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La vía Volker

volker avdeevkaLas declaraciones de Kurt Volker, en su visita al Donbass controlado por Ucrania, permiten entrever las líneas maestras de lo que puede ser la estrategia de la Administración Trump respecto a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

Una visión distorsionada para justificar la actuación

Un primer aspecto a destacar es que Volker ha optado por una presentación claramente distorsionada de la situación sobre el terreno. Se exageran en particular aspectos susceptibles de justificar, ante la opinión pública occidental, el cambio en la línea de actuación que se pretende para el Donbass.

Según el enviado estadounidense, ni la situación interna en Ucrania ni un estado de guerra civil entre diversos grupos de población estarían en el origen de la crisis del Donbass; para Volker, Rusia es la única culpable por sus “acciones de agresión” a Ucrania. Las recientes muertes en combate de militares ucranianos le sirven para transformar una situación de guerra de trincheras con periódicos picos de intensificación de los enfrentamientos (en ningún caso comparables a momentos en los que se producían batallas como la de Ilovaisk o Debaltsevo) en una “guerra caliente” que en nada puede asimilarse a una situación de conflicto congelado.

Volker aparenta también sorprenderse por el número de violaciones del alto el fuego (“El nivel de las violaciones diarias del cese al fuego es asombroso”, señala en una conversación telefónica el 23 de julio con RFE/RL), aunque, en realidad, no hayan aumentado ni en número, ni en intensidad en los últimos meses. Y, al mismo tiempo, muestra su pesar ante las consecuencias desastrosas de la guerra, señalando la sorpresa que representa ver, en Avdeevka o Kramatorsk, los edificios residenciales reventados por la artillería o hablar con civiles que han quedado inválidos como consecuencia de esos ataques.

El mensaje que Volker pretende transmitir lo resumía Hanna Hopko, presidenta de la comisión de asuntos exteriores de la Rada ucraniana, tras su reunión con el enviado estadounidense: Donbass es hoy “el terrible conflicto en su fase violenta, tal como se percibe en Occidente, infraestructuras destruidas, escuelas …”.

El mensaje que Volker quiere transmitir queda claro en sus declaraciones a Current Time TV, una cadena en lengua rusa vinculada a Radio Free Europe y a Voice of America. “Tenemos que estar … dejando claro que el pueblo ucraniano está sufriendo; dejando claro que la gente en el Donbass está sufriendo, que están cortados de los servicios y suministros del resto de Ucrania, de Kiev, que están siendo bloqueados por los grupos armados que están allí dirigidos por Rusia“, sostiene. Un mensaje propagandístico que ni siquiera puede asumirse por completo por los medios estadounidenses pro-ucranianos (como revela la crónica de la situación que realiza Leonid Bershidsky en Bloomberg). Porque, como en el diagnóstico, tampoco hay matices en la aproximación de Volker sobre las consecuencias de la guerra. Su compasión termina en la zona ucraniana: ya ha dejado claro no tener intención alguna de visitar el otro lado de la línea del frente para conocer cómo ha afectado allí esta guerra.

Propaganda con intenciones a medio plazo

La visión apocalíptica que impulsa Volker tiene una doble intención. La primera es justificar la introducción de nuevas medidas para tratar de llevar el conflicto del Donbass a una situación cualitativamente diferente. Una línea en la que es preciso avanzar con urgencia: “Es una crisis inmediata que todos necesitamos abordar lo más rápidamente posible” señala ante los micrófonos de Reuters en su visita al frente el 23 de julio. El objetivo, ya adelantado a primeros de julio por el Secretario de Estado, Rex Tillerson, es conseguir que Rusia, y no Ucrania, sea la primera en moverse para dar pasos hacia la paz.

En esa dirección, en línea con lo planteado por el Senado y Congreso estadounidenses, el endurecimiento de la política de sanciones a Rusia seguirá constituyendo el principal eje de actuación. Como es habitual en el caso de un estado en el que la frontera entre los intereses públicos y privados resulta borrosa, en la política de sanciones los objetivos geopolíticos se mezclan con los intereses comerciales. Según el Kyiv Post, en la reunión del día 24 de julio con miembros del Parlamento ucraniano, estuvo presente junto a Volker el responsable de la subcomisión en ahorro y eficiencia energética, Oleksiy Riabchyn. La componente energética de las sanciones, que podría afectar al proyecto Nord-Stream 2, es precisamente un elemento clave de las nuevas sanciones.

Una posición que no sólo aísla a Rusia sino también a la Alemania de Merkel y a la nueva UE que parece configurarse en torno a ello. Como se señala en el artículo de Benoît Vitkine y Jean Pierre Stroobants en Le Monde, la reacción de la UE, a través del presidente Juncker, ha sido negativa. La Comisión Europea ve en la propuesta de sanciones estadounidenses un acto “unilateral” que rompe con la tradición de pacto entre Washington y la UE, un planteamiento que incluso la Francia de Macron ve con reticencia. Es seguro no obstante que esta posición crítica no contará con el apoyo de un Reino Unido que se escapa, vía Brexit, ni tampoco con el de los países del este de Europa favorables al proyecto de los Tres Mares.

Pero Volker piensa también en otras medidas que pueden llegar a intensificar el conflicto, como la entrega de armas letales defensivas a Ucrania. En su entrevista en la embajada norteamericana de Kiev con el periodista Paul Woods, Volker confirma que el intento de armar a Ucrania es algo que está “siendo activamente revisado” por la Administración Trump.

Según Volker, lejos de forzar a Rusia a incrementar su intervención, armar a Ucrania obligará al Kremlin a negociar. Así precisa su argumento ante Woods: “ Si Ucrania está en una posición estratégicamente débil y Rusia en una posición estratégicamente fuerte, esto da a Rusia la oportunidad de jugar a una guerra ligera a lo largo de la línea de conflicto. Y le permite mantener esta amenaza sobre Ucrania. Las armas [estadounidenses], que permitirían a Ucrania defenderse, destruir tanques por ejemplo [en referencia a los misiles antitanque portables Javelin], ayudarían en realidad a cambiar ese cálculo. El argumento de que sería provocativo para Rusia o de que envalentonaría a Ucrania sólo la está haciendo retroceder“. En la misma línea, en su intervención en Current Time TV, Volker afirma que armar a Ucrania no provocaría que Rusia hiciera más de lo que “ya están haciendo”.

No obstante, al mismo tiempo reconoce que esa política de apoyo militar a Ucrania tampoco llevaría a cambiar el balance de la situación sobre el terreno. El objetivo, por tanto, no sería otro que infligir daños complementarios, en lo militar y en lo humano, a Rusia y a las Repúblicas. En Le Monde, Benoît Vitkine cita otra frase ilustrativa del enviado de Washington: “Los rusos creen que el tiempo juega a su favor … Creo que están equivocados, que las cosas pueden empeorar. Nos corresponde mostrarles que el coste de este conflicto todavía puede aumentar“.

En declaraciones posteriores, la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, se encargaría de matizar que EE.UU. no ha concluido aún su debate sobre la entrega de armas letales defensivas a Ucrania, pero insistiendo en la idea de que sólo “por ahora”. La intención parece estar clara, por tanto.

El segundo objetivo de la política Volker es asegurar un papel protagonista a Estados Unidos en el liderazgo de la línea anti-rusa: “Hemos visto lo que ha sucedido, comprendemos la forma en que este conflicto ha empezado, entendemos cómo se está gestionando hoy y es por eso importante que los Estados Unidos se involucren más“, señala el diplomático estadounidense. Ante la televisión de RFE/RL, Volker confirmaba que la intención de situar el caso ucraniano en un nuevo plano estratégico, con mayor participación y compromiso de EE.UU., había sido uno de los motivos para su nombramiento.

Como mencionaba Hopko sobre los temas tratados en la reunión en la Rada ucraniana, en esta dimensión un elemento clave en el que tratará de insistir Volker es en ganar terreno “en la implementación del componente de seguridad” de Minsk. Como demuestra la experiencia de Yugoslavia, controlar sobre el terreno la seguridad, hoy en manos ajenas a Ucrania y a los países de la OTAN, será el elemento clave sobre la que girará la acción diplomática de Volker. La idea es recuperar el terreno perdido sin recurrir a una intervención militar ofensiva que, por ahora al menos, EE.UU. no tiene en la agenda. Y en esa dirección, Volker cree poder obtener concesiones por parte de Rusia.

En su respuesta a Volker, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov asociaba la pretensión al proyecto de despliegue de fuerzas de paz en la zona de control, algo que requeriría para Rusia el consentimiento de las partes en el conflicto, entre ellas el de los representantes de Donetsk y de Lugansk. Poroshenko confirmaba, por su parte, su interés por una misión de paz de la ONU en Donbass. De nuevo, se entrevén pasos hacia el modelo yugoslavo que hizo posible la salida de la mayoría de la población serbia de Krajina y de Kosovo.

Con la voluntad de recuperar todo lo perdido por Ucrania

A más largo plazo, sin embargo, lo que Volker pretende es recuperar los territorios perdidos por Ucrania, tanto en Donbass como en Crimea. El “diálogo estratégico correcto” con Rusia pretende restablecer la completa soberanía e integridad territorial de Ucrania y asegurar la seguridad del régimen en el poder.

En ese camino, la estrategia pasa por evitar a toda costa, no ya la federalización, sino una mera descentralización política que se percibe como disfuncional para el proyecto europeo de Ucrania. En realidad, el principal papel político de Volker es evitar un desarrollo de Minsk que perjudique los intereses de quienes impulsaron el golpe en Ucrania.

Esto implica, por supuesto, acabar en algún momento con los acuerdos de Minsk, aunque no a corto plazo. De ahí que la intención de superar los acuerdos de Minsk no entrará, por ahora, en las “recomendaciones” de Volker a Tillerson para encarar el proceso de paz. Como queda claro en su entrevista con Benoît Vitkine en Le Monde, la referencia Minsk sigue siendo útil para los intereses de los grupos que apoyan a Volker. De esta forma, sus tesis sobre el incumplimiento exclusivo de los acuerdos por parte de Rusia, “constituyen la base para la aplicación de sanciones” contra ese país. Acusar a Rusia de incumplimiento es suficiente para encontrar funcionalidad inmediata a los acuerdos de Minsk.

La estrategia de despolitización de Minsk pasa por trasladar el centro del conflicto de la cuestión política a la de la seguridad personal, “la seguridad de todas las personas, las ruso-parlantes y los ucraniano-parlantes” en términos de Volker. Un camino que implica “sacar a las fuerzas [de Donbass] como paso previo a la consecución de “una base operativa de gobernabilidad” a la medida de Ucrania. Una pretensión que, por supuesto, contradice la esencia de lo acordado en Minsk. Como señala Bershidsky, la vía Volker de mayor compromiso estadounidense “parece ser una revisión completa del acuerdo de Minsk para obligar a Rusia a cumplir con las demandas de Ucrania, utilizando los suministros de armas a Ucrania para aumentar el coste de un conflicto continuado para Rusia”.

Superado el obstáculo ucraniano, Volker cree que entonces será posible mejorar las relaciones con Rusia, tal y como parece desear Trump. En una frase que uno de los ideólogos del conservadurismo militar EE.UU., Jack Singlaub, podría haber formulado, el nuevo enviado de Tillerson afirma ante Vitkine lo siguiente: “Nuestra estrategia tiene dos partes … Debe mostrar su fuerza y al mismo tiempo decir a los rusos que desde ya estamos listos para avanzar, más allá del conflicto”. A ese objetivo final se orienta el diálogo estratégico planteado por Volker. En él, Rusia podría obtener algunas compensaciones, pero no en temas relacionados con la integridad territorial de Ucrania o con su adhesión a la OTAN. Mientras esté Volker, estas cuestiones no formarán parte de la negociación.

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