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Uglegorsk dos años después de la batalla

Artículo Original: Denis Grigoriuk

VlXcACeeCbAEl calor duraba ya varios días. Incluso abrir las ventanas no ayudaba en absoluto. A través de ellas penetraba un aire ardiendo que no refrescaba sino que transformaba la camioneta en una sala de tortura. Pero cerrar las ventanas habría sido otra tortura, así que no hubo más remedio que aguantar el viento cálido.

Grandes agujeros en la carretera. Pasamos junto a la señal de  “Grozni”, un pequeño pueblo entre Debaltsevo y Uglegorsk. La primera vez que observé esa señal entre el apocalíptico entorno después del final de la batalla en esos pueblos me pareció que se asemejaba a a las viejas fotos y escenas de la película Purgatorio, que se habían hecho realidad, y que había llegado a Chechenia después de la guerra. Pero, por desgracia, era mi Donbass natal.

Ambos lados de la carretera estaban cubiertos de verde, un color conveniente para esconder equipamiento militar. Durante la batalla, no habría sido seguro pasar por aquí en ningún momento, ya que, de entre los arbustos, podrían haber aparecido soldados escondidos o sus vehículos. Por suerte, eso ya quedaba en el pasado.

De camino a Debaltsevo, había planeado informar sobre lo que pasa en la ciudad dos años y medio después del final de la batalla. No había tiempo para un reportaje fotográfico sobre la vida de los habitantes de Debaltsevo, así que iba a regresar sin nada. Incomodados por el calor, que era insoportable, pensamos que volver a Donetsk no era apetecible. Pero aun así, hubo buenos momentos. Desde la plaza central, frente al edificio de la administración de Debaltsevo, mis colegas y yo observamos con interés el lugar en el que en el invierno de 2015 había un blindado del Ejército Ucraniano y un coche agujereado por las balas propiedad del personal de rescate de la RPD. Ahora han crecido las flores, que destacan entre la verde hierba. En las caras de los civiles por la calle se observa el cansancio, aunque no es de la guerra sino de las condiciones meteorológicas. En las alturas, mirando la ciudad desde un cuarto piso, observé que la vegetación ha crecido tanto que no son visibles los agujeros en los edificios. Puede que algunos de ellos hayan sido reparados, pero en mi mente el aspecto es el mismo que en el invierno y la primavera de 2015.

El sol se encontraba en pleno apogeo cuando nos detuvimos frente al “Primer Supermercado de la República”. “Fue horrible. Como si todo Debaltsevo y todo Uglegorsk hubieran venido a la inauguración”, recuerda uno de los compañeros, que filmó el reportaje de la inauguración del supermercado en el lugar del abandonado ATB. El edificio fue restaurado y, en lugar de la cadena ucraniana, apareció su homólogo republicano. Mientras los compañeros adquirían suministros, decidí tomar unas fotografías del famoso edificio del número 24 de la calle Nekrasov. Sabía que tenía poco tiempo para preparar un reportaje completo, pero en 2015 necesité poco para comprender lo duro que todo era para la población. Pese a que ha abierto un supermercado, hay nueva iluminación en la ciudad, y el edificio de enfrente anuncia los servicios de “Komtel”, la impresión que ha quedado en este lugar es deprimente. Las ruinas abandonadas acompañan a los coches que pasan y a los nuevos semáforos, como hablando a los conductores, para que la gente se horrorice por el resultado de las batallas.

Al otro lado de la carretera hay un pequeño puesto cuya dueña me miraba con curiosidad cuando pasé por delante buscando el mejor ángulo. Los periodistas se han olvidado de Uglegorsk, es posible que llegue algún “turista militar”, aunque son escasos. Así que causé cierta rabia instantánea a la mujer. Su cara se puso del color de la franja roja de la bandera de la RPD, color del que también estaba pintado el puesto.

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Fui a saludarla y a darle la mano. Ahora aquí todos se conocen por el nombre. Solo ayudándose entre ellos pudieron sobrevivir al infierno de 2015. Una mujer con una botella de refresco y un pan bajo el brazo cruzó la calle desierta y entró al destrozado almacén de trolebuses. Tristemente apoyado a la pared hay un tullido autobús. Es el único que queda. Solía haber más. Ahora, los cristales están rotos, los asientos están vacíos y el volante está caído. Es la misma imagen que hace dos años y medio.

eJlajdB_DYAJusto detrás del garaje ondea la bandera del Ministerio de Emergencias de la RPD. Los equipos de rescate se encuentran en el edificio de los bomberos. La irnía es que, cuando se quemó la casa de enfrente [durante la batalla], fueron los bomberos ucranianos los que acudieron a apagar el incendio.

Pasan junto a las ruinas coches, taxis, motos y bicicletas. Ese último es un transporte muy popular en Uglegorsk. En los diez minutos que pasé en la casa destruida, vi al menos a tres ciclistas, dos de ellos mayores. Es una especie de alternativa al transporte público.

Sin embargo, es necesario algo más que un breve periodo de tiempo para comprender cómo son de verdad las vidas de esta pequeña ciudad después de que haya sido destrozada por la guerra.

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