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Historia, Nacionalismo, Rusia, Ucrania

Doble moral de la élite liberal postsoviética

Artículo Original: Andrey Manchuk

Bandera de la victoria en Donbass, donde, al contrario que en Ucrania, no se censura la hoz y el martillo ni se esconde en las celebraciones

Europa ha celebrado recientemente su propia versión del Día de la Victoria coincidiendo con el 75º aniversario del desembarco de Normandía. El 6 de junio de 1944, una fuerza conjunta de Gran Bretaña, Estados Unidos y otros países desembarcaron en la Francia ocupada por el Tercer Reich. Por algún motivo, este año se ha organizado una celebración sin precedentes que ha durado cinco días y que se ha celebrado a ambos lados del canal de la Mancha, tanto en Portsmouth como en las costas francesas de Normandía.

Acudieron a las celebraciones el presidente francés Emmanuel Macron, el primer ministro canadiense Justin Trudeau, el presidente estadounidense Donald Trump, así como los líderes de Australia, Bélgica, la República Checa y Holanda. Acudió incluso Angela Merkel, pese a que su país fuera entonces la parte derrotada contra el que luchaban los aliados. Los únicos que no fueron invitados fueron los representantes de Rusia, pese a que el segundo frente occidental se abrió bajo presión directa del liderazgo soviético, que ya se había encargado del grueso de la maquinaria militar alemana. Eso facilitó significativamente el desembarco de norteamericanos y británicos en Normandía.

“El hecho de que Rusia no haya estado presente en la celebración del aniversario del desembarco aliado en Normandía el 6 de junio de 1944 es un error político y diplomático. Es un intento de humillar a los pueblos de la antigua Unión Soviética, que, pagando un altísimo precio en forma de víctimas (27 millones de muertos), infligieron en tierras rusas el golpe decisivo al ejército y al régimen nazi, especialmente durante las batallas de Stalingrado, Kursk, Cherkassy y la operación Bagration, que comenzó pocos días después del desembarco de Normandía. El papel más importante en la Victoria sobre el nazismo lo jugó el movimiento partisano de la Unión Soviética”, escribió uno de los periódicos franceses más antiguos, L’Humanité.

El intento de ignorar a Rusia solo molestó a la parte de la sociedad francesa que no quiere obedecer a la nueva “verdad histórica” que dictan Washington y Londres.

Sin embargo, la celebración fue a gran escala y con exageradas odas al militarismo. En Gran Bretaña y Francia se realizaron desfiles militares, con escuadrones de combate sobre el estrecho y veteranos paseados por las calles ante las miradas de la audiencia. Superó en escala las habituales celebraciones con motivo del Día de la Victoria que se celebran en Moscú y Minsk y que, hasta 2014, se celebraban también en las calles de Kiev. Sin embargo, este despliegue militar no ha molestado a la élite postsoviética, que cada año exige que se cancele el desfile del 9 de mayo o la celebración del final del sitio de Leningrado ya que afirman que esos días habría que guardar duelo por las víctimas de la guerra.

“Me he topado en Twitter con la reina Isabel, que ha publicado unos cuarenta tuits sobre el 75º aniversario del desembarco de Normandía, una foto con los veteranos en el desfile, eventos festivos, conciertos, celebración de nuevas armas, retuits del Ministerio de Defensa, etc. En los comentarios en respuesta a los tuits, británicos comunes celebraban y se congratulaban. Resulta que las quejas sobre el día de la victoria que escuchamos cada mayo son una especie de mutación única de nuestro país”, ironizó el bloguero Vladimir Demidko.

Es verdad, los oponentes de la celebración del Día de la Victoria sobre el nazismo han demostrado una cómica doble vara de medir y una gran capacidad para retorcer la realidad. Hace solo un mes, utilizaban el sarcasmo para criticar las celebraciones en ciudades rusas, diciendo que era demasiado caro y lamentándose de los peligros de la educación militarista de los jóvenes. Sin embargo, las celebraciones en las lejanas costas de Normandía han causado a esas mismas personas olas de emoción y abundante entusiasmo que han dejado plasmado en las redes sociales y en la prensa.

“Hace exactamente 75 años, ellos desembarcaron en las playas de Normandía. Vayan allí, como yo, a las colinas de Pointe du Hoc o a Omaha Beach. Imaginen lo que tuvo que ser escalar esas cuestas de piedra bajo el fuego. Gracias, soldados del Imperio Británico, de Estados Unidos, Polonia, Noruega, Checoslovaquia y las fuerzas de la Francia libre. Digan lo que digan desde Moscú los Molotov-Ribbentrop sin escrúpulos, vosotros eráis nuestros aliados. Estoy segundo de que llegará el día en que volvamos a estar del mismo lado. Salud a los veteranos. Memoria eterna a los héroes caídos”, escribió el periodista del canal Dozhd Konstantin Eggert, eliminando de un plumazo a su país de la coalición histórica que ganó la guerra.

Por supuesto, lo mismo ocurre en Ucrania. La prensa patriótica que ridiculiza completamente a los participantes en las celebraciones del 9 de mayo y que abiertamente incita a los “activistas” nacionalistas contra ellos, enaltece la celebración de los soldados franceses, estadounidenses y británicos pese a que los señores europeos no hayan considerado necesario bautizar a sus seguidores nacionalistas como “victoriosos en la lucha contra Hitler y Stalin”. Ese pequeño fallo no ha impedido que muestren su felicidad por el “aislamiento del Gobierno ruso”. Y la noticia de que Gran Bretaña no haya invitado a Rusia a Portsmouth ha abierto la lista de “victorias” en el canal de Poroshenko, algo en lo que coinciden con sus competidores de los canales en los que se hace propaganda de la agenda política del presidente Zelensky.

Esto es algo que nos tienen que explicar los representantes de la élite liberal postsoviética. Resulta que no están en contra de desfiles militares, tanques, aviones, estética militar y discursos beligerantes sobre viejas victorias, da igual cuánta sangre derramaran los participantes en las operaciones para liberar Francia. Todo está bien si se trata de Estados Unidos y Europa, incluida Alemania, que no tiene por qué arrepentirse de sus sangrientos crímenes que iniciaron la guerra contra Hitler.

Esta gente no está satisfecha con la versión auténtica de la memoria histórica, que incluye a la Unión Soviética, pese a su decisiva contribución a la victoria de 1945. Y todos los intentos de cancelar las celebraciones del 9 de mayo para convertirlo en un día del duelo y la reconciliación solo pretenden reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Este es el camino del revisionismo histórico que se ha seguido en la Ucrania post-Maidan, donde el Gobierno busca reescribir la historia de la Gran Guerra Patria, destruir los monumentos a sus héroes y enaltecer a colaboracionistas nazis. La triste experiencia, una forma de rechazar el legado histórico de la lucha antifascista, es una condición necesaria para una nueva guerra fría y para la resurrección de la extrema derecha. La duda es si en Europa son conscientes de ese peligro.

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