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Ucrania, vía de entrada para la agricultura genéticamente modificada en Europa

Monsanto-1Artículo original: Ulson Gunnar para “New Eastern Outlook”, publicado también en Global Research


Cuando el Washington Post publica un editorial insultante y condescendiente dedicado a naciones enteras que se rebelan contra los abusos de Occidente, suele estar justificado que la verdad está más cerca de la narrativa contraria a la que el Post trata de impulsar.

En el caso de las empresas biotecnológicas estadounidenses y su intento de infestar el planeta con sus organismos genéticamente modificados (GMOs), sus intentos de corromper a toda Europa con su veneno por la vía de la puerta trasera, Ucrania, han hecho a Rusia levantar la voz ante su vecino del este de Europa. Hasta el golpe de Estado armado de 2013-2014, también conocido como Euromaidan, Ucrania había rechazado categóricamente los GMOs.

Con un obediente régimen títere ya instalado en Kiev, se ha tomado una serie de decisiones políticas, económicas y militares que prácticamente suponen la desaparición de Ucrania como estado-nación soberano. Con esa extinguida soberanía llega la ausencia total del instinto de preservación y se abraza abiertamente la posibilidad de inundar los campos con material genéticamente modificado y poco seguro, veneno que, literalmente, habría que evitar a toda costa.

Esto nos lleva otra vez al reciente editorial publicado por el Washington Post. Titulado “Russia says Western investment in Ukraine’s farms is a plot to take over the world,” (“Rusia afirma que la inversión occidental en la agricultura ucraniana es un plan para controlar el mundo”), trata, en primer lugar, de hacer parecer infundadas las acusaciones rusas de que Monsanto va a entrar en Ucrania con la idea de extender los transgénicos a todo el mundo. Solo hasta que el propio Post admite que esto es exactamente lo que Monsanto trata de hacer. El editorial afirma:

“Ucrania lleva tiempo tratando de promocionarse ante Europa como el granero del continente, prometiendo que las inversiones de Occidente son clave para hacer florecer su negra tierra infrautilizada. Pero la Rusia oficial quiere hacer saber que ese diálogo sobre el desarrollo agrícola no es más que un plan secreto para ayudar a empresas como Monsanto a conquistar el mundo”.

Entonces el Post abiertamente admite: “El cultivo genéticamente modificado está, desde hace tiempo, prohibido en Ucrania como también lo está la venta de tierra de cultivo.

Y continúa: “Pero el acuerdo de asociación firmado el año pasado entre Ucrania y la Unión Europea ha creado un nuevo espacio para la potencial introducción de cosechas genéticamente modificadas en Ucrania”.

Finalmente, el Post menciona a Monsanto: “Monsanto, posiblemente el nombre corporativo más reconocible en la producción genéticamente modificada, ha expresado, durante este último año, su interés por invertir en Ucrania” (Es preciso recordar que la compañía también opera en Rusia, aunque no con transgénicos, igual que ha operado hasta ahora en Ucrania).

Teniendo en cuenta que Monsanto ya trabaja en Ucrania, ¿qué nuevas oportunidades de inversión existen además de los transgénicos? Ucrania actuaría como la víctima perfecta para acoger los productos genéticamente modificados de Monsanto y de otras corporaciones biotecnológicas en pleno corazón de Europa.

Con la propia UE dispuesta a relajar algunas de sus propias regulaciones en relación a los transgénicos, probablemente sin el consentimiento de una población cada vez más consciente de los riesgos y que activamente busca alternativas orgánicas, los conglomerados biotecnológicos esperan conseguir expandir los productos genéticamente modificados desde los campos completamente desregulados de Ucrania hacia Europa y lograr así que se conviertan en tan presentes e inevitables como ya lo son en Estados Unidos.

En el resto del mundo, las grandes compañías agrícolas han tratado de usar puertas traseras para llevar sus productos a regiones en las que son rechazados, incluyendo Asia, donde se ha llegado a proponer el “arroz de oro” como respuesta a la deficiencia de vitamina A, incluso a pesar de que plantar zanahorias sería una alternativa más fácil y barata, libre de los riesgos de contaminar las cosechas de arroz con brotes que toda la población rechazaría por completo.

En otros casos, como en Afganistán, se ha usado la “ayuda humanitaria” como puerto de entrada para introducir a las grandes corporaciones agrícolas y transgénicos en la región.

Por su propia admisión y la observación de cómo han actuado Monsanto y otras empresas similares en otras zonas del mundo, el propio Post está, en realidad, de acuerdo con la Federación Rusa en cuanto a las obvias intenciones de Monsanto en Ucrania y el resto de Europa.

El Post, como otros muchos medios de Estados Unidos y Europa, lleva tempo sirviendo a los intereses de las élites, entre las que las corporaciones biotecnológicas y grandes empresas agrícolas con parte prominente. El Post y otros medios darán un giro y ofuscarán las intenciones de Monsanto hasta que ya sea demasiado tarde para evitar la corrupción genética que sus cosechas causarán en los antes protegidos campos de la soberana Ucrania.

Como otras muchas cosas en Ucrania, el llamado Euromaidan, supuestamente en nombre de la libertad y soberanía, ha privado a Ucrania de su libertad y su capacidad de determinar qué es lo mejor para sí misma. Desde un escenario militar contra su propia gente, a una economía saqueada por intereses extranjeros, un Gobierno literalmente dirigido por los extranjeros que se sientan en el consejo de ministros y ahora a unos campos que pronto estarán infestados por veneno genéticamente modificado, la ruina de Ucrania está a punto de ser completa en un duradero testamento de lo que verdaderamente significa cuando Occidente habla de “democratización”.

Nadie querrá comprar las cosechas genéticamente modificadas

Incluyendo las advertencias rusas sobre el inminente despliegue de la agricultura de Monsanto y otros, el Post informaría: “El secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev, afirmó el martes en una reunión con sus homólogos de la Organización de Cooperación de Shanghai que Occidente planea introducir “cosechas genéticamente modificadas en Ucrania”. Y es de tontos, sugirió, porque, “por decirlo suavemente, Europa no aprobará dichos productos”.

En su papel de agente asociado de las grandes corporaciones agrícolas, el Post trata de quitar hierro a este asunto. Pero, publicado en otros muchos medios incluso entre los occidentales, están los informes de que la poderosa corporación agrícola estadounidense ya importa maíz orgánico porque sus consumidores estadounidenses se niegan a comer productos genéticamente modificados.

“La creciente demanda de productos orgánicos y la prácticamente total de los agricultores estadounidenses en maíz y soja genéticamente modificados es la causa del aumento en las importaciones desde otras naciones donde las cosechas están libres de bioingeniería. Según un análisis de la Organic Trade Association y la Universidad Estatal de Pennsylvania, aumentan las importaciones de maíz de Rumanía y de soja de India.

La humillación de que un país históricamente autosuficiente en temas de agricultura se vea obligado a importar productos tan básicos como maíz porque toda la producción doméstica está manchada, es una lección para cualquier ucraniano que busque preservar lo que quede, no solo de la dignidad del país, sino de su sentido de la autopreservación. Aunque el milagro de los transgénicos se haya evaporado en el crecientemente astuto mercado estadounidense, las corporaciones americanas están comprando al infinitamente servil régimen ucraniano para poner al cuello de Ucrania el mismo nudo.

En cierto sentido, el Post tiene razón. Es una locura pensar que Monsanto está conquistando el mundo. Pese a los billones invertidos en publicidad y propaganda, sobornos y otras formas de persuasión masiva, la corporación está fracasando miserablemente en su labor de convencer a la población de ingerir su veneno, incluso en la nación en la que tiene su sede.

Pero Rusia sí ha dejado claro que lo que Monsanto trata de hacer en Ucrania, contra los intereses del país, es otro ejemplo más de cómo el golpe de Euromaidan no tenía nada que ver con la libertad y sí con cómo Washington y Wall Street arrebatan la nación y sus recursos a un pueblo utilizando la “democracia” como pretexto.

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