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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania

El frente norte

Las tropas rusas y republicanas continúan tratando de estabilizar el frente al norte de Donbass. Con la retirada rusa de gran parte de la región de Járkov, Ucrania continuó ayer con la toma de localidades abandonadas, ahora sí, ya solo con motivos propagandísticos y posiblemente en busca de castigar a quienes hayan colaborado con las autoridades rusas. Rusia trata de mantener el frente al este del río Oskol, en la parte oriental de Kupiansk. Sin embargo, el rápido avance ucraniano no se ha detenido en Járkov y ha llegado a la RPD y la RPL, donde las tropas ucranianas han cruzado el Seversky Donets, que tantos problemas dio en el pasado a las tropas rusas. El líder de la República, Denis Pushilin, se ha visto obligado a admitir que la situación en el frente es muy tensa y ha tenido incluso que desmentir su huida, un intento ucraniano de causar pánico entre las tropas y la población civil.

Sin embargo, la ofensiva ucraniana continúa. Aunque desmentido por el alcalde, las imágenes confirman la entrada de las tropas ucranianas en Svyatogorsk y la captura de, al menos, una parte de la localidad. Los medios ucranianos publicaban ayer una imagen de Vitaly Markiv, el soldado condenado en Italia por el asesinato de los periodistas Andrea Rochelli and Andrey Mironov en Slavyansk en los primeros días de la guerra. Su condena fue posteriormente anulada. Con estos avances, todo el frente norte corre peligro si las tropas rusas no consiguen estabilizarlo y detener la ofensiva. Uno de los focos es actualmente la localidad de Krasny Liman, capturada por las tropas rusas y republicanas hace varios meses y que supuso el mayor avance en la parte norte de la RPD. Con una conexión personal con la localidad, la corresponsal de Donetsk de Komsomolskaya Pravda visitó la ciudad en un momento de esperanza. Aunque la guerra parecía haber terminado para la ciudad, con las tropas ucranianas a sus puertas -el sábado se llegó a afirmar que las tropas rusas la habían abandonado-, Krasny Liman podría volver a quedar bajo control de Kiev en breve. Todas las esperanzas creadas están ahora nuevamente en entredicho y quienes fueron acosados o represaliados por sus opiniones políticas en el pasado pueden a volver a serlo ahora. Todo lo conseguido está ahora en peligro, al menos en este sector del frente.

Artículo Original: Yulia Andrienko / Komsomolskaya Pravda

Durante ocho años, este lugar ha sido inaccesible para mí. Hubo un tiempo, al principio de los 90, cuando estudié aquí, aprendí latín y anatomía en la universidad médica de Krasny Liman, al borde de los bosques y los lagos azules. Teníamos un buen grupo de paramédicos que nos mantuvimos en contacto más allá de la graduación. La última reunión fue en 2013. Hicimos un pequeño picnic en el bosque de Krasny Liman y se unió a nosotros el profesor de anatomía Vladimir Pshedanov. Reímos y bebimos champán, completamente inconscientes de que pronto llegaría la guerra. Ahora, el profesor de anatomía ya no está -murió en el séptimo año de la guerra- y el bosque alrededor de la ciudad está minado y quemado a lo largo de varios kilómetros.

Donde ayer había guerra, ahora se están construyendo carreteras. Antes, la carretera hasta Krasny Liman, al norte de la RPD, llevaba un par de horas, que ahora son seis porque habrá que viajar a través de la RPL hasta que los territorios de Slavyansk y alrededores sean liberados. Por el camino hay puentes destruidos, arcenes minados y proyectiles que salen del asfalto y que han sido marcados con ramas. Empiezo a contar las barreras en la carretera, pero me pierdo después de la décima.

Atravesamos las destruidas Rubezhnoe y Severodonetsk en la RPL. Hay ruinas negras de edificios alrededores, restos de cables y no se ve un alma en kilómetros. Incluso en Mariupol en marzo, cuando aún había batalla en la ciudad, encontré viandantes. Pero aquí, las ciudades parecen extintas, solo los cuervos vuelan hacia el cielo. Flacos gatos y perros, abandonados por sus dueños, vagan entre las ruinas.

Pero también hay impresiones positivas en esta carretera. Por primera vez en muchos años, la autopista que conecta Debaltsevo en la RPD y Novomijailovka en la RPL está siendo reparada. Mucho equipamiento y trabajadores rusos participan en ello. 40 kilómetros de reparación de verdad. Hay una columna de humo y no hay duda de que la carretera cumplirá con los estándares modernos rusos.

La impresión más dura a la entrada de Krasny Liman es el bosque quemado. Filas de árboles quemados nos acompañan durante varios kilómetros. Los arcenes están llenos de vehículos ucranianos polvorientos. La Ucrania moderna se las ha arreglado para destruir, en un abrir y cerrar de ojos, lo que se creó en varias generaciones de la Unión Soviética, ahora descomunizado.

Pocos saben aquí que los famosos bosques de pinos no siempre han estado ahí. Después de la Gran Guerra Patria, había humedales, marismas y estuarios, un refugio para los mosquitos de la malaria. Las autoridades soviéticas tomaron una simple y a la vez ingeniosa decisión: drenar las marismas y plantar bosques. Miles de soviéticos, desde escolares hasta trabajadores, participaron en ello. “El trabajo llevó varios años. Mi madre me dijo que trabajaba seis días a la semana y el séptimo plantaba el bosque toda la ciudad”, me explicó un conocido de Donetsk.

Los pinos hicieron raíces, las marismas de la malaria desaparecieron y estas bonitas tierras se convirtieron en el paraíso de cazadores y buscadores de setas. Los sombríos bosques, el Seversky Donets y los Lagos Azules recibían visitantes en cualquier momento del año, al contrario que la costa del mar de Azov. Es cierto que ha habido incendios aquí en el pasado. En 1972, se quemaron 2000 hectáreas y en 1995, 20.000. ¡Diez veces más! La Ucrania independiente luchó contra el fuego con gran dificultad. Ahora queda por saber qué cantidad del bosque se ha quemado, pero no hay duda de que la cifra es enorme.

Ucrania no ha tenido piedad con Krasny Liman, que recibió su nombre hace 355 años [aun así, Ucrania descomunizó el nombre para quitar el Krasny, rojo, y dejar solo Liman-Ed]. La profundidad del lago era de alrededor de cuatro metros y su área, casi 800.000 metros cuadrados. Ahora no puedo creerlo. El descubrimiento de depósitos de gas llevó a la destrucción de los acuíferos y el lago, donde incluso se había construido una presa para que no se inundaran las viviendas, pero que en 2020 estaba tan baja que se convirtió en una pradera.

En la biblioteca hay día de puertas abiertas y la estación de tren no está tan dañada como en Rubezhnoe o Mariupol, esas son las comparaciones que puede hacer. Pero eso no es consolación para la población que se ha quedado aquí. Viven o en sótanos o en pisos donde no hay ventanas, agua, gas y luz. Mi universidad médica no tiene un solo cristal, aunque las paredes han sobrevivido y están preparados para recibir a nuevos estudiantes sin examen de acceso. Aún recuerdo cómo en 1991 estudié biología y escribí exámenes aquí, todavía en ruso.

Al lado está el centro recreativo de los trabajadores ferroviarios. Aquí nos iniciamos como estudiantes de primer año, aquí leímos a Gogol, fuimos a la biblioteca, hicimos aerobic (aún no se conocía la palabra “pilates”). Ahora todo lo que queda de ello es mi memoria. El palacio recibió muchos impactos y después ardió durante horas, pero aun así decido entrar por sus quemados escalones. El edificio está abierto al viento. Piso el suelo y recuerdo lo agradable que era patinar en él bajo la música. ¿Ha pasado de verdad?

Sigo más arriba, donde, en lugar del tejado está el cielo azul. Para mi sorpresa, encuentro que la biblioteca no está quemada. Las estanterías están caídas, hay libros por todas partes y el viento pasa las hojas de Pushkin y Remarque. ¡Cuántas veces estuve aquí como estudiante! Ahora me muevo literalmente entre los libros. Nunca había vivido una experiencia tan dolorosa. Clásicos, diccionarios, la poesía del mundo. A nadie le importa el catálogo de esta biblioteca. Los libros no interesan a los saqueadores. En algún lugar, había una biblioteca de libros poco conocidos. Su destino es desconocido.

El depósito ferroviario de Krasny Liman fue saqueado por Ucrania antes incluso de la operación especial. Todo el stock fue trasladado a Dnipropetrovsk. Hay que entender que el ferrocarril era el único empleo para gran parte de los residentes.

“El depósito aguantó mucho tiempo, pensamos que lo malo ya había pasado. Pero el Ejército Ucraniano empezó a bombardearlo cuando Ucrania ya se había retirado de aquí. Los talleres fueron destruidos por los proyectiles, el comedor fue quemado, el equipamiento de reparación fue dañado y de mil empleados quedarán, como mucho, la cuarta parte. Últimamente, se han escondido de los bombardeos ucranianos en el taller, bajo la locomotora “Ukraina”, es el lugar más seguro. Es simbólico”, cuenta el jefe del depósito Alexey Petrov, que ha trabajado aquí durante más de veinte años. Su casa fue destruida, todas sus pertenencias se quemaron y su trabajo es todo lo que le queda. Por ahora no se han pagado los salarios aquí, pero no hay muchas opciones, todo el mundo confía en la reconstrucción.

El deseo de vivir está en todas partes aquí. El dilapidado hospital de Krasny Liman, donde una vez hice prácticas, está lleno de agujeros en las paredes. A la entrada hay tazas azules, contenedores de agua que se están preparando para pacientes y personal. También se las arreglan para cocinar tortitas aquí. “Nuestras condiciones son precarias, no hay agua ni luz, pero trabajamos, salvamos a los pacientes”, explica Ilnur Vajitovich, médico de Ufa que ha venido como parte de una delegación a trabajar en Donbass. “El principal contingente entre los heridos son niños y personas mayores, son los más vulnerables. Las personas de mediana edad son menos numerosas. Ahora habitualmente necesitan tratamiento por empeoramiento de enfermedades crónicas a causa de los sótanos húmedos y el estrés.

En una de las alas, un hombre mayor, que ya ha recibido curas por un corte de metralla, lleva a su nieta de siete años en brazos, sangrando. “Justo antes del bombardeo, noté un dron sobre nuestra casa. Volaba en círculos y entonces empezó inmediatamente el bombardeo. Mi nieta Liudochka se ha roto el brazo y la pierna y tiene un corte de metralla en la espalda. Yo ya tenía una herida de metralla, la he cogido y la he traído al Krasny Liman”, dice Anatoly Zuev aguantando las lágrimas. Ha ocurrido no muy lejos de la ciudad, en el pueblo de Schurnovo. Escucho la historia, pero no concuerda con mis lejanas memorias de estudiante, cuando muchas veces pasé las vacaciones allí. En primavera se desbordaban las orillas del Seversky Donets y salían a la superficie todo tipo de peces. En otoño, el silencio era tal que se podía escuchar el sonido de cada hoja cayendo de los árboles.

“Ahora Schurnovo está destruido, no hay una sola casa que no haya sufrido daños, de los resorts no han quedado más que los cimientos. El destino debería haber sido más amable con este pueblo que nunca tuvo un objetivo militar, pero no fue así. Ucrania lo ha destruido todo, el bosque ha sido minado varios kilómetros”, cuenta el alcalde, Valery Tkachenko. Valery es un hombre normal de Donetsk, que en el pasado trabajó como policía de tráfico. Fue él quien asumió la tarea de salvar a los residentes de Schurnovo. Su familia está en Donetsk y podría ir fácilmente con ellos, pero entonces no quedaría nadie para proteger a la población de los bombardeos ni para llevarles provisiones.

“El Ejército Ucraniano ya ha detectado mi coche y va a por él. Voy por caminos que conozco, conduciendo entre los árboles a alta velocidad. Las habilidades de policía de tráfico vienen bien cuando tienes que estar calmado y sin descomponerte para poder salvar al a población. He sacado a heridos más de una vez y, por suerte, nadie ha muerto. No me podría respetar a mí mismo si me marchara habiendo gente esperándome aquí, saben que no me marcharé. El resto están en refugios y no pueden ni hacer fuego, Ucrania empieza a bombardear al instante”, dice Valery secándose la frente.

Muchas veces, de copiloto lleva a Diana Nikiforova, de 81 años y residente en Schurnovo. Le lee oraciones mientras Valery acelera entre los árboles para evacuar heridos. Al verla, delgada como una adolescente y hablando de la dureza de la vida con una sonrisa, nadie imaginaría que estuvo casi un año y medio detenida por el SBU.

“Me cogieron en 2015, entonces tenía 75 años. Mi hijo era sospechoso de colaborar con la RPD, de apoyar a la milicia, y así es como querían presionarle. Me pusieron una bolsa en la cabeza y me pagaron cuando respondí que no sabía nada. En algún momento, perdí el conocimiento, me desperté en un suelo sucio con paredes de cemento a mi alrededor. Después de un rato, me interrogaron otra vez. Tuve la ocasión de pasar por el SBU de Mariupol, el centro de detención preventiva de Kiev y luego me soltaron en un intercambio de prisioneros”, recuerda. “Cruz Roja me trajo a mi casa en Schurnovo, donde vivía, pero nunca perdí la esperanza de que Rusia se acordara de nosotros, de que Donbass no se puede romper y que no podíamos seguir siendo parte de Ucrania. ¡Cómo nos alegramos el 22 de febrero cuando oímos el reconocimiento de las Repúblicas, lloramos de alegría! Sí, hemos tenido que pasar cosas terribles en este camino a Rusia, pero no hemos cambiado de opinión”.

Durante ocho años, personas como Diana, Valery y miles más como ellos, nos han estado esperando, creyendo en Rusia pese a la propaganda ucraniana, la erradicación de todo lo ruso y el borrado de la memoria. ¿Cómo podíamos decepcionarles?

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