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Donbass, Elecciones, Extrema Derecha, Fascismo, Oposición, Ucrania

Elecciones en el país del pogromo

Artículo Original: Andrey Manchuk

El viernes, 1 de febrero, “activistas” de extrema derecha vinculados a las estructuras del regimiento Azov y amigos de otros batallones nacionalistas, interrumpieron un acto de Oleksandr Vilkul con votantes de la ciudad. Los nacionalistas tomaron el edificio de la Casa de Cultura local, donde se habían reunido ciudadanos de Berdyansk para escuchar al candidato opositor, expulsaron a la población y lanzaron pintura verde al candidato.

A juzgar por las imágenes de los testigos, Vilkul se salvó de sufrir consecuencias más serias solo por la prudente decisión de haber contratado seguridad propia, ya que, convencida de su impunidad, la extrema derecha le amenazó, escupiendo sobre la inmunidad parlamentaria, con llevarle a Rusia, enviarle al frente o hacerle algo peor.

En un país democrático, la policía intervendría en una situación así, ya que los actos de la extrema derecha infringen toda una serie de artículos del Código Penal de Ucrania. Sin embargo, en la Ucrania post-Maidan se ha creado un tipo especial de democracia que incluye el pogromo, en el espíritu prerrevolucionario de las centurias negras, el atamán Petliura o el Ku-Klux-Klan estadounidense: los matones de la extrema derecha se pueden permitir ejercer abiertamente la violencia contra cualquiera que no les guste.

Tampoco hay duda de que los agresores portaban, no solo navajas (o algo más serio) en el bolsillo sino también su carnet que les acredita como presentes o pasados empleados del Ministerio del Interior, que incluye a prácticamente todos los miembros del Corpus Nacional o Azov.

Pero no se trata solo de la policía. En un Estado democrático, un incidente de este tipo había causado rápidamente un gran escándalo, se habría exigido castigar a los participantes en el ataque y las autoridades habrían tenido que responder por la vergonzosa inacción de los cuerpos del orden. Sin embargo, la reacción pública en Ucrania ha sido diferente. Los intelectuales patrióticos han sufrido una especie de orgasmo colectivo y solo se han lamentado de que el opositor no fuera linchado, como abiertamente expresó en Facebook una periodista de Kiev. Mientras tanto, los representantes de la prensa democrática han considerado el incidente como una oportunidad de hacer chistes sobre los antiguos regionales.

“Radio Svoboda ya está haciendo chistes sobre Vilkul y la pintura verde. Recuerdo que cuando derramaron pintura verde contra Navalny, esta misma radio expresaba su ira. Resulta que, mientras no ataquen a Navalny, es una broma”, escribió el politólogo Vladimir Kornilov.

El entusiasmo por los ataques contra el candidato opositor se ha extendido también hasta los periodistas más abiertamente progubernamentales. “Escuchen, no soy fan de Vilkul, no me gusta especialmente. Pero no entiendo cómo se puede disfrutar cuando a alguien le tiran pintura verde. No se trata solo de ser respetuoso con los amigos, sino también con aquellos a los que no se considera amigos. ¿O no?”, escribió la presentadora de televisión y productora del canal ZIK Natalia Vlaschenko, tras lo cual fue calificada inmediatamente de defensora del enemigo.

Todo esto hace del incidente en Berdyansk [una ciudad cercana a Mariupol, en plena zona del frente, que ha sufrido grandes problemas a causa de la guerra y del desinterés del Gobierno ucraniano por la zona. El mes pasado, la ciudad pasó varios días consecutivos sin agua corriente] un precedente significativo e importante, que subraya las condiciones en las que tendrán que pasar la campaña electoral para las presidenciales y después para las legislativas. Este caso pone de manifiesto, una vez más, que la más suave y dócil “oposición” es incapaz de realizar actos políticos públicos. Simplemente no se les permite, aunque las políticas de Vilkul tuvieran verdadero apoyo masivo. No es ningún secreto que los ciudadanos de Berdyansk, a los que se ha podido ver recogiendo agua del mar en cubos para llevarse a sus destruidas casas sin agua corriente, votaron en las elecciones locales al Bloque Opositor y ahora están dispuestos a apoyar a cualquiera que represente lo contrario a las autoridades, sea quien sea.

Pero Ucrania tiene una sola ley verdadera: se ha legalizado la violencia para domar a la extrema derecha. Y eso distingue al país de la victoria de la Revolución de la Dignidad de otros estados democráticos.

Es fácil imaginar que este tipo de ataques seguirán produciéndose a lo largo de este año, especialmente en la lucha por los asientos en el Parlamento. Es suficiente recordar las elecciones locales, cuando en Mariupol, ciudad vecina de Berdyansk, miembros de la extrema derecha asociados a Azov dispararon con lanzagranadas contra el piso del candidato comunista. Este caso fue convenientemente tapado por las autoridades.

Ya está pasando. El conocido activista Denis Filipov, relevante en la lucha contra la construcción ilegal en el casco histórico de Kiev, fue atacado por la facción juvenil de Svoboda liderada por un concejal solo porque se atrevió a retirar un cartel de campaña del candidato Ruslan Koshulinsky, colocado ilegalmente.

“Una persona que se identificó como el concejal Nazarenko me pidió que me identificara, intentó registrar mis pertenencias, pero, en lugar de eso, me asestó varios golpes e intentó romperme los dedos. Después intentó ponerme de rodillas a base de varios golpes en las piernas. Nazarenko se llevó mi teléfono. Constantemente me amenazó con matarme, herirme o llevarme al bosque y matarme si gritaba”, afirmó Denis.

No es ningún secreto que el papel que el diputado [de Svoboda] Ruslan Koshulinsky juega en estas elecciones es el del falso candidato que, en realidad, no está haciendo campaña sino legitimando la voz de su amo. Sin embargo, los nacionalistas están utilizando la situación para promocionarse ante las elecciones legislativas y es fácil imaginar cómo tratarán a los oponentes a medida que se acerque el otoño, cuando estén intentando conseguir apoyos para entrar en el Parlamento.

Todo esto no son historias de terror sino cosas que pasan a la luz del día. Eso ha quedado claro con la filtración de una conversación del líder en las encuestas, Zelensky, con los embajadores de países europeos. Se dice que el ex humorista habló de sus intenciones de negociar con Vladimir Putin, lo que causó la sorpresa de los diplomáticos, que preguntaron a Zelensky si no temía que los nacionalistas fueran a quemar su administración presidencial.

Así que es evidente que en Europa conocen la democracia de pogromo de Ucrania y se dan cuenta del problema de la violencia callejera de la extrema derecha. Sin embargo, todo eso queda para consumo interno de los políticos europeos. Hablar de ello en público sería manchar la reputación del aliado Gobierno de Ucrania, al que se le puede perdonar prácticamente todo mientras se demoniza abiertamente al “tirano” Maduro. Bankova está encantada con ello y seguirá utilizando para las elecciones a los leales y obedientes patriotas, haciendo así de Ucrania el país del pogromo.

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