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Donbass, Euromaidan, Extrema Derecha, Fascismo, Nacionalismo, Odessa, Rusia, Sternenko, Ucrania

Paradojas

Artículo Original: Ukraina.ru

Ucrania es considerado un país democrático, pero esa democracia no es ni ideal ni comparable a la de las “viejas” democracias europeas. Sin embargo, en los ránkings internacionales suele tener un lugar en la mitad de unas listas que aceptan algunos problemas pero que destacan éxitos.

Simplificando, la democracia es un sistema sociopolítico y una estructura estatal en la que las decisiones se toman por mayoría tras una discusión cualificada de los problemas con la participación de todas las partes interesadas. Al mismo tiempo, la minoría acepta la voluntad de la mayoría, obedece y participa, en la medida de lo posible, en la implementación de las medidas, aunque se reserva el derecho a vengarse en el transcurso de posteriores discusiones. Otro aspecto igualmente importante y significativo de la democracia es que cualquiera que entienda que sus derechos han sido infringidos tiene el derecho de defenderse y defender sus derechos legalmente.

En la Ucrania actual, hace tiempo que la voluntad de la mayoría ha quedado en una mera abstracción. Incluso cuando es claramente visible, las autoridades no se apresuran en ajustar la política estatal a esa voluntad. La minoría que tomó el poder en 2014, por norma, continúa imponiendo su voluntad a pesar de los fracasos en las elecciones presidenciales y legislativas de 2019. La derrota fue dolorosa y no dejó duda de la naturaleza de las expectativas de la mayoría de los votantes. Los ganadores ya han buscado la forma de justificar teóricamente que van a seguir el dictado de la minoría “correcta”, que se impone sobre la mayoría “equivocada” que ha perdido el camino.

En cuanto a los tribunales y el sistema judicial ucraniano en general, la situación es complicada. Bajo el mandato de Poroshenko, este poder del Estado fue, aparentemente, reformado según el modelo europeo. Sin embargo, ni los jueces ni los tribunales se han mostrado capaces de mostrar cambio cualitativo alguno ni en la apariencia ni en la práctica. La reforma judicial ha resultado ser lo mismo que otras reformas de estos años: ruptura de la normalidad vigente, confusión y reducción de la calidad del trabajo.

Tres episodios que sorprendentemente han coincidido en el tiempo dan la ocasión de volver a reflejar las paradojas de la democracia ucraniana. Nos referimos a la sesión para la designación de las medidas cautelares contra Serhiy Sternenko en la corte del distrito Shevchenko de Kiev, la acción protesta del partido de Anatoly Sharii bajo la oficina presidencial y la sesión de la corte de Pechersk en la que se trataba una de las causas contra Poroshenko. Todos estos actos estuvieron caracterizados por cierto grado de nerviosismo, una variedad de excesos similares a los que Ucrania y los ucranianos ya se han acostumbrado y que no se han visto en otros países.

El caso Sternenko y su historial criminal tienen un largo camino. En los años que han pasado, ha cometido serios crímenes, pero ha conseguido cambiar muchas de las connotaciones y el caso ha pasado de tener contenido criminal a parecer uno con resonancia política. Y no ha perdido el significado simbólico en el contexto de la discusión del eterno problema: ¿Están las leyes hechas solo para los ajenos o también para los propios?

Creo que solo los más desesperados optimistas históricos seguían creyendo que el caso del asesinato de un oponente político por parte de Sternenko iba a llegar a juicio a pesar del gran lobby que le protege. Sin embargo, ha ocurrido. El asesino ha tenido que presentarse ante un tribunal [Sternenko también acusó al asesinado de haberle agredido, así que otro caso le considera víctima de este mismo incidente por el que ahora se le acusa de homicidio-Ed] y se dictaron medidas cautelares. Aunque estas fueron leves teniendo en cuenta la gravedad del crimen [arresto domiciliario, que ahora Sternenko se niega a cumplir-Ed]. Todo ello se debe a los esfuerzos de una serie de actores y a un cúmulo de circunstancias que lo han hecho posible.

Han jugado un papel especial Andrey Portnov y su equipo. Fue él quien trabajó con consistencia en el caso Sternenko y no permitió que las partes interesadas pudieran frenar el proceso. Fue él quien presionó al Gobierno, llamando a sus representantes “caras sin vergüenza” por su inacción sobre el asesinato de Odessa. Fue él quien descubrió la participación del SBU y la Fiscalía General en el intento de tapar asesinatos de alto perfil utilizando la colaboración de los grupos radicales. Portnov ha demostrado repetidamente su efectividad en las actividades legales para impedir la impunidad de los radicales y proteger a las víctimas. El caso Sternenko es otro de sus éxitos.

Sternenko, por su parte, ha prometido recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos cualquier sentencia. Su comunicado sonaba al espíritu de Maidan, que, como muchos aún recuerdan pero otros han conseguido olvidar, marcó el camino de los ucranianos a Europa. Pero solo formalmente. De hecho, es improbable que Sternenko recurra al TEDH, ya que no tiene nada que hacer allí. Si se consigue apartar el aspecto político [la protección de varias instancias de la que disfruta Sternenko] y el tribunal se ciñe a la ley, este caso es aún más claro y transparente que el de Vitaly Markiv, condenado por un tribunal italiano.

La concentración de seguidores de Anatoly Sharii [conocido periodista y bloguero] bajo la oficina presidencial no habría atraído excesiva atención de no haber sido por dos motivos que hicieron que se saliera de la norma de la política ucraniana. En primer lugar, estaba organizado y conducido por un partido que hasta ahora solo había existido en el espacio virtual. En segundo lugar, tras el acto se produjeron enfrentamientos entre seguidores y patriotas radicales, que siguen controlando firmemente la calle, como han hecho desde Maidan. No hay nada de sorprendente en el hecho de que se produjeran enfrentamientos. Lo único sorprendente es que los patriotas radicales no hubieran sido avisados de antemano, como suele ocurrir.

Quienes salieron a anunciar que la gente de Sharii se había hecho con la calle, arrebatada a los radicales, claramente se apresuraron. No, no capturaron nada y queda mucho para eso. Sin embargo, se ha dado un cierto paso en esa dirección. Y la actuación de la policía, que mantuvo el orden en el acto, indica que la situación en la calle está empezando a cambiar y no es en favor de los patriotas radicales.

La concentración de seguidores de Poroshenko fue organizada según las mejores tradiciones de Maidan, de las que el público patriota ha tenido tiempo de cansarse. Cantaron los eslóganes habituales y ondearon carteles y banderas creativas. Una de ellas mostraba el perfil de Petro Alexeevich mirando fijamente a los perfiles de dos Vladimir: Putin y Zelensky.

Los productores de Maidan no ofrecieron nada nuevo ni inusual. Todo fue lo de siempre: histeria en la forma y falsedades y mentiras en el fondo. En realidad, puede que Poroshenko pareciera algo más cínico de lo habitual en su discurso, especialmente teniendo en cuenta la pérdida que había sufrido el día anterior: su padre había muerto. Fue sorprendente que la diputada del partido de Poroshenko Sofía Fedina diera parte del discurso en inglés. ¿Para qué? Es una pregunta retórica. Al final, los participantes mostraron neumáticos desde un pódium improvisado, dando así a entender que están dispuestos a repetir las columnas de humo de Maidan. Muy bonito.

Mientras tanto se estaba produciendo una reunión de los estado de la Unión Europea y los seis países postsoviéticos que participan en el programa de socios del este. Se realizó por videoconferencia. Durante la reunión se determinaron las prioridades del programa de desarrollo. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, afirmó que el foco estará puesto en los valores democráticos de los socios del este. “Buena gobernanza, instituciones democráticas, derechos humanos, igualdad de género, imperio de la ley. Todos los ciudadanos los demandan y esos son los valores más importantes para la Unión Europea”, afirmó. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, por su parte, añadió que “los líderes han expresado la voluntad política para continuar construyendo un espacio común de democracia, prosperidad y estabilidad basado en el respeto al derecho internacional”.

Democracia, valores, imperio de la ley. En el contexto de lo que estaba sucediendo en Kiev esos días, esas palabras de los altos cargos europeos suenan como un chiste, otra bonita fantasía por la que los ucranianos continuarán pagando a base de lágrimas, miedo y sangre.

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