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Donbass, Economía, Industria, Pobreza, Rusia, Ucrania

De potencia industrial a exportar mano de obra

Artículo Original: Colonel Cassad

El aún ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania ha explotado con unas notables declaraciones sobre el tema de la despoblación en Ucrania. “Lo que está ocurriendo ahora, con millones de ucranianos en el extranjero, creo que va a seguir en los próximos años: la mitad de los ucranianos estarán aquí y la otra mitad allí. No me gustaría que nos convirtiéramos en abastecedores de mano de obra en la Unión Europea, sino de mano y cerebro. Porque los cerebros ucranianos son necesarios para todos. A todos les gustan los ucranianos y quieren más. Les gustan los ucranianos porque los ucranianos siempre suman y nunca restan”.

Estas declaraciones son notables porque Klimkin habla abiertamente de una inevitable tendencia a la reducción de la población de Ucrania, que es consecuencia directa de la policía del Gobierno que ha representado y que aún representa.

La población de la antigua República Socialista Soviética de Ucrania ha venido reduciéndose desde principios de los años 90, cuando, tras llegar a los 51,7 millones de personas en el momento de la disolución de la URSS, la población de la “Ucrania independiente” comenzó a caer, primero a 50 millones y después a 48.

Esta tendencia se mantuvo durante los mandatos de Kuchma, Yuschenko y Yanukovich. Además de la reducción de la natalidad y aumento de la mortalidad, la reducción de población se debió también a la emigración masiva de ciudadanos al extranjero, fundamentalmente a Rusia y a Polonia. La población no se marchaba por la buena vida, sino porque el “país independiente” no podía ofrecerles empleos dignos con salarios decentes. A consecuencia de ello, Ucrania hace tiempo que se ha convertido (como Klimkin no quiere ver) en proveedor de mano de obra barata para la construcción, servicios y agricultura.

Pero lo mejor aún estaba por venir. La revolución de la dignidad dio lugar a que Ucrania perdiera varios millones de personas que directamente se marcharon con Crimea y Donbass, a los que se sumaron los emigrados políticos que se negaron a aceptar la junta fascista de Kiev y todos aquellos que quisieron evitar pudrirse en las trincheras de Donbass por el bien de Poroshenko y Yatseniuk. También ha colaborado la guerra civil provocada por Euromaidan, que se ha llevado más de diez mil vidas. Y esas son solo las consecuencias político-militares de Euromaidan.

En términos económicos, Maidan ha llevado a una mayor desindustrialización, empeoramiento de los niveles de vida, pérdida de expectativas y aumento de la emigración en busca de trabajo a Rusia y la Unión Europea, ya que la población no creía que el nuevo Gobierno fuera a ser capaz de cambiar nada. Para 2017, incluso algún líder de Maidan como Saakashvili reconocía que los niveles de vida que se disfrutaban en tiempos de Yanukovich tardarían veinte años en recuperarse. En realidad, esa frase resume toda la política económica de Maidan.

La población se marcha y seguirá marchándose. Ahora, cinco años y medio después de la revolución de la dignidad, Klimkin lo vende como el nuevo statu quo de Ucrania. La población se marcha del país en busca de trabajo, ese es el futuro de Ucrania. El futuro del país se presenta como principal proveedor de mano de obra barata para sus vecinos. Sin embargo, en 1991, Ucrania era una de las principales potencias industriales. La rica herencia recibida de los “malditos comunistas” fue despiadadamente destruida, saqueada y devorada.

Como es natural “todos quieren cerebros ucranianos” y, sobre todo, la mano de obra barata que representan en la construcción en Moscú o recogiendo fresas en Polonia. En ese sentido, los avariciosos empresarios están muy interesados en los ucranianos. Al fin y al cabo, si se les paga menos a los pobres ucranianos, los beneficios son mayores. Todo son ventajas. Queda por saber los beneficios de esa política para los propios ucranianos, que, como los tayikos y otras nacionalidades, se ven obligados a abandonar su país para poder al menos mantener a sus familias.

Está muy bien hablar de los “cerebros ucranianos”, para que Klimkin y sus colegas puedan evitar responsabilidades por aplicar sistemáticamente unas políticas que buscan reducir la población de Ucrania de muchas maneras diferentes. Sin embargo, no quieren hacerse responsables de esas políticas, ya que entonces tendrían que responder directamente a la pregunta de por qué era necesario todo lo que han hecho si nada de ello iba a tener como consecuencia el desarrollo del país.

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