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“Paz”, sanciones y propaganda

Artículo Original: Antifashist

El desarrollo de los acontecimientos de la 73ª Asamblea General de Naciones Unidas ha demostrado que Ucrania ha pasado a encontrarse en la periferia de la atención internacional y que eso ha ocurrido con rapidez, sin ambigüedad o etiqueta. Puede que Ucrania no vaya a conseguir nada, pero lo que haga lo hará haciéndose notar, aunque sea algo tan simple como dar las gracias. Esto está relacionado, lo crean o no, con el presidente Petro Poroshenko,

En primer lugar, Poroshenko llegó a la Asamblea General y una vez más utilizó su set estándar: sus aspiraciones de paz y Rusia. El primer término, la paz, la utilizó para reprochar que no se haya protegido a Ucrania del segundo, Rusia. Cómo fue recibido el discurso quedó claro con la sala medio vacía en la que el presidente ucraniano pronunció su discurso. Esto es algo habitual en las Naciones Unidas: a ninguna persona seria le interesa escuchar en directo el discurso de un pedigüeño. Pero ocurrió algo más elocuente: mientras Marina Poroshenko admiraba entusiasta las bonitas palabras de Petro, el ministro de Asuntos Exteriores Pavlo Klimkin dormía plácidamente.

En segundo lugar, Poroshenko, como había prometido, entregó al Secretario General de Naciones Unidas una nota sobre la decisión de Ucrania de no renovar el Tratado de Amistad con Rusia. Ahí surge la duda de qué ocurrirá si Poroshenko gana las elecciones presidenciales del 31 de marzo. O qué hará su sucesor. El tratado, que expira el 1 de abril, decreta la inviolabilidad de las fronteras ucranianas y la integridad territorial del país. La terminación del documento deja expuesto al país a posibles reclamaciones territoriales por parte de Rusia. Es posible que esa sea la idea del régimen de Kiev para conseguir más apoyo de sus socios occidentales: utilizar la vulnerabilidad de Ucrania para provocar a Rusia a que cometa alguna acción inapropiada y después relanzar la guerra en Donbass con esas alegaciones.

Rusia en guerra con Ucrania es el “sueño azul” de Occidente y Ucrania aún trata de venderlo, por lo que exige un agradecimiento, aunque solo sea verbal. Pero no es así, hay algo más: estos días se ha sabido que el Congreso de Estados Unidos ha aprobado el presupuesto del Pentágono para 2019. En él hay 250 millones de dólares para asistencia en el ámbito de seguridad a Ucrania. Solo falta la firma del presidente estadounidense y, después, Ucrania recibirá ese dinero con el que podrá comprar sus “Javelin”. O robar en silencio para resolver batallas electorales. No hay duda de que es un gran éxito. “Nuestra nota se introducirá como un documento oficial de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad”, se jactó el jefe de prensa del presidente.

En tercer lugar, Poroshenko se reunió con Trump, como afirmaba el comunicado de prensa, “en los márgenes de la 73ª Asamblea General de Naciones Unidas”. Se sabe también cómo la delegación ucraniana consiguió la reunión. Lo lobistas pagaron. Si no, Poroshenko habría perseguido a Trump hasta el baño. Sin embargo, los hechos son los hechos: los presidentes se reunieron y posaron juntos.

La visita de Poroshenko a Nueva York no puede considerarse un fracaso completo ni una gira de despedida. Según el adormecido Klimkin, Ucrania participó en la redacción de una resolución para el Consejo de Seguridad sobre la introducción de una misión de paz en Donbass. Lo ha hecho junto a sus socios internacionales, concretamente con Estados Unidos, Francia y Alemania. “Tenemos un acuerdo con nuestros amigos de Estados Unidos, Alemania y Francia. Ayer (el 26 de septiembre) volví a hablar con Heiko Maas y con el secretario de Estado Mike Pompeo, haremos una resolución conjunta. Es necesaria para seguir presionando a Rusia, que intenta lavarse las manos y evitar una verdadera operación de pacificación”, insistió. Klimkin informó de que Ucrania insistirá, no solo en una misión de paz de Naciones Unidas, sino también en una administración interina e incluso una misión policial que desarme a los separ. Porque, según Klimkin, Rusia seguirá intentando tomar el control de territorios ocupados y la versión rusa de la misión de paz es “para comenzar un proceso de regionalización y federalización de Ucrania”. Klimkin comprende que la federalización de Ucrania es la muerte para el actual régimen.

Tanto Klimkin como Poroshenko comprenden que Rusia puede vetar, sin ninguna dificultar, la resolución sobre la misión de paz en el Consejo de Seguridad. Por eso, los ucranianos buscan la manera de hacer que Rusia coopere. En los márgenes de esta Asamblea General y en numerosas entrevistas y comentarios, el garante de la nación siguió proponiendo una reforma de las Naciones Unidas para eliminar el poder de veto en el Consejo de Seguridad, para privar así de ese efectivo instrumento de controles y equilibrios a Rusia.

Además, parece que Poroshenko ha conseguido intensificar la rusofobia global con historias sobre las “atrocidades de Rusia en el mar de Azov”. El presidente ucraniano propuso imponer más sanciones contra Rusia por sus acciones, que supuestamente amenazan a Ucrania, en el mar de Azov. “Las acciones deben condenarse como ilegales. Exigen una respuesta dura, incluyendo una política de sanciones y otras medidas”, afirmó en su discurso. Aún no se sabe cómo reaccionarán los “socios estratégicos”. Pueden agarrarse a esta nueva excusa y así, Poroshenko se lo apuntará como una victoria, algo importante para la campaña electoral.

Sin embargo, Marshall Billingslea, subsecretario del Tesoro, admitió en la web del departamento que Estados Unidos no puede aplicar contra Rusia el tipo de sanciones que utiliza contra Irán o Corea del Norte, ya que la economía rusa es mucho más grande y está mejor integrada en el sistema internacional de finanzas y comercio, por lo que “teniendo en cuenta estas diferencias, utilizamos nuestras herramientas para ejercer la mayor presión sobre Rusia y para minimizar los efectos negativos sobre Estados Unidos, nuestros socios europeos y la economía mundial”. Es decir, se admite que las sanciones contra Rusia provocan consecuencias para Estados Unidos y, especialmente, para sus socios europeos y la economía mundial. Puede que Ucrania no los sienta, ya que su economía está aislada. Sin embargo, tiene dividendos políticos para los vencedores del golpe de Estado de 2014, que quieren mantenerse en el poder en Kiev.

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