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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Járkov, Jerson, LPR, Rusia, Ucrania

Recuperar la iniciativa

Los avances militares ucranianos continúan en el frente de Járkov y hacia la RPD y la RPL, aunque sin la velocidad del pasado fin de semana. Según las autoridades de la República Popular de Donetsk, la localidad de Svyatogorsk se encuentra en la “zona gris”, aunque Ucrania alegó presentando imágenes de sus soldados, haberla capturado. La lucha prosigue en los alrededores de Krasny Liman y se ha trasladado también a otras localidades. Aunque desmentido por las autoridades rusas, Ucrania afirmó ayer que las tropas de la Federación Rusa habían abandonado Kremina, en la RPL, lo que implicaría un repliegue también en Lugansk, única región capturara por completo por las fuerzas aliadas.

Pero la tensión en el frente no se limita al sector norte y ayer por la tarde la RPD afirmaba haber impedido un intento de irrupción ucraniano en dirección a Gorlovka. Se afirma también que las tropas ucranianas preparan el incremento de su actividad en las ciudades de la zona de Donetsk. Dokuchaevsk, uno de los blancos habituales de los bombardeos ucranianos en los últimos ocho años, vuelve a ser bombardeada. En una situación que se asemeja a la vivida en julio de 2014 -con el abandono de la sitiada ciudad de Slavyansk para reagrupar las tropas en Donetsk, que implicó la caída, en efecto dominó de cientos de localidades y el peligroso acercamiento del frente a las principales ciudades-, la incertidumbre sobre el desarrollo de los acontecimientos es máxima. Al contrario que en aquel momento, las tropas ucranianas se encuentran ahora mismo a escasos kilómetros tanto de Donetsk como de Gorlovka, lo que implica la posibilidad de bombardear las ciudades, como viene ocurriendo en Donetsk a diario desde finales de mayo, sin necesidad de artillería de largo alcance. En estos meses, las tropas aliadas no han sido capaces de alejar a las Fuerzas Armadas de Ucrania de dos de las ciudades más importantes de Donbass.

Disfrutando de sus evidentes éxitos militares, Ucrania ha aprovechado estos días no solo para jactarse de las capacidades de sus soldados, sino para enaltecer nuevamente las armas occidentales. Y pese a que las autoridades parecen verse ya a las puertas de Moscú -Oleksiy Arestovich publicó una imagen de sí mismo frente a las murallas del Kremlin en la que Dmitry Peskov, portavoz del presidente ruso, era representado como el camarero-, el ministro de Asuntos Exteriores Dmitro Kuleba insistía ayer en la necesidad de más armas occidentales. Y una vez más, las autoridades ucranianas continúan criticando a Alemania, evidentemente considerada el eslabón más débil de la cadena de suministro europea, por negarse a enviar la cantidad de armas deseada por las autoridades ucranianas.

Como era de esperar, Kiev ha utilizado sus éxitos militares también para buscar una mejor posición política. Estos días se ha producido una conversación telefónica entre Emmanuel Macron y Vladimir Putin. En ella, hay quienes han querido ver una posibilidad de negociación. La situación sobre el terreno hace que Rusia solo pudiera negociar en situación de máxima debilidad. Ucrania, que rechazó realizar concesiones antes del inicio de la intervención rusa -las exigidas por Minsk, acuerdo que Kiev había firmado- y en su momento de mayor debilidad, ya ha dejado claro que no habrá negociación. El ministro de Defensa, Oleksiy Reznikov, afirmó que la oferta no es ya regresar a las fronteras del 24 de febrero sino a las de 1991. Y Oleksiy Danilov, presidente del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, fue aún menos realista y alegó que las tropas ucranianas no se detendrán en la frontera rusa.

Ayer, Volodymyr Zelensky se sumó a la escalada diplomática y presentó las condiciones que Ucrania espera recibir en las garantías de seguridad que exige a sus socios. Causando entre las autoridades rusas aparentemente más ira que las victorias militares, la propuesta de Zelensky no incluye la renuncia a la OTAN -estas garantías de seguridad carecen de todo sentido si la aspiración de Ucrania sigue siendo la vía rápida a la Alianza-, pero sí incluye, además de más armas, medidas económicas contra “el agresor”. Con ello, Kiev busca de forma evidente la confiscación de las reservas que Rusia mantenía imprudente e ingenuamente en el extranjero y que fueron intervenidas en los primeros paquetes de sanciones en febrero.

Moscú, por su parte, trata de continuar ignorando, al menos públicamente, la derrota de Járkov para mantener una apariencia de normalidad. El lunes, la Duma rechazó la posibilidad de una movilización de las reservas, postura que coincide con lo mantenido por el Kremlin. Dmitry Peskov volvió a repetir que la movilización no es necesaria. Y Rusia sigue manteniendo sus objetivos y unas exigencias de capitulación ucraniana que no se corresponden con la realidad sobre el terreno, en el que Ucrania disfruta ahora de la iniciativa en todos los frentes: Járkov, el norte de la RPD y también Jerson. El más exaltado de los miembros de la cadena de toma de decisiones de la Federación Rusa, el expresidente Dmitry Medvedev, afirmaba ayer que el proyecto de garantías de seguridad planteado por Ucrania equivale al inicio de la tercera guerra mundial.

Las palabras de Medvedev apuntan a una escalada. Rusia ha demostrado no disponer de las tropas necesarias para avanzar por tierra, pero dispone de una importante capacidad de destrucción. El domingo por la noche, por primera vez desde el inicio de su intervención militar, Rusia lanzó un ataque masivo sobre las infraestructuras eléctricas del país, causando apagones en amplias zonas de Ucrania. Se trata del primer gran ataque contra las infraestructuras clave del país, que podría, en caso de repetirse, suponer una escalada significativa. Sin embargo, fuera el ataque del domingo una advertencia o simplemente un ataque para ocultar, de alguna manera, los daños producidos por la derrota en Járkov, la situación ha regresado a la rutina habitual de la guerra. Una escalada militar sobre la base del uso de aviación o misiles contra infraestructuras clave ucranianas sin la capacidad de cubrir esos ataques con avances sobre el terreno sería más una muestra de debilidad que de fortaleza. Perdida ya una parte del territorio capturado y en riesgo el resto, incluyendo posiblemente las partes más importantes de Donbass, la táctica rusa no puede permitirse el lujo de maximalismos ni de sueños idealistas de avances sobre objetivos imposibles. La tarea a corto plazo -la pérdida de Járkov hace imposible garantizar que las tropas rusas vayan a ser capaces de mantener otras zonas capturadas desde el 24 de febrero- es estabilizar el frente. No se trata, al menos de momento, de buscar la victoria, sino de evitar la derrota.

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