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El enemigo interno

En un reciente informe, la Helsinki Commission, una agencia gubernamental estadounidense encargada de analizar el ajuste de los estados a los compromisos adquiridos dentro de la OSCE, señalaba la corrupción como el verdadero enemigo interno de Ucrania. Y afirmaba que “finalmente, por primera vez, parece que las verdaderas reformas están al alcance” en ese país.

Es significativo que la orientación de este informe de 2017 enlace con las tesis de un artículo de Diane Francis, publicado el 8 de enero de este año en la web del Atlantic Council. Su título es una reivindicación de optimismo reformista pro-ucraniano: “Esta vez será muy, muy diferente”.

Entre las razones para ese optimismo, Francis afirma que ya no son posibles una invasión rusa o nuevas insurrecciones en un país en el que “el servicio militar, y fondos occidentales, han creado una de las mayores fuerzas militares de Europa, con 204,000 soldados (poco menos que los de Francia), 46.000 personal de apoyo, más fuerzas paramilitares, o 53.000 guardias fronterizos, y 60.000 en la Guardia Nacional”, muchos de ellos “veteranos patrióticos”. Aún más relevante, “a cambio de limpiar su corrupta industria de defensa”, la Administración Trump pretende enviar unos 200 misiles anti-tanques Javelin y rifles para francotiradores M107A1 que permitirán a los ucranianos “devolver o iniciar ataques preventivos”. Así que “esta vez es diferente porque Ucrania está armada hasta los dientes”.

Un segundo motivo es que Occidente, sus gobiernos e instituciones, están firmemente detrás de las aspiraciones ucranianas frente “a las falsas insurrecciones separatistas” de 2014. Según la autora, “ahora no hay duda de que Moscú derogó el derecho internacional con su invasión” (nunca la hubo ni Rusia dio signos de valorar esa posibilidad).

Pero lo que verdaderamente llama la atención del texto de la publicista del Atlantic Council es su disposición a apoyar de nuevo un cambio por vías ajenas a la política tradicional. Porque, a diferencia de 2014, “si el cambio viniera a través de elecciones o de otra forma”, esta vez Ucrania no caerá en el caos. Según Francis, dispone para ello de su nuevo poder militar, un poder que no sólo neutraliza a Rusia sino que “apuntala cualquier futura revolución en la calle si el régimen actual se niega a reformar por completo el país antes de las elecciones de 2019”.

Para esta nueva revolución, Ucrania dispone además de “una “infraestructura de gobernabilidad” … cientos de parlamentarios, ejecutivos, financieros, abogados, activistas, donantes y benefactores internacionales, y líderes políticos honestos. Algunos ya se reúnen informalmente, como un grupo privado de Kyiv de 200 tecnócratas, que podrían ejecutar inmediatamente una transición pacífica y creíble”.

Ejército y nueva tecnocracia, en esa unión converge un proyecto que pretende liquidar a las viejas elites corruptas que, según la Helsinki Commission o Diane Francis, impiden el avance de la nueva Ucrania reformista. Un proyecto que hace posible, incluso deseable, un nuevo Maidan: “Si estas transformaciones no están integradas, es probable que se produzca otra protesta callejera en los meses previos a las elecciones y obtendrá un apoyo internacional masivo. Y con su baluarte militar contra Rusia, los ucranianos finalmente pueden tener la oportunidad de derrocar a sus elites odiosas”, afirma Francis. Si un Maidan hace inevitable que los buenos ciudadanos de Ucrania “se amontonen en sus calles … no hay duda de que esta vez será muy, muy diferente”.

Pero, ¿quiénes conforman la tecnocracia de la que habla Diane Francis? No hace falta escarbar mucho para saber de quiénes se trata. El llamado Reanimation Package of Reform (RPR) agrupa a mucha de estas fuerzas. Se autoproclama como la coalición más grande de organizaciones no gubernamentales y expertos líderes en toda Ucrania para facilitar e implementar las reformas.

Entre quienes son, o han sido, altos cargos de la RPR, destacan varias personas con referencias directas con el Atlantic Council, muchas de ellas vinculadas al UkraineWorld (una iniciativa “networking” centrada en Ucrania para “contrarrestar la desinformación”) o la International Renaissance Foundation (IRF). Vinculado a las redes españolas pro-ucranianas, una de estas personas es Oleksandr Sushko. En 2014, las tesis de Sushko eran mencionadas en un artículo de Sabine Freizer para el Atlantic Council: “En el este están luchando contra nuestras reformas. Intentan enredarnos en la guerra para [hacernos] olvidar al Maidan. La reforma es nuestra mejor respuesta al combate, especialmente a largo plazo”.

Desde el 1 de enero de este año, Sushko asume la Dirección Ejecutiva de la IRF, una decisión aprobada en septiembre de 2017 por el presidente de la Open Society Foundation, y fundador del IRF, George Soros. La Presidencia del IRF, hasta entonces ocupada por Sushko, la ocupa temporalmente la actual vicepresidenta, Olga Aivazovska.

Aivazovska es una persona clave en las entretelas del proceso ucraniano que pretende la llegada al poder de una nueva clase tecnocrática en Ucrania. En primer lugar, por su papel de Responsable del Consejo de Opora, una organización privada que contó, según una fuente de su embajada, con el apoyo económico de Canadá. La Universidad de Stanford, donde se formó en parte, la define como una “activa participante en la Revolución de la Dignidad de Ucrania”.

Más llamativo, en el momento actual, es el papel de Aivazovska respecto al conflicto del Donbass. En este sentido, representa a Ucrania en el subgrupo político del Grupo de Contacto Trilateral para el desarrollo de los acuerdos de Minsk. Es además miembro del Consejo de Unidad Nacional de Poroshenko y parte de la oficina de enlace del lobby privado ucraniano en Bruselas (el Ukrainian Think Tanks Liaison Office).

En unas declaraciones de noviembre de 2016, ya miembro del Grupo de Contacto Trilateral, Aivazovska destacaba las diferencias entre Rusia y Ucrania sobre “el formato y las tareas de una misión policial armada de la OSCE”. Su objetivo principal en la gestión del conflicto es “establecer la ley y el orden en un periodo transitorio” que permita transferir todo el poder en el Donbass “de facto bajo jurisdicción de Ucrania”. En este contexto, con argumentos similares utilizados ahora para exigir una misión de paz de Naciones Unidas, la función de la misión policial propuesta no sería otra que controlar la frontera “y mantener el orden antes, durante y después de las elecciones”.

Ante el fracaso de estas pretensiones, sus acciones recientes se han traducido en una renuncia al proceso electoral: “por parte de Ucrania, la cuestión de celebrar elecciones en los territorios temporalmente ocupados queda apartada de la agenda de las conversaciones de Minsk”, tal y como declaró Aivazovska en el Canal 5 de la televisión ucraniana, propiedad de Petro Poroshenko y en el que aparece con frecuencia.

La posición ante las elecciones en el Donbass forma parte de una estrategia más amplia para las zonas rebeldes. Desde el principio, la posición de Aivazovska ha sido que las elecciones sólo podrían desarrollarse cuando se convirtieran en un instrumento de reintegración del territorio, después de asegurar “el factor de seguridad” y la vuelta de los medios y los partidos políticos ucranianos al Donbass.

Este proyecto coincide con la estrategia del representante de Trump en Ucrania. En su visita de julio de 2017 a ese país, Kurt Volker se reunió con diputados ucranianos de Verkhovna Rada y delegados ucranianos en el subgrupo político del Grupo de Contacto Trilateral (TCG), entre ellos Aivazovska. Ésta mostró su optimismo ante la nueva situación: “Puedo confirmar que existe una comprensión sobre la naturaleza del conflicto armado y el papel de la Federación de Rusia [en él]. Esto es muy optimista, en mi opinión”.

El papel de los tecnócratas del IRF en el proceso impulsado desde las páginas de la Helsinki Commission o del Atlantic Council es evidente. Muchos de ellos eran parte, por ejemplo, del “grupo de expertos de la sociedad civil” que suscribieron en febrero de 2016 un manifiesto/declaración, recogido en las páginas del IRF y entregado a Poroshenko el día 11 de ese mismo mes.

En su manifiesto, los firmantes advertían de una crisis de confianza en Ucrania y proponían “reformas en la dirección determinada y proclamada por la Revolución de la Dignidad”. “Sólo cambios rápidos dirigidos a restaurar la confianza y acelerar las reformas básicas pueden salvar al país” sostenían. Entre las propuestas incluidas en el manifiesto destaca la propuestas de “purificación del gobierno”, una expresión eufemística para la lustración, y la creación de “un gobierno técnico profesional” dirigido por un Primer Ministro, “no partidista que goce de una elevada reputación personal” y ajeno a la Ucrania política anterior a 2014. Este alto ejecutivo se encargaría de formar un gobierno tecnocrático no sujeto al “principio de representación de las fuerzas políticas” y orientado a aplicar las reformas “conjuntamente con la sociedad civil”.

Los firmantes señalaban que sólo si se cumplen las condiciones señaladas seguirán cooperando con las autoridades y considerando al gobierno actual como un aliado y socio digno de confianza. Y advertían que, en caso contrario, informarán “a la sociedad y a los socios internacionales sobre los retos que ponen en cuestión nuestra confianza en las élites políticas”.

Terminaban su manifiesto, dirigido a la clase política y “a las fuerzas activas de la sociedad civil”, señalando que, para salir de la crisis política, sólo cabían dos opciones: o un nuevo gobierno técnico y profesional, o elecciones anticipadas, “probablemente no sólo parlamentarias, sino también presidenciales”. Muy poco tiempo después, en abril de 2016, se formaba el gobierno de Volodymyr Groysman.

Además de personajes clave del IRF, como Sushko y Yevhen Bystrytskyi, entre los firmantes del manifiesto también destacaban varios representantes del RPR, entre ellos su actual Director, Taras Shevchenko.

A pesar de la aparente victoria de los reformistas, el gobierno Groysman no conforma todavía el ideal de gobierno deseable. En un debate en la cadena privada Hromadske, Sushko afirmó recientemente que “este gobierno refleja la realidad política de Ucrania, donde tenemos combinadas las fuerzas antiguas y las nuevas, trabajando juntas, mezcladas, y no hay una ventaja esencial para las fuerzas reformistas”. La victoria definitiva de los tecnócratas pro-occidentales, en su lucha contra el enemigo interno, aún no ha llegado. Pero cada vez parece más a su alcance.

 

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