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2 de mayo, Extrema Derecha, Fascismo, Justicia, Odessa

Otro 2 de mayo sin justicia

Un año más, los familiares de las víctimas de la Casa de los Sindicatos de Odessa se enfrentan al aniversario de la masacre sin que se haya producido ningún cambio sustancial en la política del Estado y en la búsqueda de castigar a los culpables. Tras el intento de varios años de condenar a las víctimas -el caso 2 de mayo terminó con todos los acusados absueltos y con dos de ellos inmediatamente detenidos para ser acusados en otra farsa y finalmente ser intercambiados como prisioneros de guerra-, el año pasado, en su primer 2 de mayo como presidente de Ucrania, Zelensky trató de cerrar la herida en falso apelando a la concordia. Se pide así concordia y convivencia a los agresores, cuyos caídos sí han obtenido justicia, y a los agredidos, ignorados por el Estado durante todos estos años, acosados y agredidos por la extrema derecha y sin esperanzas de que la Ucrania actual pueda impartir justicia.

Un año más, la extrema derecha se manifestará en memoria del líder local del Praviy Sektor Ivan Ivanov, caído en los enfrentamientos que se produjeron aquella mañana en el centro de la ciudad y en cuya memoria hay, desde hace varios años, una placa conmemorativa que en ningún momento ha sido acosada. Mientras tanto, y entre grandes medidas de seguridad para garantizar que no se produzcan provocaciones -que solo pueden venir de la extrema derecha-, una medida que es también conscientemente disuasoria, el campo de Kulikovo realizará su habitual acto de memoria y exigencia de justicia en el lugar en el que los antifascistas fueron asesinados.

Pese al ligero cambio que ha supuesto la administración Zelensky -bajo cuyo mandato se ha retirado finalmente la valla que rodeaba la Casa de los Sindicatos desde 2014 y que, al menos en su discurso del año pasado mencionó a los asesinados allí el 2 de mayo-, Ucrania sigue buscando criminalizar al movimiento de Kulikovo y trata de impedir a toda costa que su reivindicación de justicia tenga recorrido alguno. Como ha demostrado el caso contra el exlíder del Praviy Sektor en Odessa Serhiy Sternenko, que, a pesar de haber sido condenado a siete años de prisión por secuestro y estar a la espera de veredicto en un juicio por asesinato, no se encuentra en prisión sino bajo arresto domiciliario, nada ha cambiado en lo que respecta a la justicia y a los privilegios y protecciones de los que disfruta la extrema derecha.

Mientras tanto, no hay progreso alguno en la investigación de lo ocurrido el 2 de mayo de 2014 en la Casa de los Sindicatos de Odessa, donde, a apenas unos centenares de metros de la estación de bomberos más cercana, decenas de personas fueron quemadas vivas ante la inacción de las autoridades en un incendio provocado por los lanzamientos de cócteles Molotov por parte de radicales de extrema derecha, algunos de los cuales habían llegado infiltrados entre hooligans de un equipo de fútbol que se enfrentaba ese día al equipo de Odessa, que habían acudido al campo de Kulikovo en masa, sin dar más opción a los allí presentes que refugiarse en el edificio.

El campo de Kulikovo, un espacio abierto alejado del centro de la ciudad y donde el campamento allí instalado no obstaculizaba el tráfico ni el funcionamiento normal de la ciudad, se había convertido en el centro de organización de la oposición al golpe de Estado que había triunfado en Kiev en febrero de ese año. Fue allí donde la extrema derecha buscó castigar a esa ciudad que consideraba “pro-rusa” por su lengua, su cultura y su actitud. Y aunque el movimiento de Kulikovo era variado -había en él comunistas, anarquistas, nacionalistas rusos e incluso parte de los representantes locales del antiguo Partido de las Regiones, uno de los cuales murió el 2 de mayo- y se ha centrado únicamente en exigir justicia para los asesinados sin entrar abiertamente en política (al menos como colectivo), las diferencias con otros movimientos sociales en el país siempre han quedado claras. Es difícil imaginar en la Ucrania actual otro movimiento en el que “Donbass, estamos contigo” fuera, como pudo comprobar Slavyangrad, una de las consignas habituales del acto principal del año.

Muy diferente a la resistencia de Donbass, la de los supervivientes y familiares, fundamentalmente madres, de los asesinados se ha limitado en estos años a mantener viva su memoria y a exigir una justicia que no llega. Cada vez con menos esperanzas de cambio, una vez más, las madres del campo de Kulikovo exigirán justicia a un Estado que no quiere concedérsela y que ni siquiera es capaz de mantener el improvisado memorial a las víctimas -destruido en dos ocasiones el pasado mes de abril- lejos del vandalismo de la extrema derecha local.

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