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“Corríamos a través de un puente en llamas”

Artículo Original: Colonel Cassad

Entrevista a Mijail Chaly, hermano de Alexey Chaly [alcalde de Sebastopol en el momento del referéndum del 16 de marzo de 2014], que participó activamente en lo ocurrido en Sebastopol en 2014, año en el que comenzó el retorno de Crimea a Rusia. Al contrario que Alexey, Mijail siempre estuvo más en la sombra, aunque en los primeros días de febrero de 2014 realizó un gran trabajo de organización, asegurando el funcionamiento del Gobierno de transición y preservando los sistemas básicos necesarios para la supervivencia de la ciudad.

d0b3d0bb16Mijail Chaly: “Corríamos a través de un puente en llamas”

Como los niños, los materiales periodísticos tienen diferentes formas de nacer: algunos “partos” son sencillos y sin apenas dolor, mientras que otros son un tormento e incluso hay otros en los que son necesarias medidas extraordinarias. Curiosamente, tuve que explicar a Mijail Chaly -al que todos en Sebastopol ya conocen- algunas cosas obvias. Quizá no sea muy ético, pero mucho de lo que se dice aquí solo se debe a que Mijail Mijailovich trató de “cerrarse en banda” y no estaba dispuesto a hablar de las dificultades que ha experimentado.

“Hicisteis lo que había que hacer”

Al echar la vista atrás al 23 de febrero de 2014, todas las personas de Sebastopol con las que he tenido contacto me hablaron de cómo el alivio sustituyó a la incertidumbre y al miedo. La concentración en la plaza de Najimov mostró que la ciudad estaba unida y dispuesta a luchar. Y no se trataba aquí de una serie de ciudadanos al azar como pollo sin cabeza, sino personas que habían demostrado ya tanto su lealtad a Sebastopol como su capacidad de trabajar de verdad, no solo de palabra. Evidencia de ello fue la propia manifestación.

Alexey Chaly no prometió a los ciudadanos una vida fácil: afirmó que la situación era crítica, que cada hora contaba y abandonó la tribuna con las palabras “me voy a trabajar”. Esas palabras supusieron para la población mucho más que ninguna promesa optimista en boca de cualquier otra persona. Algunos de los participantes resumieron sus sensaciones con la expresión: alivio.

Pero una cosa es saber que alguien de fiar ha tomado las riendas y otra completamente distinta es sentir alivio por ello. Solo los muy ingenuos podrían asegurar que la manifestación supuso un estado de euforia para Alexey Chaly y sus colaboradores más cercanos. Tomar este camino concreto me permitió escuchar un honesto relato sobre cómo los protagonistas de esta historia lo vivieron en realidad.

Mijail Chaly:

“Quiero que comprenda cómo ocurrieron de verdad las cosas y en qué condiciones actuamos. El 22 de febrero y la primera mitad del día siguiente había una sensación de catástrofe inminente. Para cualquiera que conociera Sebastopol y a su gente era evidente que habría una masacre porque los banderistas tienen agravios contra nuestra ciudad. Hasta el 22 de febrero habíamos mantenido la esperanza de que Yanukovich podría crear un gobierno alternativo en el sudeste de Ucrania y habíamos preparado una resolución acorde a ello sobre nuestra entrada en el sudeste. Pero pronto quedó claro que no habría nada de eso porque Yanukovich había huido. Todos los consejos regionales, de distrito y municipales, incluyendo los de Crimea, juraron lealtad a la junta. Las autoridades de Sebastopol tampoco mostraron determinación para resistir: dudaron, discutieron entre ellos mientras pasaba el tiempo. Internet estaba lleno de información sobre cómo el 23 de febrero había comenzado la evacuación de la flota rusa. También había “información oficial” que hablaba de que un buque estadounidense había entrado en nuestras aguas. El ambiente estaba muy tenso, como si una enorme nube negra sobrevolara sobre Sebastopol. 

Los hechos se sucedían de mal en peor, pero sabíamos que era necesario actuar, aunque fuera en las peores, más odiosas y desfavorables condiciones, porque si no los pravoseki vendrían aquí y no sería para una fiesta en Sebastopol con su gente. Tampoco esperábamos ninguna ayuda, la historia del referéndum de 1991 y lo ocurrido después no daba ninguna esperanza para ello. Así que cualquier sinsentido, incluso la creación de una ciudad-Estado, parecía más realista que la idea de que pudiéramos pasar a ser parte de Rusia. Después de que acabara la reunión del 23 de febrero, todos eran conscientes de que, si las cosas no salían bien, la venganza contra nosotros por lo que estábamos haciendo no tardaría en llegar. La maquinaria del Estado al que nos enfrentábamos podía acabar con nosotros en un abrir y cerrar de ojos. Así que no teníamos ninguna euforia, era imposible que la tuviéramos.

Lo recuerdo bien. Inmediatamente después de la reunión, cuando la gente comenzó a marcharse, nos trasladamos al patio interior del Club Náutico. Éramos seis, llovía… Ir al edificio de la administración habría sido inútil. Sin refuerzos simplemente nos habrían puesto en la calle. Lo primero que hice: ir donde el antiguo jefe del departamento del Servicio de Seguridad [SBU] en Sebastopol, Alexey Kabeletsky, que conocía todas las estructuras de seguridad de la ciudad y le pedí que suministrara seguridad para Alexey Mijailovich [Chaly].

Alexey Kabeletsky:

“Respondí que tenían hasta la mañana siguiente: por la noche, los servicios especiales de Ucrania se darían cuenta y todo habría acabado. Así que era necesario actuar inmediatamente y llamar a las puertas de cualquier unidad militar rusa; era imposible garantizar la seguridad de Alexey Mijailovich ni de nadie más que hubiera dado la cara en la manifestación o de cualquier otro tipo de líder. Se enfrentaban, por una parte, a las autoridades ucranianas y, por otra, a los militantes que habían fabricado la “revolución de la dignidad”. Esas personas habían hecho lo que habían querido y no habían sido castigadas. Al ir a la manifestación, vi a un grupo: una docena de personas en chándal. Por eso al final del acto tenía tanto miedo: Alexey Mijailovich y su gente parecían estar completamente indefensos.

Aquí hay que resaltar un punto importante. Todos los que participaron en la “primavera rusa” tienen su propia historia y todos son buena gente. Pero dar una opinión o gritar un eslogan entre una multitud no es un gran éxito. La presencia de alguien en una manifestación es insignificante, siempre podrán decir que estaban a favor o en contra de lo que sea, simplemente nadie les oyó. Si Vaya y Peta dicen lo contrario, es un insulto. Se puede incluso estar en silencio en los puestos de control sin que nadie note tu presencia. Las únicas personas que realmente asumen un riesgo son aquellas que se identifican, es decir, quienes suben a una tribuna y abiertamente declaran sus intenciones. Es como saltar por un barranco, tras lo cual no hay vuelta atrás. Especialmente si hablamos de alguien famoso, conocido por todos en la ciudad. Dadme el nombre de al menos una figura pública que se identificara en esos primeros días. Más adelante, cuando quedó claro que no habría ninguna batalla, aparecieron otros héroes. Y entonces…”

Mijail Chaly:

“Entonces Lyosha Kabeltsky explicó que teníamos que coger a nuestras familias y correr al ejército ruso, para que con su ayuda pudieran evacuarnos a Rusia. Pero nadie lo hizo y seguimos protegidos por una guardia de dos hombres, uno de los cuales tenía una pistola traumática [que dispara material no letal como pelotas de goma] y el otro una Makarov. Sabía que el consejo de Lyosha no valía, porque era imposible intimidar a Alexey Mijailovich. Y era imposible imaginar que fuera a abandonar a la gente que creía en él. Fue un fuerte impulso el trabajo que habíamos hecho en años anteriores: apoyar a movimientos pro-rusos, la 35ª Batería [la restauración y reconversión en museo de la llamada Fortaleza de Maxim Gorky en Sebastopol], nuestra resistencia a la ucranización de la ciudad; mi hermano había organizado de tal manera que no estuviéramos a la vista de los servicios de seguridad de Ucrania. A todos aquellos que gritaron demasiado o que dieron el espectáculo, les vigilaron y vieron que no iban en serio. Pero nosotros nunca buscamos publicidad, nuestro trabajo fue en la sombra, así que lo pasaron por alto. Se puede construir un alocado memorial, eso no quiere decir nada para un hombre. Se pueden publicar libros de texto sobre estudios de Sebastopol, tampoco. Y, de repente, el 23 de febrero, salimos, en toda nuestra gloria, ante las cámaras.

Así que cuando dicen que después de la manifestación todo estaba hecho, es completamente ridículo. Solo teníamos una mínima posibilidad de conducir la situación. Todo ese mes seguimos una especie de intuición que bordeaba la consciencia: fue como correr por un puente en llamas que se colapsa tras tus pasos. Y en el que no puedes retroceder ni frenar o te comería el abismo. Más adelante, algunos especialistas me dijeron: no es que actuarais correctamente, actuasteis de forma más que correcta. Porque si hubierais actuado según las normas, no habríais tenido éxito”.  

23431No convertirse en víctimas

La maquinaria del Estado habría aplastado fácilmente a aquellos que se encontraban en su camino de no haber sido por la ciudadanía. Solo esa unidad y la organización de la población, que se apresuró a salir al centro de la ciudad a la primera hizo fracasar el intento de detener a Alexey Chaly y pudo celebrarse la sesión del Consejo Municipal, en el que los diputados confirmaron su autoridad al frente del poder ejecutivo. Lo más tragicómico es que algunos de los diputados que en aquel momento hicieron todo lo posible para impedirlo y que amenazaron al alcalde con penas severas escriben ahora “sus heroicas memorias” de aquellos días.

Pero no nos distraigamos. El pueblo de Sebastopol comenzó a luchar por el derecho a no actuar como víctimas resignadas mucho antes, en cuanto los ya conocidos hechos comenzaron a desarrollarse en Maidan. Por supuesto, hubo optimistas que no se tomaron en serio la lucha interna en Ucrania. Pero pronto nos quedó claro que no iba a pasar nada bueno.

Mijail Chaly:

“No podíamos esperar sin más a que los pravoseki llegaran a Sebastopol y empezaran a hacer que todo el mundo se plegara a ellos. El pueblo de Sebastopol es único, muchos de ellos vienen de un entorno militar, así que la población comenzó a organizarse por su cuenta en grupos de autodefensa. Pero el nivel de organización era muy desigual. Había diferentes categorías de unidades de autodefensa y nada inferior a la tercera categoría tiene posibilidad alguna de sobrevivir en un choque contra fuerzas enemigas organizadas. Y las más altas, además de organización interna, implican comunicación y control directo con el Ministerio del Interior. Ese es el tipo de unidad que habíamos creado ya en enero. Antes de eso, habíamos estudiado a fondo la experiencia de Bishkek, que era la experiencia más reciente en la que se habían producido disturbios masivos en los que se habían producido muertes. La principal conclusión a la que habíamos llegado con ese estudio es que intentar sentarse a esperar en el patio con una escopeta en la mano y soltar al perro no es más que un método elaborado de suicidio. Imagine: hay trescientos patios en la calle y en cada uno de ellos se han encerrado, atemorizadas, las familias. Una banda de veinte toma un patio y mata a la familia y al perro. Luego sigue con la siguiente casa. Y así destruye toda la calle. Pero si esas trescientas personas se juntan con sus cien pistolas, entonces acabarían con la banda con facilidad.

Realmente estábamos preparados para defender a nuestras familias, nuestra ciudad y, si era necesario, a evacuar a la gente y garantizar su seguridad. Había grupos de diferentes niveles de organización en Sebastopol. Después del 23 de febrero, cuando quedó claro para todos que había personas capaces de tomar el control de los acontecimientos, no nos faltó gente dispuesta a ayudar. Al contrario, teníamos más que de sobra. La unidad en la ciudad era increíble, una locura, es verdad.

Tuve un verdadero problema: en cuanto salía a la calle, la gente me agarraba y me ofrecían sus propias soluciones para salvar Sebastopol de los villanos. Si hubiera escuchado a todos, me habría llevado las 24 horas del día. Es decir, la actividad de quienes ayudan también tiene que ser digerida. Organizar a la población, muchos de los cuales jamás habían hecho un juramento, fue difícil. Pero funcionó. Creo que ayudó que en esos momentos toda la población de Sebastopol quería lo mismo. Y eso también evitó que se produjeran malentendidos.

Muchos habían venido al rescate de Sebastopol incluso de otras ciudades. Algunos ofrecían ayuda material, otros simplemente preguntaban qué queríamos que hicieran. También había muchos ucranianos entre los que no eran residentes, para ellos era un acto de traición. Por desgracia, también estaban los que desde el principio esperaban conseguir dividendos de estos hechos, sacar provecho económico del patriotismo. Se les veía a la legua: solo mostraban una actividad frenética ante las cámaras de televisión. Hubo un momento en que simplemente prohibí que entraran en los edificios del Gobierno, porque su objetivo era evidente. Pero eso solo ocurrió más adelante, cuando ya estábamos ganando. Durante los primeros cinco o seis días, cuando el peligro era real, todos, incluidos ladrones, prostitutas y pandilleros abandonaron sus cosas y fueron a las barricadas. Al ver a la gente el 24 de febrero no vi una masa, vi un grupo de personas bien organizadas. Incluso el transporte funcionó normalmente: cuando apareció un autobús, todos se apartaron, lo dejaron pasar y después cerraron filas otra vez. La población se hizo con el poder en Sebastopol, por eso pudimos ganar. No lo hicieron en Odessa porque no encontraron ningún líder”.

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