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Economía, Extrema Derecha, Fascismo, Ucrania

De la liberación al sometimiento

Artículo Original: Andrey Manchuk

El 75 aniversario de la liberación de Ucrania de los invasores Nazis es una de las fechas más incómodas para el actual Gobierno. Curiosamente, esta fecha no es una imposición de los antifascistas ucranianos ni una tradición soviética, contra las que habitualmente luchan los actuales reformistas, sino que, por el contrario, fue iniciada como fecha oficial por el ministro de Economía de Ucrania y vicepresidente del Gobierno Sergey Tigipko, que propuso la celebración en octubre de 2009 [hasta entonces se celebraba el Día de la Victoria y cada ciudad conmemoraba el día en el que fue liberada, pero no se recordaba el día en el que todo el territorio de la actual Ucrania quedó liberado de la ocupación Nazi-Ed].

“El día de la liberación de Ucrania de los invasores fascistas es un evento tremendamente importante y, en mi opinión, ese día debería ser festivo a nivel nacional. El 28 de octubre tiene que ser, no solo el Día de la Liberación, sino el Día de la Unidad de Ucrania”, afirmó el político ucraniano, que aún no era consciente de que en el futuro iba a tener que justificarse constantemente frente a las acusaciones de tener una postura “prorrusa” por ello. La fiesta se implantó y se celebró con Yanukovich, Poroshenko, y formalmente, también con Zelensky.

Ahora, cuando los nacionalistas califican la fiesta de Tigipko de iniciativa artificial, es momento de pensar en que la tradición antifascista sigue siendo importante para cada familia ucraniana. Por ejemplo, mi abuela, que ahora tiene 92 años, habla de que los alemanes secuestraban a jóvenes locales para enviarlos a Alemania como esclavos. Aquellos que no querían ir a Alemania huían a los bosques para intentar escapar del reclutamiento forzado y tenían que calentarse con pequeños fuegos bajo los nevados bosques ucranianos.

Las autoridades Nazis del Reich siempre vieron a los ucranianos como una nación dependiente y de servidores cuya tarea era garantizar que los arios tuvieran un hogar. Cualquier intento de resistencia era castigado con la muerte, con asesinatos masivos y con la liquidación de personas inocentes. Durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945, Ucrania perdió alrededor de diez millones de personas, entre ellas víctimas del Holocausto. La cifra supone más que las bajas que el total combinado de Reino Unido, Canadá, Estados Unidos y Francia. Durante la guerra, el país perdió oficialmente a alrededor del 19% de la población, aunque se estima que las bajas fueron aún mayores, ya que los Nazis no documentaron las ejecuciones masivas de todos los servidores locales.

Ahora, de forma burda, se dice a los seguidores de “servidor del pueblo” quién domina la tierra de Ucrania. “Ucrania está en una situación única, en la que algunos defensores de Petro Poroshenko siguen ocupando puestos en el Gobierno y representan las caras nuevas y jóvenes, mientras que otros defensores de Poroshenko llaman a la gente a salir a Maidan y derrocar a los primeros. Además de defensores de Poroshenko, el Gobierno está lleno de receptores de becas de instituciones extranjeras, que siguen los principios de las doctrinas neoliberales y el libertarianismo, que han pasado por los bufets de gambas, aguacate, leche de soja e historias sobre los milagros económicos de Balcerowicz y Pinochet. La receta de “reforma” es simple como el pomo de una puerta. Como describía Bulgakov: cogerlo todo y dividirlo. Me refiero a todas las propiedades del Estado y dividirlo entre “dueños eficientes”, que, por pura casualidad, serán inversores que han crecido a base de becas extranjeras”, escribió irónicamente el historiador de Kiev Yury Latish.

La ironía es que, desde hace muchos años, se intenta hacer que los ucranianos crean en estos políticos “jóvenes y prometedores” a sueldo de Occidente que supuestamente vienen a sustituir a la generación de Yanukovich para liberar a Ucrania gracias a las maravillosas recetas de las reformas “europeas”. Sin embargo, ahora que son el poder, el público puede ver que su falta de fiabilidad e incompetencia solo difieren de sus antecesores en su edad y forma de vestir, así como su marcado respeto por la ultraderecha. Con todas las consecuencias que eso puede tener para el futuro del país.

La nueva generación de depredadores sin escrúpulos no tiene ningún interés por la población y abiertamente coopera con el nacionalismo radical, a los que respeta como una fuerza que puede mantener a flote al Gobierno. La consecuencia son políticas antisociales por las que pagarán todos los ucranianos.

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