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Batallón Azov, Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, Mariupol, Rusia, Ucrania

La fábrica-fortaleza

Artículo Original: Dmitry Steshin / Komsomolskaya Pravda

Ni la Ucrania actual ni el oligarca Rinat Ajmetov tienen nada que ver con Azovstal. Fue construida por la Unión Soviética, que lo hizo dos veces. En 1930, se colocaron los cimientos del primer alto horno. Al mismo tiempo comenzó la construcción del puerto y el canal de carga: el mar de Azov es poco profundo en estas zonas. La tranquila y adormilada ciudad comercial de Mariupol en la costa del mar de Azov se convirtió en un gran centro de construcción. Ya en 1939, uno de los altos hornos de Azovstal batió un récord mundial de fundición de hierro: 1,614 toneladas al día. Y empezó a trabajar como algo único, en la planta se fundía acero.

La fábrica no sobrevivió a la Gran Guerra Patria: en septiembre de 1943, los alemanes fueron expulsados de Mariupol y en su retirada lo hicieron explotar todo: los altos hornos, las baterías de coque, la planta de electricidad. Sin embargo, dos años después, Azovstal no solo estaba restaurada, sino que se inició la laminación de metal. A partir de ahí, en todos los años del poder soviético, la producción continuó aumentando cada año.

Para comprender lo que perdimos con el colapso de la URSS: en 1996, la filial alemana de la legendaria aseguradora marítima Lloyd reconoció la planta como productora de acero de barcos. Los americanos reconocieron y certificaron el acero de gran fuerza para plataformas de perforación. Solo cuatro productoras en el mundo fueron certificadas y Azovstal fue una de ellas.

Incluso en los momentos más oscuros de los años postsoviéticos, Azovstal siguió dando beneficios: llegó a suponer hasta el 10% del PIB de Ucrania. Fue la suma de muchos factores: la escuela metalúrgica soviética, dinastías enteras de trabajo, el puerto, construido para suministrar materas primas y exportar de forma más barata los productos, carbón barato de Donetsk y gas barato de Rusia.

Desde el primer día de la operación militar rusa en Ucrania, desde el 24 de febrero, los militantes del regimiento Azov comenzaron a trasladar equipamiento pesado a Azovstal y sus talleres mineros. Las baterías de coque fueron silenciadas y llenas de gas líquido. Los altos hornos se detuvieron. Relanzar un alto horno cuesta el 80-90% de su construcción. La fábrica en sí lleva dos meses sin electricidad y los empleados, unos 14.000 han huido si han podido. Los hay que han muerto en la misma fábrica, he visto sus cuerpos.

No hay duda de que la fábrica Azovstal es considerada como el último y principal nodo defensivo de Mariupol. En comparación, la vecina Planta Metalúrgica Ilich, comparable en términos de tamaño y personal (más de 10.000 empleados) fue capturada hace una semana.

¿Por qué Azovstal? Puede que sea el tamaño de la zona industrial, 11 kilómetros cuadrados y dos obstáculos naturales: el mar y el solar del río Kalmius, ha tenido algo que ver. Y solo hay una zona adyacente en la que hay viviendas residenciales y pisos.

Hace alrededor de un mes, antes del asalto, el batallón de la RPD Vostok estaba barriendo esas viviendas residenciales en la frontera con la fábrica. Es más, el barrido y la batalla se desarrollaban en calles paralelas. Fue entonces cuando conocí a las primeras personas que me preguntaron algo extraño: “¿Cuándo liberarán a nuestros jóvenes de Azovstal?”. Resulta que, desde principios de marzo, cuando las comunicaciones móviles aún funcionaban en Mariupol, los menores de 20 años empezaron a recibir invitaciones por SMS: “Ven a Azovstal, hay refugios, hay internet, hay comida, agua y buena compañía”. Por el momento no hay personas que digan que sus niños fueron a las mazmorras de Azovstal. Era fake. Entrevisté a docenas de personas que vivían cerca de la fábrica, busqué a familiares de los “recién llegados” y no los encontré. Para los nazis, era importante que pareciera que la población estaba con ellos, que los jóvenes de la ciudad estaban sentados en la fábrica y que eran sus escudos humanos. Pero no iban a gastar recursos en rehenes.

Aunque llevaran preparando la defensa desde 2015. Es la historia habitual que puede contar un obrero de la fábrica del barrio de la margen izquierda u otro de la otra punta de Mariupol, de la calle Metallurgov: “Llevaron algo, camiones verdes, fueron llevando material durante años. Todo con pases especiales, no se inspeccionaban en el puesto de control, les permitían entrar a la fábrica a cualquier hora. Vi algunas cajas verdes y también que llevaban agua”.

También ha habido curiosas historias en la prensa, que los politólogos han recogido con alegría: fantasías sobre seis pisos de refugios completados y reforzados casi personalmente por Ajmetov con placas blindadas (¿cómo?), un misterioso laboratorio biológico y sinsentidos similares. Con las mazmorras de Azovstal todo ha resultado ser más simple y a la vez más complicado.

Conocí al fuerte y muy enfadado jubilado Vitaly en uno de los patios del centro de Mariupol. Era el líder informal de una pequeña comunidad que sobrevive desde hace dos meses en el sótano. Me parece muy joven para ser jubilado, pero resulta que tiene 32 años de “experiencia caliente” en los talleres de Azovstal y las personas de esas profesiones se empiezan a retirar de las fábricas a los 40 años. Hablamos de 2014, del referéndum: “Por supuesto, voté por la RPD en el referéndum, como todo el mundo. Esto es lo que recuerdo mejor. Tenemos una comisaría de policía cerca, esa contra la que los nazis dispararon (porque en Mariupol la policía se negó a dispersar a los rebeldes). Salí el 9 de mayo de un café, iba vestido con pantalón y camisa, ¿me entiendes? Vestido para un día de fiesta. Y vi a un matón con un casco soviético, que golpeó con una vara a alguien que huía, directamente en la cabeza. Y me apuntó con la pistola. Corrí, intervine y toda la sangre me cayó en los pantalones. Los guardé en una bolsa, no los lave”.

“Llevaron carga”, confirma Vitaly. “Mi mujer trabajó en Azovstal hasta el último día y vio cómo iban y venían camiones y pasaban tanques por el puesto de control central”.

“¿Y qué es de los subterráneos de Azovstal?”

“Hay muchos túneles, cables subterráneos, termales. ¡Toda una ciudad! Había una tubería con una planta termal, a través de ella se suministraba vapor, tenía un metro y medio de diámetro. También había refugios antiaéreos. En nuestro taller, podía bajar allí todo el turno, 60 personas. Pero era un taller pequeño. Y tenía ventilación y purificación de aire tanto manual como eléctrica.

“¿Es posible moverse por esos túneles?”

“Por supuesto. Están preparados”.

“Me decías que en 2014 esos túneles supuestamente fueron inundados? ¿Y que los nacionalistas los drenaron?”

“Nadie los drenó. Lo único que recuerdo es que se rompió una línea de vapor y entonces sí, se inundaron”.

Vitaly confirma que hubo trabajadores de Azovstal que se fueron a ATO (la lucha contra Donbass del lado ucraniano) para ganar dinero y que mantuvieron sus buenos salarios de la fábrica. Se preguntaba a esas personas cómo habían ganado tanto dinero. ¿Qué se puede decir? Se puede asumir que esas son las personas que Azov ha utilizado como guías para los pisos subterráneos de la fábrica. Si es que no tuvieron tiempo de huir: “Cuando la casa vecina se incendió una noche tras un bombardeo, la gente vino corriendo a nuestro sótano, descalza, medio desnuda. Y había uno al que conocía perfectamente, de nuestra fábrica, de ATO. Le dije: no te quiero ver aquí. Y se marchó”.

Los monitores de reconocimiento aéreo trabajan sobre Azovstal sin parar. Pero según mis camaradas que vuelan sobre la fábrica a diario: “Aunque no hemos visto a nadie en la superficie, ni equipamiento desde hace tiempo, siguen en la zona industrial”. El resto están sentados bajo tierra. En general, la defensa de Azovstal se construye sobre dos zonas fortificadas: Bastión y Yuzhniy y otras pequeñas fortificaciones. En el centro de cada pilar está el legado del sistema de defensa civil soviético: un refugio antiaéreo. Después de la Gran Guerra Patria, la reconstrucción de Azovstal no se completó hasta los años 50, cuando ya olía seriamente a guerra nuclear. Así que hay refugios y grandes sótanos incluso bajo edificios administrativos secundarios, como pude comprobar durante el asalto a Azovstal.

Conseguí un comentario de una persona que conoce perfectamente el sistema de refugios de la fábrica. Según explica, la información sobre los refugios interconectados no se sostiene, ya que eso contradice el concepto de protección contra daños químicos y nucleares. Pero hay un túnel para el personal de la fábrica, solo uno: “Lleva del monumento con el tanque en el centro del recinto a la entrada principal y está diseñado para la evacuación de los ingenieros y directores de la fábrica. Otro de sus objetivos es garantizar el movimiento de los turnos de trabajo, grandes masas de personas, alrededor de la fábrica de forma discreta. En Leningrado, en la fábrica Kírov, hicieron uno igual después de que los alemanes cubrieran de artillería el puesto de mando en el otoño de 1941 y hubo 400 muertos y heridos.

Pregunto directamente dónde se encuentra Azov. Según mi fuente, lo más probable es que esté en esos dos refugios: bajo un taller de metal y bajo el taller de convertidores. Puede acomodar a 1780 personas. Hay refugios de primera y de segunda clase. Están a 6-10 metros de profundidad, cubiertos con un colchón de cemento. El sistema de filtración de aire está preparado para funcionar un mes. Hay habitaciones con un generador diésel, enfermería, lugares para el comando, así como agua y depuración.

Se puede asumir que es ahí donde se esconde toda esa gama de Azov con asesores occidentales y mercenarios. Todos los demás, entre ellos obreros de la fábrica, estarán en los refugios de tercera: hay otros 24 en Azovstal. Esos refugios pueden identificarse por los techos bajos, esos en los que Azov lleva a esas desgraciadas personas comida en bolsas de basura.

A juzgar por el flujo de quejas sobre los hambrientos residentes de Azov, la información extraoficial, nuestra artillería ha destrozado sus depósitos de alimentos. También hay un problema con los heridos: hay cientos de ellos, no puede no ser así teniendo en cuenta la intensidad de los bombardeos. Hace tiempo que se les acaban las medicinas. También están escasos de munición, como apuntó un soldado del grupo de asalto de Vostok: “Ahorran munición, nada es suficiente”.

Pero hay internet, Elon Musk ha dado a Ucrania y a su ejército 200 satélites modernos. Se pude enviar a la red cómo es una tarta de Pascua de Azov: un trozo de pan con un poco de mermelada. O las habituales exigencias de desbloqueo y ayuda.

¿Qué pasará ahora? Putin detuvo la transformación de Azovstal en ruinas. Esto no es algo que se diga en voz alta, pero si Azovstal queda destruida, la existencia de Mariupol y su reconstrucción pueden perder su viabilidad económica. Por el momento, el grado de destrucción de Azovstal no ha llegado a un punto crítico. Así que la artillería masiva se ha detenido. Según el comandante del batallón Vostok, Alexander Jodakovsky, ahora los nuestros están “cortando la cola” alrededor de la planta para reducir el radio de territorio desde el que “puede volar una mosca”: “Estamos destinando unidades a otras direcciones y dejando solo las fuerzas necesarias alrededor de Azovstal para mantener la presión sobre el enemigo por todas partes”.

¿Cuánto tiempo estarán ahí? No mucho. Solo puedo juzgar sobre la base de mi propia experiencia al haber vivido el sitio de Slavyansk (en verano de 2014) de principio a fin: nunca enviamos los mensajes de desesperación que están enviando ahora mismo los azovtsi.

Comentarios

2 comentarios en “La fábrica-fortaleza

  1. Reblogueó esto en PédePera.

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    Publicado por osmargp | 26/04/2022, 16:29

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  1. Pingback: AzovStal. La fábrica fortaleza / Dmitry Steshin / Komsomolskaya Pravda | Sociología crítica - 02/05/2022

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