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Alemania, Alto el fuego, Batallón Azov, Ejército Ucraniano, Extrema Derecha, Ucrania

Ayuda privada alemana para los batallones de extrema derecha ucranianos

Preámbulo: Las dificultades económicas por las que atraviesa Ucrania, sumado a la retórica nacionalista y de denuncia de agresión rusa en la que el Gobierno de Poroshenko ha basado su política, ha hecho reaccionar a la diáspora ucraniana en diferentes países. Sin dejar de exigir que sean los gobiernos de los países en los que residen los que acudan al rescate del ejército Ucraniano, organizaciones privadas se han lanzado a recaudar fondos para el Ejército Ucraniano y también para los batallones voluntarios, de ideología nacionalista radical, que se han integrado en él. Sin llegar al volumen de suministros y de cantidad de dinero recaudada por la diáspora ucraniana en Canadá, que por su importancia merece un capítulo aparte, la diáspora ucraniana en Alemania también busca apoyar a su país de origen en su lucha contra la rebelión de Donbass.

Ucranianos alemanes quieren apoyar a sus compatriotas en su lucha contra los separatistas. Recaudan fondos, envían equipamiento o incluso marchan al frente.

Artículo de Volker Siefert en Zeit Online

Primero fue Crimea y ahora es Donbass. La diáspora ucraniana en Alemania considera una obligación apoyar a sus compatriotas ante la superioridad militar de los separatistas armados por Rusia. Esto no ha cambiado con el reciente alto el fuego negociado por la Canciller alemana Angela Merkel. En ninguna otra parte de Europa hay más ucranianos fuera de su patria que en Alemania. Frente a la primacía de la diplomacia, con la que el Gobierno Federal quiere resolver el conflicto, apuestan principalmente por una solución militar.

En un principio era ayuda humanitaria para las personas necesitadas y los refugiados de Donbass lo que salía de Alemania hacia Ucrania. Con la militarización del conflicto, los responsables de la ayuda la reorientaron cada vez intensamente hacia las necesidades de los soldados. Irina Groenow, de la comunidad ucraniana de Frankfurt, explicó cómo había equipado, junto a otras personas de su misma forma de pensar, a un soldado ucraniano de 22 años  para ir al frente. Este soldado había publicado en Facebook un anuncio sobre el equipamiento que necesitaba y “ahora ya ha estado cinco veces en el frente”, dice Groenow orgullosa.

Sólo en las principales metrópolis personas particulares han constituido una media docena de grupos que buscan donantes a través de Facebook. Los soldados especifican sus peticiones concretas, que son cubiertas por los donantes en Alemania y luego entregadas a través de voluntarios. Las peticiones van desde material inocuo como colchones o linternas hasta peticiones que suenan más marciales: “recopilamos gafas de visión nocturna para que nuestros héroes puedan rastrear al enemigo”.

Un muniqués de 18 años de camino hacia el frente

Cascos, chalecos antibalas y dispositivos de visión nocturna son particularmente demandados en el frente. Según la legislación del Gobierno Federal se consideran armamento, así que únicamente pueden exportarse con un permiso. En principio, no se pueden otorgar permisos de exportación para Ucrania a causa de los combates allí y el Gobierno no quiere intervenir militarmente en el conflicto ni siquiera de forma indirecta.

En vista de la gran cantidad de donaciones y de entregas de armamento a soldados que han sido documentadas en las redes sociales, es probable que se haya llegado a violar esas normas en el pasado. “La administración de Aduanas está muy sensibilizada en estos momentos a la hora de inspeccionar los productos que van dirigidos a Ucrania”, explica a requerimiento de ZEIT Online el responsable de investigar infracciones en las exportaciones en la Oficina de Aduanas de Colonia. En cualquier caso, el mero llamamiento a recoger productos no es suficiente para iniciar una investigación criminal.

Pero la ayuda no acaba con la entrega de armamento. El caso de Dmitri, un chico de 18 años de Munich, es un ejemplo de hasta dónde llega la disposición operativa de algunos ucranianos. Un equipo del programa de ARD Panorama ha acompañado a este estudiante de instituto de la capital bávara hasta un campo de entrenamiento militar de una asociación voluntaria en Vinnitsa, en la zona occidental de Ucrania. Dmitri ha abandonado los estudios dos años antes de graduarse para “liberar mi vieja ciudad natal, Donetsk, de los terroristas rusos”. En cuatro semanas de formación estará preparado para ir al frente. También recibe adoctrinamiento ideológico aunque con un trasforndo muy discutibe. Su batallón, UNA-UNSO, es considerado antisemita y anti-ruso. Dmitri no quiere decir cómo llegó a este batallón de extrema derecha. Posiblemente fuera a través de un contacto que recluta jóvenes ucranianos a través de las redes  sociales en Alemania. También el batallón Azov mantiene su propia persona de contacto para buscar voluntarios que quieran luchar del lado de esta milicia de extrema derecha en Ucrania.

Unidades de combate sin interés por una solución política

Quienes quieran encontrar una solución política al conflicto en Ucrania no pueden tomar a la ligera los vínculos entre la diáspora y las organizaciones de voluntarios de extrema derecha. “Hay una llamada al sentimiento nacional entre Ucrania y la diáspora ucraniana que supera las barreras fronterizas”, observa Tarik Cyril Amar. Este historiador de la Universidad de Columbia en Nueva York ve como peligro que las unidades militares de extrema derecha “puedan desarrollar su capital político”. Por esa razón no tienen interés alguno en que se alcance una solución política rápida al conflicto.

La ayuda de los ucranianos en Alemania a sus compatriotas continuará el tiempo que dure la guerra y la inestabilidad económica. Nadie discute la necesidad de proporcionar asistencia humanitaria. El párroco de la comunidad Cyriacus en Frankfurt, Ernst-Detlef Flos, lo comprende perfectamente. Pero el límite que supone la ayuda militar se excedió en su opinión cuando, durante la Navidad, encontró en la sacristía una hucha con la inscripción: “Para el ejército ucraniano”. Su congregación permite a la pequeña comunidad ortodoxa ucraniana celebrar servicios religiosos en su iglesia. “Pero no puede ser que en nuestra iglesia se colecte dinero para propósitos militares”, dice Flos, convencido pacifista. La comunidad de Cyriacus ha buscado el diálogo pero ha prohibido a los ucranianos estas colectas de fondos, a la espera de un nuevo contrato de alquiler para regular. Lo que haga la comunidad ucraniana fuera de la iglesia huésped no entra en el debate.

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