldados ucranianos en manos rusas-, Kiev consigue así ampliar su fondo de prisioneros de guerra.

El centro del ataque está ahora mismo en la localidad de Sudzha, cuyo control está disputado. “La situación en los distritos del sur de la región de Kursk sigue deteriorándose”, escribía ayer por la tarde Boris Rozhin, Colonel Cassad, que añadía que “existe cierta probabilidad de perder Sudzha y los informes sobre la estabilización de la situación están, por decirlo suavemente, embelleciendo la realidad”. La localidad es importante al estar situada junto al gasoducto Druzhva -Amistad-, por el que transita el gas ruso hacia la Unión Europea. Destruir o lograr que el combate destruya el gasoducto sería una victoria para Ucrania, especialmente si se produjera en territorio ruso.

Según Suriyak, Ucrania habría capturado 187 kilómetros cuadrados de territorio ruso -gran parte despoblado y abandonado por las tropas rusas para evitar la batalla cuerpo a cuerpo y priorizar el uso de aviación y artillería-, solo ligeramente inferior a los 210 que Rusia capturó en Járkov. La fuente añadía que la operación no tiene la capacidad de modificar el desarrollo de la guerra y tampoco de hacer descarrilar el avance ruso en Donbass. Es ahí donde radica la principal diferencia entre la operación rusa en Járkov y la ucraniana en Kursk. Mientras que la de mayo se realizó en un momento de dinámica favorable, las tropas rusas ya se mostraban superiores a las ucranianas, la actual se da en una coyuntura negativa para Ucrania en el frente más activo, el de Donetsk. “La situación en la dirección de Pokrovsk es crítica, con las defensas colapsadas o sin estabilizar en varias zonas, fundamentalmente a causa de la falta de personal”, escribía en las redes sociales un antiguo oficial ucraniano, que añadía que “desviar casi una brigada para lanzar un asalto que no tiene importancia estratégica en el oblast de Kursk roza la discapacidad mental”.

“Nuestras defensas están mostrando grietas”, afirmó a Financial Times un oficial de alto cargo, que calificó de “éxito táctico” el avance ruso de Donetsk, donde se prevé la continuación de la tendencia. Al contrario que las tropas ucranianas en Kursk, donde se atacan aldeas no defendidas o pequeñas localidades sin fortificar -algo que ha causado quejas entre las fuentes rusas, especialmente teniendo en cuenta la importancia del gasoducto que atraviesa la región-, Rusia avanza sobre algunas de las zonas más fortificadas de la línea del frente. El contraataque ucraniano en Kursk busca, al menos en parte, obligar a Rusia a desviar su atención de batallas como la de Chasov Yar o el acercamiento a Pokrovsk, cuya pérdida haría descarrillar toda la logística de la parte sur del frente del este. Rusia avanza de forma sólida en esa dirección, aunque ahora tenga que concentrarse en defender un sector en su propio territorio.

Al igual que ocurriera en el caso de Járkov, el éxito de la operación en Kursk no solo se medirá en territorio bajo su control o soldados perdidos -las bajas ucranianas que ha mostrado Rusia parecen significativas- y capturados, sino en el efecto que tenga sobre el equilibrio de fuerzas en frentes más activos como el de Donbass.

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