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Flores, ruinas y metralla

Artículo Original: Antifashist

dnr-230517-24A lo largo del pueblo de Veseloye, situado a trescientos metros de las ruinas del aeropuerto de Donetsk, corre una línea roja: por aquí pasa la guerra. Al norte, atravesando el territorio del Aeropuerto Internacional de Donetsk, y al oeste del pueblo se encuentra la línea de separación de las partes en conflicto en Donbass. Tristemente, Veseloye [felicidad en ruso] se ha visto literalmente reducido a las cenizas a causa de la artillería ucraniana en estos tres años. El 26 de mayo de 2014, cuando las tropas ucranianas comenzaron a bombardear el aeropuerto, las bombas comenzaron a caer en Veseloye. Eran las 13:06. A las 16:40, junto a la zona residencial, derribaron un helicóptero.

dnr-230517-02La calle Sadoviy [Jardín] hace honor a su nombre: está rodeada de verde y de flores. Aquí crecen preciosas lilas que parece que intentan tapar las cenizas y las ruinas.

dnr-230517-05Junto a una de las viviendas había una furgoneta que se ha convertido en un colador: su último viaje acabó aquí, en la calle Sadoviy.

La calle termina en una plantación de pinos, tras los cuales, a menos de un kilómetro, se encuentran las posiciones ucranianas. Para nuestra sorpresa, en el terreno de una de las casas más alejadas, se observa una silueta humana: una mujer con chaqueta rosa y un pañuelo blanco cubriéndole la cabeza, que barre vigorosamente la entrada. Nos acercamos a conocerla. Olga Borisovna, de 54 años, vive aquí con su marido. Es enfermera de oncología en la ciudad de Donetsk. Acude a sus turnos de trabajo desde aquí, desde Veseloye, su marido conduce hasta allí en un Lada.

“Durante la guerra no nos hemos ido a ninguna parte. Mi marido resultó herido, con lesiones moderadas, pero seguimos quedándonos aquí. La casa está parcialmente destruida por el impacto directo de un Grad. Por suerte, el Grad impactó en la pared, pero no explotó”, explica nuestra anfitriona, que nos invita a su casa.

dnr-230517-07Los efectos de la mortífera lluvia son palpables, pero, según Olga, se puede vivir aquí. Sin embargo, las habitaciones interiores y la cocina tuvieron menos suerte: explotaron en pedazos.

“Vivíamos, vivíamos bien, felices. Y, de repente, aquí está lo que nos pasó”. La mujer mira a las ruinas a su alrededor. “Todas las partes exteriores están destrozadas y el sótano… a veces nos escondemos allí. Pero ahora, sinceramente, comparado con 2014, hay relativa calma. En verano algunos volverán, pero en invierno no quedan en el pueblo más de una docena de personas. En invierno es imposible vivir aquí. Por cierto, este invierno también nosotros nos marchamos y volvimos en primavera”.

Nos muestra su jardín: su marido y ella disponen de 20 acres. Y otros cinco para plantar flores. La organización de la zona de la huerta es asombrosa: no hay una sola mala hierba, todo está perfectamente colocado y regado.

“Tenemos muchos faisanes, todos comen de la huerta. Pero algo queda”, ríe Olga. “Vuelvan en una semana, habrá muchas fresas”. Tanto la huerta como esta enfermera “agricultora” son de admirar.

“Aquí, recién salidas del cañón. Han caído hace poco, no he tenido tiempo de tirarlos”. Olga nos muestra los proyectiles que tranquilamente yacen en esa “frontera”, donde acaba el jardín y empieza el bosque. “Vivimos justo debajo de la plantación y, como al principio teníamos miedo, trajimos tres enormes perros, pastores caucásicos. Todos ellos murieron bajo el fuego. Ahora ya no traemos más. Y ahora ya no tenemos miedo de nada ni de nadie”, explica la dueña de la casa más alejada de la calle Sadovy.

dnr-230517-12Directamente enfrente de la puerta de la casa de Olga Borisovna, enterrado en el asfalto, hay un proyectil. Y en la fachada, los huecos vacíos de las ventanas, destruidas por el impacto directo en la casa de al lado.

dnr-230517-14Así es como se ve hoy en día la una vez feliz y ahora desierta calle Sadovy.

Abandonado frente a la matanza, ni más ni menos que como resultado de los acuerdos de Minsk, así está el pueblo de Veseloye. Aquellos que presionaron por avanzar el “proceso de paz” con el lado ucraniano nunca vendrán aquí para ver, en primera mano, lo que eso significa. Porque “el poblado de la felicidad” no había aparecido en el “mapa geopolítico del mundo”, pero aparece ahora, cuando Donbass se ha convertido en un “problema geopolítico” y cuando prácticamente ha desaparecido del mapa. Y aunque de facto existe como como unidad administrativa de la zona de Yasinovataya en la RPD, en realidad no existe. Nos marchamos con tristeza. Y con ganas de regresar a esta ciudad fantasma.

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