Entrada actual
Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Ucrania

Desde el visor de una cámara

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Antes del estallido de las hostilidades en Donbass, la guerra no era un tema que me pareciera especialmente interesante. Ni las anuales emisiones de películas sobre la Gran Guerra Patria coordinadas para coincidir con el aniversario de la victoria de las fuerzas soviéticas sobre la Alemania Nazi ni los videojuegos de la Segunda Guerra Mundial, ni la fotografía, ni siquiera la literatura bélica me había marcado. Por algún motivo, en 2013 decidí estudiar el trabajo de Ernest Hemingway, más allá de “El viejo y el mar”, que forma parte del currículum escolar. Elegí un libro que había conocido gracias a una canción de Metallica: “Por quién doblan las campanas”. Es una obra dura en la que destaca por encima de otras obras del autor. Lo comprendo ahora, cuando he estudiado todas sus obras principales, pero en aquel momento no sabía demasiado de Ernest ni de la guerra civil española. Volvería a esa novela en 2017.

Obviamente, entonces tampoco sabía nada de ser corresponsal de guerra. Era un mundo paralelo que, hasta 2013, ni siquiera existía. La guerra siempre había sido algo lejano, algo que pasó hace mucho tiempo; la revolución era algo romántico sobre lo que se hacen películas y los cantautores escriben canciones y el zumbido de las balas no era más que uno de los efectos especiales de las películas. Pero esa lejana paz estalló en una guerra que ha cambiado mi vida y ha hecho que todo sea diferente. Ahora mi actitud hacia las películas de las Gran Guerra Patria es diferente, la literatura bélica es uno de mis géneros favoritos y mi profesión es algo que antes ni siquiera sabía que existía.

Comencé a prestar atención al trabajo de los corresponsales de guerra antes de que el destino me empujara en esa dirección. Eran los rusos que pronto vendrían a este punto caliente a cubrir el conflicto armado en Donbass. En la imagen destacaban Semyon Pegov y Evgeny Poddubny; Alexander Kots y Dmitry Steshin en narrativa y Andrey Stenin en fotografía. Cada uno de ellos tenía una visión propia de la guerra. Cada uno tenía su estilo único que le distinguía de otros muchos corresponsales de guerra. Desde la primera línea, el texto te atrapaba.

Y entonces murió Stenin. Hace cinco años. Dicen que Andrey no contaba la guerra peor que Hemingway. Es más, Stenin llegó a la profesión como periodista y después se hizo fotógrafo de guerra. Semyon Pegov recuerda que, antes de su muerte, Andrey planeaba dejar la fotografía para pasarse al vídeo. En vídeo se puede mostrar mucho más que con una imagen estática. Pero creo que no es verdad. Estoy seguro de que Stenin habría tenido éxito como cámara, pero tras leer sus notas publicadas por los periodistas sobre el momento en que la milicia abandonó Slavyansk en el verano de 2014, me di cuenta de que Stenin escribiría un libro sobre la guerra en Donbass y que sería mucho mejor que muchas publicaciones actuales.

“Semyochka se levantó por la mañana”

5 de julio de 2014

Semyochka se levantó por la mañana. “Está pasando”. Semyochka había ido a nadar y accidentalmente descubrió que el Apocalypse realmente era Now. La milicia había desaparecido completamente. Los puestos de control estaban vacíos. En el cuartel general de Strelkov había ardido el papel. También estaba vacío y olía a quemado. La situación era una mierda, por decirlo suavemente. Los tres nos estábamos volviendo locos. Nadie lo esperaba. Nadie había avisado. En el hotel estaban esperando este momento, estaban locos de alegría. Ya habíamos dejado un buen dinero y ahora seguramente podrían conseguir una medalla de la Guardia Nacional.

Llama alguien. En el hotel hay policías de paisano. Los veo por la ventana. Voy al baño y quemo la acreditación de la RPD. Vuelvo a mirar por la ventana. Se han marchado.

Nuestro chófer se mete en el coche y se marcha, promete volver. No va a volver. Nos quedamos sentados en el hotel, esperando a la contrainteligencia ucraniana o algún tipo de milagro. Llega el leñador, jefe de la comitiva funeraria. Sabe quiénes somos y que si en la ciudad no está la milicia, está el Ejército Ucraniano. No nos podemos quedar en el hotel. Dónde ir, no tenemos ni idea.

Durante semanas había habido un ambiente denso en la ciudad y para salir de ella había caminos secretos, que se mantenían en secreto. No sabemos cuáles son los caminos.

Sin saber qué hacer, vamos a casa del leñador.

En las calles hay agitación. Se desmantela todo lo que hay en los puestos de control y en las tiendas. Hay saqueos.

El leñador bebe té, triste. No tiene ninguna idea. Es imposible salir de la ciudad sin saber los caminos. Nadie está dispuesto a llevarnos. Escuchamos a gente que se felicita por la liberación. No podemos quedarnos en la ciudad, hay que salir inmediatamente. Un vecino nos mira a través de la valla con curiosidad. El leñador empieza a perder los nervios. Se marcha dándonos las llaves del coche: “salid de aquí vosotros solos, como sepáis”. Y se marcha. Fomichev se sienta al volante. Avanzamos sin rumbo. En un cruce nos paran unos amables ciudadanos a desearnos lo mejor: “id al almacén de productos, está lleno de cosas”, dice el exaltado ciudadano. Los saqueos se generalizan.

Formichev conduce por Cherevkovka. Lo único que sabemos es que hace tres días nuestros colegas pudieron salir por aquí. Pero la situación cambia hora a hora. No hay ninguna información reciente. “Giren antes de llegar a la iglesia y después sigan la huella de los tanques”. Esa es la descripción de la ruta. Es suicida.  

Por casualidad, preguntamos a un campesino cómo pasar los puestos ucranianos. “Salid del coche, os lo explicaré todo”, dice con ese tono que deja claro que estamos jodidos. Ahora nos apuntará con su arma y acabaremos tumbados en el suelo. Dios nos lo ha enviado. Cinco minutos después, seguimos por la carretera. Vemos un coche tiroteado. Ayer no estaba aquí. Cada cien metros hay uno. Y nuestro coche puede ser el siguiente. No da miedo. Solo hay que fijarse en el verde al lado del camino. Mirar hacia adelante y no pensar. Porque si piensas en algo, no va a ser nada bueno.

No sé cómo conseguimos llegar a Kramatorsk. Veinte coches que hemos pasado por el camino no lo consiguieron. Nosotros sí. Ni siquiera nos han disparado. Pero en el camino no nos hemos cruzado con nadie a excepción de un loco en moto.

Justo un mes después de volver a nacer, Andrey Stenin murió en la zona de Snezhnoe junto a los corresponsales de guerra Sergey Korenchenkov (de Simferópol) y Andrey Vyachalo (de Donetsk).

A veces pensamos que esas personas que ven la guerra a través del visor de una cámara se abstraen y no participan de lo que ocurre a su alrededor. Es verdad que, si te tomas todo de forma personal, es mejor no ir a la guerra como corresponsal. El sistema nervioso no lo aguantaría. Es necesario ignorar o moldear esas emociones para darles salida. Andrey, además de mostrar con sus fotos la guerra y la revolución, transformaba sus sentimientos en textos honestos que sorprenden por su simplicidad y, sobre todo, por mostrar la dura realidad de la guerra civil.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 38.564 seguidores

Estadísticas del Blog

  • 1.313.130 hits
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: