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Economía, Industria, Ucrania, Unión Europea, Unión Soviética

Estatus colonial

Artículo Original: Andrey Manchuk

Ucrania occidental se hunde. La región ha sufrido inundaciones devastadoras que han arruinado 300 localidades. Los ríos de montaña se han desbordado llevándose por delante viviendas, personas y animales. En un mercado inundado de Chernivtsi, una gran carpa fue arrollada. Se han inundado vías de tren y autopistas, se han arruinado las cosechas, han caído puentes y las riadas se han llevado grandes masas de tierra. Uno de los residentes locales fotografió con su móvil las dificultades que tuvieron su mujer y su hijo para salir de las grietas que se abrían bajo sus pies.

Pero el pico de inundaciones aún está por llegar. Todo ello sumado a la pandemia de coronavirus, que ha afectado especialmente a las regiones occidentales. No hay suficientes camas ni médicos en los hospitales, lo que supone la creación de las condiciones para la rápida transmisión de enfermedades, algo que puede empeorar una situación ya de por sí complicada.

Lo específico de esta catástrofe es que todo el mundo lo había previsto: desde los ecologistas hasta los pastores de ovejas. Se lleva advirtiendo durante años sobre las inundaciones y desprendimientos. Todos saben que la principal causa es el desastre de la masiva deforestación de los bosques de los Cárpatos que se ha producido en los últimos treinta años y que se ha intensificado especialmente tras la victoria de Euromaidan. Las grandes masas de árboles son un sistema natural de drenaje de las montañas. Pero ahora el agua fluye a lo largo de las colinas deforestadas e inevitablemente causan las inundaciones que los propios leñadores están sufriendo ahora.

La ironía de la historia es que una parte significativa de los bosques de los Cárpatos fueron plantados en tiempos soviéticos. No es ningún secreto, que en la época anterior a la guerra, los Cárpatos eran una de las provincias más atrasadas del Estado y la base de la economía local era precisamente la exportación de los bosques, leña enviada masivamente a los países europeos. Por ejemplo, Gran Bretaña importó 800.000 metros cúbicos de leña de Polonia en un año, material que empleó en la Royal Navy. Eso causó inundaciones masivas, algo común en aquella región en ese momento y dificultó seriamente el desarrollo económico. Pero las inundaciones no preocupaban en exceso a Varsovia, que explotaba al máximo los recursos naturales de los Cárpatos ucranianos.

Esa situación no cambió hasta la posguerra, bajo el nuevo orden, cuando el Gobierno soviético desarrolló un programa a gran escala de reforestación de las estepas y zonas montañosas de Ucrania. Ya en 1956, la zona reforestada había aumentado un 182%. Los programas de plantación de árboles continuaron anualmente hasta el colapso de la Unión Soviética. Ahora, esos programas se recuerdan gracias a los icónicos monumentos de la era soviética que han sobrevivido a la política de descomunización completa: la gran estrella en los montes de Bukovina o la inscripción de Lenin en la misma región de los Cárpatos. Ambas pueden verse desde el espacio.

Pero los demonizados ocupantes no solo plantaron los bosques de Ucrania occidental. Primero construyeron y desarrollaron la industria de la región, incluyendo las plantas de procesamiento de madera. Los árboles talados bajo el control del Estado eran enviados a plantas locales, en las que se producían todo tipo de productos desde platos pintados a sticks de hockey o muebles o incluso papel. Con ello no solo se cubrían las necesidades locales, sino que había demanda más allá de las fronteras de Ucrania. He llegado a ver muebles ucranianos en Kamchatka. Miles de personas se empleaban en esas empresas, aunque es preciso recordar que la industria creada en esos años no se limitaba en absoluto a la madera, sino que se crearon también fábricas de producción de televisores y autobuses.

Todo esto acabó con el final de la época soviética. Las empresas que quedaron en pie rápidamente fueron desmanteladas, las granjas colectivas se separaron en terrenos privados y una ola de desempleo arrasó la región. Ya a finales de los noventa, la zona se convirtió en el centro de la emigración: los trabajadores de Ucrania occidental se marcharon en busca de trabajo de baja remuneración en Rusia, Italia y Portugal y, más adelante, en Polonia. Y quienes se quedaron comenzaron a talar masivamente los bosques ya que era la única fuente real de ingresos para ellos además del contrabando de cigarrillos baratos, que eran transportados a la Unión Europea de todo tipo de modos: en coche, por medio de túneles subterráneos o incluso en ala delta.

La cantidad de bosque talado es imposible de calcular, pero las características fotos comparativas son populares en Ucrania, imágenes en las que se pueden ver los mismos lugares de los Cárpatos antes de ser talados y en su estado actual, cuando se convirtieron en zonas deforestadas en lugar de grandes mares verdes. La madera talada era transportada a Europa en grandes trenes mientras el Estado no hacía nada para impedir esta destrucción, una que el exfiscal general llegó a calificar de “ecocidio”. La destrucción de los bosques ha sido encubierta por oficiales de alto rango y las mafias locales, que se han lucrado de ello desde hace mucho tiempo y que, tras Euromaidan, el negocio ha pasado a estar cubierto por grupo de ultraderecha como el Praviy Sektor, que ha causado sangrientos enfrentamientos en Transcarpatia con el uso de lanzagranadas y ametralladoras.

El negocio europeo se ha convertido en el principal beneficiario de este desastre natural. La industria maderera de la Unión Europea ha recibido en Ucrania una fuente ilimitada de materia prima barata, sin problemas con los ecologistas ni coste de restauración. La ONG británica Earthsight ha publicado recientemente una investigación según la cual los masivos suministros de madera ucraniana no se han detenido ni siquiera durante la cuarentena ya que los principales productores europeos Ikea entre ellos, están interesados en seguir adquiriéndola.

Las empresas presionan abiertamente en favor de esos intereses al más alto nivel de la Unión Europea. Por ejemplo, los oficiales europeos exigieron que Ucrania levantara la moratoria de exportación de los árboles cortados, vinculándolo a la provisión de nuevos créditos. Al mismo tiempo, los muebles producidos en las fábricas europeas se venden en Ucrania, con lo que finalmente se ha consolidado el estatus colonial de fuente de materia prima y mercado de producto finalizado.

“¿Por qué no quieren los países de la Unión Europea cortar sus bosques? Eslovaquia y Rumanía protegen los Cárpatos y Austria e Italia protegen los Alpes. Miran a los bosques ucranianos y los compran a precio de saldo, producen con ese material y entonces nos lo venden a precios desorbitados. Si la Unión Europea marca las condiciones para suministrar asistencia económica a Ucrania a cambio de levantar la moratoria de exportación de madera, queda demostrado que ve al país como un apéndice que suministra materia prima”, se lamentó Gennady Moskal, exgobernador de Transcarpatia, desde donde los trenes con madera salen regularmente en dirección oeste.

Es así, a Europa no le preocupa el futuro de Ucrania, ni que lo esté hipotecando por su beneficio. Los gestores externos no dejan más opción que ser un país dependiente para que el barco no se hunda. En un tiempo, puede que el barco se hunda.

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