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El gas entra en la guerra

Las disputas entre Rusia y Ucrania por el tránsito del gas ruso hacia la Unión Europea han sido, desde el comienzo de la guerra en 2014, un tema recurrente tanto en los reproches mutuos entre Kiev y Moscú como en las negociaciones del Cuarteto de Normandía. Es más, la última cumbre de jefes de Estado o de Gobierno de Normandía, celebrada en París en diciembre de 2019 entre un optimismo desmesurado, estuvo más centrada en la resolución de la cuestión del gas que en la búsqueda de una resolución pacífica al conflicto en Donbass. La cumbre resolvió temporalmente el asunto del gas y se extendió el contrato de tránsito de gas ruso a través de Ucrania según las condiciones existentes. Desde ese momento y hasta finales de febrero, Kiev y Naftogaz han exigido de forma reiterada un nuevo contrato de larga duración que garantizara el tránsito de gas a través del sistema ucraniano más allá del inicio de operaciones del entonces en construcción Nord Stream-2.

Sin embargo, la situación geopolítica ha cambiado, el Nord Stream-2 no es más que un mal recuerdo del pasado y Kiev cuenta ahora con nuevas fuentes de ingresos: las ayudas a fondo perdido y las líneas de crédito de cantidades tan elevadas que todas las partes son conscientes que Ucrania nunca devolverá. El objetivo real es lograr un embargo de la Unión Europea al gas y al petróleo ruso y la situación militar permite a Ucrania dar una serie de pasos que no habrían sido aceptados por sus socios occidentales hace unas semanas. Después de años de argumentar que Rusia utilizaba el gas como chantaje a la Unión Europea, ha sido Ucrania quien ha cortado parcialmente el tránsito en lo que puede ser el inicio de una nueva guerra del gas.

El chantaje del gas

Original: Rybar

A lo largo de la operación militar rusa en Ucrania, el tránsito de gas ha sido una vaca sagrada tanto para Moscú como para Kiev. Era un win-win para ambos bandos, que se beneficiaban a pesar de las duras batallas entre ellos. Pero ahora parece que ese consenso tácito ha terminado.

El 10 de mayo, el Operador del Sistema de Transporte de Gas de Ucrania (OGTS) anunció la detención, por causas de fuerza mayor, de la estación de medición de gas de Sojranovka, a través de la cual transita actualmente el 24% del gas. A causa de ello, el operador propuso transferir esos volúmenes a otra estación, Sudya, que transita el 76% restante y que se encuentra bajo control de Ucrania. La estación de Sojranovka, por el contrario, está situada en la región de Lugansk, cerca de Novopsk. Allí trabaja el personal ucraniano, aunque la estación esté controlada por las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa desde principios de marzo.

OGTS notificó oficialmente a Gazprom que los volúmenes de gas que transitan a través de Sojranovka no iban a ser tenidos en cuenta y que el operador no iba a aceptarlos. Con ello, Ucrania bloqueó de facto un cuarto del gas que transita a través del país.

Gazprom respondió que no había ninguna causa de fuerza mayor, que el personal ucraniano continúa trabajando y que es técnicamente imposible transferir el 24% del tránsito a la estación de Sudya. Pero para entonces Alemania ya había registrado un descenso del tránsito del 24%.

El 11 de mayo, el presidente de Naftogaz Ukraina, Yury Vitrenko hizo acto de presencia y recordó que el acuerdo de 2019 implica “bombear o pagar”. Es decir, Rusia está obligada a pagar por el tránsito de gas pese a la reducción actual del volumen. Gazprom firmó ese acuerdo cuando Zelensky se convirtió en presidente de Ucrania ante la ingenua esperanza de lograr una cooperación constructiva y la resolución del conflicto. Resultó ser lo que resultó ser.

“Podemos repetirlo”, escribió Vitrenko recordando que con la firma del contrato Rusia pagó a Ucrania 3000 millones de dólares por la decisión de la Corte de Arbitraje de Estocolmo. Otro gesto hacia Zelensky y su equipo con la ingenua esperanza de amistad.

Después de que Rusia aumentara el tránsito por la central de Sudya el 11 de mayo y detuviera el bombeo a través de la central de Rasskazovka, el director ejecutivo de OGTS, Serhiy Makogon, acusó inmediatamente a Rusia de bloquear el suministro de gas a las regiones de Donetsk y Lugansk. Según Makogon, las autoridades rusas son responsables de la “catástrofe humanitaria” en esas zonas.

¿Qué pasa realmente?

El habitual chantaje ucraniano que hemos visto durante ocho años. Ucrania bloquea el suministro y culpa a Rusia de ello. En el futuro, el suministro de gas a la Unión Europea se verá interrumpido y se culpará exclusivamente a la Federación Rusa. Todo ello encaja perfectamente en la mitología que se ha construido alrededor de la escalada del conflicto en Ucrania. Y sufrirán, ante todo, los residentes de Ucrania y de la Unión Europea, a los que una vez más se dirá que Vladimir Putin ha decidido personalmente dejarles sin gas en invierno.

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