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Ucrania contra el puente a Crimea

Artículo Original: Lenta.ru

puenteUcrania ha enviado al Tribunal Internacional de Arbitraje una queja formal contra la construcción del puente que une Crimea y Rusia. La base de la queja es económica: de repente, Ucrania se ha dado cuenta de que sus puertos comenzarán a sufrir serias pérdidas. Lenta.ru trata de analizar qué pasa exactamente por la cabeza de las autoridades de Kiev, si tienen mentalidad de negocios y por qué esta cuestión ha surgido ahora.

Puede sonar extraño, pero durante muchos años, Kiev estaba muy interesada en construir un puente en el estrecho de Kerch. En 2010, según los acuerdos de Járkov, Kiev y Moscú llegaron a un principio de acuerdo para el proyecto. Los motivos de la parte ucraniana eran puramente económicos: el puente acortaba notablemente el trayecto del transporte de carga entre los dos países, algo que, en esos años, habría supuesto un gran ahorro, incluso sin tener en cuenta los beneficios de usar el puente con propósitos logísticos de terceros países (por ejemplo, como corredor de transporte entre Asia y Europa). “Una vez que construyamos esta conexión, todo va a cambiar en Crimea y en el Cáucaso. Este corredor internacional de transporte permitirá un más rápido desarrollo de nuestras regiones”, afirmó el entonces presidente Viktor Yaunukovich.

Sin embargo, no se puede decir que el Gobierno de Kiev se pusiera manos a la obra para llevar a cabo el proyecto: en los primeros años solo se dieron algunos trabajos conjuntos. Curiosamente, fue en la segunda mitad de 2013, cuando ya se había prendido la llama de Euromaidan. Durante la visita oficial de Yanukovich  Moscú el 17 de diciembre de 2013, ambos países firmaron un acuerdo con parámetros específicos: Rusia desarrollaría un estudio de viabilidad, la construcción duraría cuatro o cinco años, el proyecto costaría entre 1.500-3.000 millones de dólares, que se pagaría a partes iguales por medio de la creación de una empresa conjunta y una comisión intergubernamental. El 29 de enero de 2014, menos de un mes antes del golpe, el Gobierno de Ucrania, entonces presidido por Mykola Azarov, finalmente aprobó el documento.

La intención de la Ucrania post-Maidan de oponerse a la construcción del puente de Crimea quedó clara desde el principio. Sin embargo, en un primer momento, el nuevo Gobierno de Ucrania no dio ningún paso radical. El mencionado acuerdo con Rusia fue revocado por el Gobierno de Arseniy Yatseniuk en octubre de 2014. Ucrania, que ha tratado de forma poco ceremoniosa todos los acuerdos con Rusia, en este caso no se apresuró: Moscú fue notificado, tras lo cual Kiev se tomó una pausa de seis meses. E incluso cuando quedó claro que Rusia iba a construir un puente a pesar de todo, durante mucho tiempo la capital de Ucrania se mantuvo al margen, limitándose a repetir que el proyecto se caería por sí mismo sin su participación. A ello contribuyó la prensa favorable al Gobierno, que expresaba opiniones similares a las oficiales: Rusia no tendría dinero para la construcción, no disponía de la tecnología y había problemas de topografía.

La NASA nos ayudará

El Gobierno de Ucrania tomó conciencia legal del asunto hace un año, en septiembre de 2016. La viceministra de Asuntos Exteriores, Olena Zerkal, por ejemplo, acusó a Rusia de acabar con los delfines del estrecho. “Estamos hablando de un impacto negativo sobre el medio ambiente y la ecología del Mar Negro a causa de la construcción del puente. Concretamente, de la muerte de los delfines a causa de las excavaciones y la construcción. Y por la construcción aumenta en nivel del mar en la parte más contaminada, por lo que los peces están muriendo. Ese es el efecto negativo sobre el medio ambiente en el mar Negro”, afirmó la viceministra, que añadió que la información publicada formaba parte de los trabajos preparativos para presentar la demanda contra Rusia.

Durante  una temporada, Kiev se agarró a la línea “ecologista”.  En esa argumentación se basó en el cálculo estimado de las pérdidas que iba a sufrir el medio ambiente en el mar Negro y el mar de Azov durante la construcción del puente, que ascenderían a un mínimo de 10.000 millones de grivnas. Para aumentar el efecto, la Fiscalía de la Región Autónoma de Crimea (creada en Kiev supuestamente para detectar e investigar crímenes en Crimea) abrió una causa penal y prometió involucrar en la investigación a prominentes expertos extranjeros. “No solo atraeremos a expertos ucranianos, sino que apelaremos a organizaciones internacionales como la NASA. Las entidades involucradas en la construcción del puente deben responder por sus actos”, afirmó el “Fiscal de Crimea”, Gunduz Mammadov. Sin embargo, todo se quedó en promesas: la colaboración de la NASA y Kiev en este tema nunca se produjo.

Ahora se está produciendo un nuevo auge de interés por el puente de Crimea por parte de las autoridades ucranianas, no precisamente por motivos medioambientales. La preocupación de Kiev se basa en la decisión de Rusia de restringir temporalmente el acceso a través del estrecho de Kerch a los puertos ucranianos en la costa del mar de Azov. Al menos es así como los representantes del Ministerio de Infraestructuras interpretan la situación. “Este bloqueo no será a largo plazo, pero el paso estará cerrado durante al menos un mes y necesitamos una alternativa. Lo han planificado específicamente para coincidir con la temporada de grano, cuando tenemos una gran cantidad de carga en los puertos”, afirmó el viceministro de Infraestructuras Viktor Dovgan. Todo forma parte de un plan para que, según su opinión, Ucrania sufra continuas pérdidas: las empresas, las empresas estatales, reserva de divisa extranjeras, todo ello cuando la economía apenas tiene suficiente aire para respirar.

Otro representante ministerio, Yuriy Lavreniuk, informó sobre otra demanda, en esta ocasión ante la Organización Marítima Internacional. “Rusia no ha coordinado ninguna de sus acciones de la construcción del puente. Sus actos pueden causar serios daños, no solo a la navegación sino a la seguridad nacional de Ucrania en general”, sentenció.

Rápidamente ha quedado claro que lo que calcula el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania no es solo el bloqueo de 23 días del estrecho (que debería tener lugar a finales de agosto y principios de septiembre) y que cifra en 500 millones de grivnas. De repente, Kiev se ha dado cuenta de que, tras la construcción del puente, parte de la carga ucraniana no podrá pasar por el estrecho de Kerch a causa de la envergadura. Como afirmó el servicio diplomático, Kiev demandará compensación “por los daños causados por la parte rusa”. Sin embargo, está claro que el problema no tiene una solución rápida y sencilla.

Una parte de las autoridades ucranianas, por ejemplo el Ministerio de Infraestructuras, ya han comprendido lo inevitable de la aparición del puente y tratan de tomar medidas teniendo en cuenta esa realidad. Otra parte continúa insistiendo en que Rusia no será capaz de completar el proyecto y amenazan con nuevas sanciones. Los problemas para los puertos y algunas embarcaciones realmente podrían tener consecuencias negativas para la economía ucraniana. Las cifras de posibles pérdidas son discutibles, pero el hecho es que el país depende de que sus infraestructuras funcionen con normalidad. Y la exportación de grano y metal a través de los puertos es una fuente de ingresos de moneda extranjera.

Sin embargo, la idea de acudir a los tribunales a causa del puente parece una simple forma de tapar el hecho de que las autoridades ucranianas no pueden hacer nada en relación a esta situación. Ni siquiera los abogados ucranianos creen que haya posibilidad de presentar una demanda ante los tribunales internacionales e este caso, ya que en 2003 Ucrania renunció voluntariamente al estatus de aguas internacionales del estrecho de Kerch y Azov. “Según los tratados con Rusia, el estrecho de Kerch y el mar de Azov son históricamente aguas internas de Rusia y Ucrania. En estas circunstancias, es complicado que se pueda acusar a la Federación Rusa de violar la Convención de Estrechos”, explica Boris Babin, ex comisionado del Gobierno de Ucrania en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, acusando de payasos a quienes han iniciado el proceso. Babin explica que la táctica de las autoridades ucranianas está clara: el proceso no es público y las mentiras pueden salir a la luz pasados varios años, cuando, las autoridades ucranianas ya sean otras.

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