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Alto el fuego, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Ucrania

La tregua que no fue

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Desde la firma del documento de Minsk-2, Donbass ha visto pasar una infinita serie de treguas: la tregua de la cosecha, la escolar, la de Pascua y otras muchas. Se elegían adjetivos diferentes para definirla. Luego llegó la “absoluta”. Supuestamente, se eligió esa palabra porque este alto el fuego debía convencer a todos de que ahora sí había una certeza de parar la guerra, que la gente se sentaría y finalmente llegaría a un acuerdo. Pero es un engaño. Tras muchas negociaciones, es difícil imaginar que alguna reunión en la capital bielorrusa vaya a cesar la batalla.

La tregua “absoluta” también se ha roto. Aunque en realidad parece que, desde el principio, fue imposible. Hace dos años, muy tarde por la noche, circulaba a toda velocidad nuestro viejo Lanos negro por las desiertas calles de Yasinovataya. En el maletero estaba el material de protección y los cascos. En el asiento de atrás, la mochila con fotos y vídeo. Faltaban apenas unas horas para la siguiente tregua “absoluta”. Habitualmente, en estos momentos, se produce un pico en el frente. Salimos hacia allí con los soldaos de la milicia popular de la RPD para ser testigos de la ruptura de una tregua que ni siquiera había tenido tiempo de empezar.

En mi cabeza, nunca encontré una palabra para definir el lugar en el que esperábamos a que llovieran bombas sobre nuestras cabezas. En mi infancia, probablemente lo habría llamado “casa del árbol”. Una construcción improvisada habría recibido ese nombre, pero esto es más serio. Era un habitáculo pequeño, pero caliente y agradable. La frágil luz de una lámpara daba algo más de comodidad en la noche del frente. Había una silla de plástico cubierta con algunas ropas calientes que hacían de ella una cama improvisada con mantas. También había una cómoda madera sobre la que pisar. Este lugar era popular, porque a los pies estaba la estufa y los pies podían calentarse.

El ataque comenzó en cuanto llegamos. En ocasiones retumbaba un gran “boom-boom”. Esa expresión es suficiente para describir toda la noche en el frente. Y aunque un disparo puede considerarse una provocación o un error, no una serie. Es más, en Donbass hace tiempo que se han acostumbrado a los sonidos de las ametralladoras y las esporádicas explosiones en la zona del aeropuerto de Donetsk o la zona industrial de Avdeevka. Es el duro día a día de la vida en el conflicto armado, que se ahoga en el barro de las negociaciones diplomáticas.

Junto a los soldados había otros residentes. Ya he hablado muchas veces de los animales del frente. No hay una sola posición en la que no haya alguno. “Sirven” junto a sus hermanos militares. Inmediatamente notamos tres perros escondidos bajo la cama. Dos de ellos salieron a la zona caliente y otro optó por calentarse la cara sobre la estufa. Nunca he sido un amante de los perros, pero recientemente he adquirido apreciación por estos animales. Antes les temía, pero he podido ver que son criaturas gentiles y amables. El perro que se calentaba el morro sobre la estufa se pegó a mis rodillas, escondiéndose de los aterradores sonidos, en cuento se escuchó el primer estruendo de ametralladora.

Entonces apareció un gato negro. Me sorprendió que gatos y perros coexistieran pacíficamente en un espacio tan pequeño sin hacer un solo ruido. Se sentó bajo la estufa y me obligó a mover los pies. El perro puso el morro allí e inmediatamente el gato le puso la pata encima. Fue curioso ver la escena sentado con una taza de té en ese lugar. El aroma del té se extendía por el aire, seguía habiendo luz y en algún lugar se escuchaban los disparos. Uno de los soldados leía un libro en el teléfono, el perro seguía calentándose en la estufa y el gato trepaba hasta la cara de este corresponsal de guerra. Una escena con alma. La comodidad del frente tiene sus momentos.

Fue una noche más en el frente. Una noche normal. En realidad, tuvimos suerte de que no hubiera ningún accidente. Quería hablarles de la vida del frente. Para no olvidar que está muy cerca de nosotros, que no muy lejos de nuestras casas, jóvenes se congelan en las trincheras y sacrifican la comodidad para que otros puedan dormir pacíficamente.

La última noche ha sido ruidosa en Donbass. Los distritos del noroeste de Donetsk fueron bombardeados por la artillería ucraniana. Otra vez han utilizado armamento prohibido. ¿Les sorprende? ¿A quién le importa a estas alturas? Desde 2015, muchos se han resignado a la presencia de la guerra en Donbass, en la que sigue muriendo gente y se sigue produciendo destrucción. La única respuesta es esta serie sin fin de treguas que no lo son. Sobre el papel, los acuerdos de Minsk siguen estando vigentes, aunque su vigencia haya expirado hace tiempo.

No hay nada más que decir de la tregua. Supuestamente hay nuevas personas negociando, pero la esencia no ha cambiado. La guerra continúa, aunque desde la barrera solo se hable de paz y flores y no de ametralladoras. Mientras las armas están en la mano, esperando a ser usadas. Una y otra vez.

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