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Apoyo militar y diplomático

Como ya se había especulado desde días anteriores, el jueves por la mañana, los diferentes servicios de prensa de los gobiernos de Alemania, Francia e Italia anunciaron la llegada de sus jefes de Estado o de Gobierno a Kiev. La visita más importante desde el inicio de la intervención rusa -en realidad, la visita diplomática de más alto nivel desde hace varios años- coincide con un momento en el que Ucrania está intentando explotar las bajas ucranianas y la superioridad militar rusa para obtener más asistencia militar y económica de sus socios. Tras las palabras de Zelensky o Arestovich, que habían cifrado las bajas diarias del Ejército Ucraniano entre 60 y 150 soldados fallecidos (a los que hay que sumar un número al menos cuatro veces superior de heridos), el último oficial ucraniano en alertar sobre el problema ha sido David Arajamia. El líder de la facción parlamentaria del partido del presidente, Servidor del Pueblo, y líder de la delegación ucraniana en las negociaciones con Rusia, cifró en una entrevista concedida al medio estadounidense Axios, entre 200 y 500 las bajas mortales que Ucrania sufre actualmente a diario solo en la batalla de Donbass.

El discurso oficial persiste en la idea de la superioridad de los soldados ucranianos en el frente y explota el alto número de bajas alegando que es solo la falta de artillería la que está causando el desequilibrio. De ahí que, para las autoridades ucranianas, la solución no sea la vuelta a las negociaciones sino un suministro de armas tan masivo que, según The Guardian, supondría la entrega de todo el arsenal estadounidense de howitzers. Agotadas las reservas de armamento soviético en el este de Europa y limitada la capacidad militar del oeste del continente, el Reino Unido y Estados Unidos son las esperanzas ucranianas a la hora de cumplir los deseos publicados esta semana por el asesor de la Oficina del Presidente Mijailo Podoliak.

Dispuesto a garantizar la continuidad de una guerra contra Rusia que le favorece militar y políticamente, Estados Unidos continúa prometiendo el envío de más armamento. Ayer mismo, Washington prometía enviar, entre otro equipamiento, 18 howitzers de 155mm, una cifra muy alejada de los mil solicitados por Podoliak en nombre del Estado ucraniano. Y según medios ucranianos, Estados Unidos aboga por utilizar la artillería occidental contra las ciudades rusas especialmente protegidas por la defensa antiaérea rusa. Washington no solo utiliza la guerra para estimular las ventas y la producción de su industria militar, sino que pretende usarla para probar en combate la eficiencia de sus armas contra el armamento ruso.

La llegada de Emmanuel Macron, Olaf Scholz y Mario Draghi a Kiev respondía a un doble objetivo político que va más allá de escenificar el apoyo de la Unión Europea a Ucrania en la guerra contra Rusia. Por objetivos de política interior como exterior, especialmente en el caso de Francia y Alemania, era precisa una imagen de unidad y de apoyo en busca de aplacar las críticas. La relativa moderación del canciller alemán y su intento de limitar el envío de armamento pesado para garantizar que la guerra no se extienda más allá de sus actuales fronteras han hecho del canciller alemán la víctima propiciatoria de los ataques de la prensa y de la diplomacia ucraniana, especialmente del fanático embajador ucraniano en Alemania Andriy Meljnik. Macron, por su parte, había sido criticado por el presidente ucraniano, no solo por haber continuado dialogando con Vladimir Putin, sino por sus recientes palabras sobre la necesidad de llegar a una negociación entre Rusia y Ucrania que daba a entender que Kiev habría de realizar concesiones territoriales.

Estrictamente dentro del guion establecido, los tres líderes europeos se manifestaron, al menos en público, según lo esperado: todos ellos reafirmaron su apoyo a Ucrania y, pese a mencionar la posibilidad de negociaciones con Rusia, lo hicieron dejando claro que sería Kiev quien decidiera el momento y la forma de dicho diálogo. En los mismos términos se manifestó también Estados Unidos, que afirmó ayer que no presionará en lo que respecta a concesiones territoriales. Sin embargo, al igual que los países europeos, también Estados Unidos mencionó que discute con Ucrania la posibilidad de reanudar algún tipo de negociación.

Más allá de las palabras públicas, gran parte de la especulación sobre el contenido de las negociaciones de ayer en Kiev se refiere precisamente al intento europeo de favorecer una negociación como forma de salida a un conflicto que está afectando ya a la economía de la Unión Europea y que puede hacerlo aún más en caso de alargarse o extenderse. “Cuando llegue el momento de acabar el conflicto, Ucrania debe determinar la forma de negociación. Ni Francia ni Alemania van a negociar por su cuenta con Rusia sobre Ucrania”, afirmó Macron, que sí quiso dejar claro que la UE participará en las negociaciones aunque “nunca negociaremos en nombre de Ucrania”. Sin embargo, la presencia de Mario Draghi en la delegación no responde únicamente a una demostración de unidad de los países más potentes de la Unión Europea. Fue Italia quien hace unas semanas presentó una propuesta de plan de paz que, según fuentes ucranianas, pretende ser presentado por los líderes de la UE como base inicial de una posible negociación.

El plan prevé el retorno a Ucrania de todos los territorios según las fronteras internacionalmente reconocidas, es decir, no solo los territorios capturados por Rusia desde el 24 de febrero y Donbass, sino también Crimea. Aunque estos territorios dispondrían de cierta autonomía y la capacidad de garantizar su seguridad, la propuesta implica unas concesiones territoriales por parte de Rusia inviables para Moscú, que únicamente podría acceder a ellas en caso de ser militar o económicamente derrotada.

La parte más realista del plan italiano, que se iniciaría con un alto el fuego y desmilitarización de la línea del frente -algo también inviable en estos momentos en pleno apogeo de la batalla de Donbass-, comporta la renuncia de Ucrania a sus aspiraciones de entrada en la OTAN a cambio de un acceso rápido a la Unión Europea. Las declaraciones de los líderes europeos ayer en Kiev apuntan en esta dirección: todos ellos se mostraron favorables a conceder a Ucrania el estatus de país candidato a la entrada en la Unión Europea.

Eso daría a Kiev la victoria política que busca desde hace semanas. El presidente y sus asesores han repetido hasta la saciedad que defender a Ucrania es defender a Europa, en realidad a la Unión Europea. En la misma entrevista para The New York Times en la que implícitamente admitía que Ucrania sigue una estrategia de escudarse detrás de la población civil en la batalla por Donbass, Mijailo Podoliak exigía armas con las que Ucrania vencerá a Rusia “para que el resto de Europa pueda estar segura”. Las palabras de Podoliak, ideas repetidas también por Zelensky, tratan de presentar a Ucrania como el ejército que libra la guerra europea contra Rusia, argumento fundamental del Gobierno ucraniano para alegar haber realizado un enorme esfuerzo para acceder a la Unión Europea. En otras palabras, la guerra es el precio pagado por Ucrania para un acceso rápido a la UE. Sin embargo, es improbable que esa promesa de futuro -que como muestra el caso de Turquía no tiene por qué convertirse en realidad- sea suficiente para alentar a Kiev a realizar el radical cambio de postura que implicaría abandonar el discurso de guerra hasta el final por un retorno a las negociaciones. Aunque el Ejército Ucraniano no ha sido militarmente derrotado, la posición de fuerza de Ucrania que alega Macron choca con una realidad en la que Rusia controla la quinta parte del territorio ucraniano, avanza en Donbass y resiste con inesperada fortaleza la guerra económica. Militarmente, poco queda de esa imagen de unas tropas rusas a punto de ser derrotadas que pretendía presentar en marzo Volodymyr Zelensky, que insistía en reunirse con Vladimir Putin para mostrarle el “estado real en el que se encuentra su ejército”.

Ucrania, que no estaba dispuesta a conceder a Donbass la autonomía limitada que preveía Minsk, se mantiene firme en la negativa a realizar concesiones territoriales. Ayer, en una visita al frente de Jerson, Mijailo Podoliak insistía en la negativa a una negociación con Rusia. Horas antes, el ministro de Defensa Oleksiy Reznikov afirmaba que “las tropas rusas van a liberar nuestros territorios, incluida Crimea”. El mismo día, el general del Ejército Ucraniano Dmitro Marchenko afirmaba que Ucrania atacará el puente que une la Rusia continental y Crimea utilizando las armas occidentales. Pese a la falta de realismo, estas afirmaciones muestran el deseo de Ucrania y dejan claro que, al igual que Rusia, Kiev solo realizará concesiones territoriales -incluido aceptar la pérdida de Crimea- en caso de estar militarmente derrotada.

Además de los aspectos políticos, Macron quiso dar a la visita a Kiev también un aspecto de apoyo militar. El presidente francés anunció que Francia entregará a Ucrania otros seis obuses César, que se sumarán a los ya entregados y que han sido utilizados en el frente. Esta semana, las autoridades militares de la RPD mostraban restos de los proyectiles franceses en el ataque contra la ciudad de Donetsk, el peor desde el inicio de la guerra. Ayer, mientras los líderes de la Unión Europea se referían a la épica y heroica resistencia ucraniana en lugares como Irpin, las tropas ucranianas defendían Europa atacando la Planta Metalúrgica de Donetsk, unas infraestructuras en las que, al contrario que en zonas industriales como la de Avdeevka o Severodonetsk, no hay presencia militar alguna.

Puede que una derrota militar en la batalla por Donbass o una carencia real de artillería obligue en un futuro a medio plazo a Ucrania a negociar con Rusia. Sin embargo, los hechos y las palabras de Kiev dejan claro que el momento no ha llegado todavía. Sin embargo, es difícil imaginar que Rusia vaya a aceptar trabajar a partir del texto propuesto por Italia, que implicaría, ante todo, un alto el fuego que implicaría detener la ofensiva rusa en Donbass y daría a Ucrania tiempo para rearmarse. Asegurar un alto el fuego -improbable ahora mismo- parece ser el objetivo real de la diplomacia europea, uno por el que Emmanuel Macron se mostró ayer dispuesto incluso a visitar Moscú.

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