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Donbass y el sur de Ucrania convocan referendos

Después de meses de tratar la cuestión de la celebración de un referéndum sobre el acceso de las regiones a Rusia como algo a realizar en un futuro a medio plazo, cuando se hubiera recuperado todo el territorio y cuando la situación militar lo permitiera, la RPD primero y la RPL poco después aprobaron ayer leyes para la celebración inminente de dichos plebiscitos. El lunes, una conversación telefónica entre los líderes de las dos Repúblicas de Donbass, Denis Pushilin y Leonid Pasechnik, había escenificado la puesta en marcha del proceso con el acuerdo de coordinación entre los dos territorios en busca de una votación que oficialice el control ruso sobre el territorio. Apenas unos minutos después, las autoridades nombradas por la Federación Rusa para Jerson y Zaporozhie se sumaron también a la iniciativa y, pese al reciente anuncio de cancelación del referéndum previsto para septiembre, llamarán a los ciudadanos a votar en las mismas fechas que la RPD y la RPL.

La situación general de la zona y el contexto en el que se produce hace suponer que el movimiento cuenta con la coordinación de Moscú Los referendos se celebrarán a lo largo de los próximos días, entre el 24 y el 27 de septiembre, tras lo cual se prevé que las dos Repúblicas soliciten formalmente el acceso a Rusia para completar finalmente lo que no fue posible en mayo de 2014: repetir el escenario de Crimea. Los referendos de este mes se producirán de forma muy diferente al del 11 de mayo de 2014, celebrado como una forma de protesta en un momento de ira colectiva tras los sucesos de Odessa el 2 de mayo, Mariupol el 9 de mayo y el inicio del asalto armado sobre Slavyansk en lo que Kiev llamaba entonces operación antiterrorista. Al contrario que en aquella ocasión, cuando la situación militar aún no se había convertido en una guerra abierta, la votación no podrá realizarse en todo el territorio -una parte de la RPD permanece bajo control de Ucrania, Rusia no controla toda la región de Jerson ni de Zaporozhie y la situación es extremadamente peligrosa en amplias zonas del frente.

En las últimas semanas, la situación militar se ha agravado y el estancamiento que se observaba desde el pasado julio, último momento de avances rusos significativos, ha dado paso a una rápida ofensiva ucraniana en la región de Járkov con la que ha recuperado la iniciativa. La gravedad de la situación en el frente teniendo en cuenta que la retirada de Járkov compromete los territorios de Donbass capturados en estos meses, las evidentes carencias de la agrupación militar rusa y la evidencia de que ninguno de los objetivos de la operación militar especial iniciada el 24 de febrero se han cumplido son algunos de los factores que han podido causar los rápidos acontecimientos de las últimas horas. Las condiciones en las que van a celebrarse los referendos, para los que no existen ni garantías democráticas ni garantías de seguridad, son una muestra de la dificultad de la situación.

Tras meses de repetir que “Rusia está aquí para siempre”, las tropas rusas se retiraron de amplias zonas de Járkov, donde una parte significativa de la población queda ahora expuesta a las represalias ucranianas. El riesgo de la pérdida de confianza de la población en la capacidad de las autoridades rusas para defender el territorio posiblemente haya sido también un factor a tener en cuenta. Un voto afirmativo a la unión con Rusia, que el presidente Vladimir Putin ya ha confirmado que será aceptado, obligaría oficialmente a Moscú a defender esos territorios, eliminando así toda posibilidad de reagrupamiento o gesto de buena voluntad.

A lo largo del día, no solo Donetsk, Lugansk, Jerson y Melitopol dieron pasos hacia una nueva situación. En Moscú, la Duma introdujo en el Código Penal penas de hasta quince años de prisión por saqueo, rendición o deserción en caso de situación de guerra. Con ello se ponían en marcha ya todas las condiciones para una movilización parcial o general en el momento en el que la ordenara el presidente Putin. En los últimos días, ha podido verse un aumento de las iniciativas de reclutamiento de voluntarios para las Fuerzas Armadas y las llamadas a aceptar que la operación militar hace tiempo que se convirtió en una guerra -en realidad lo ha sido desde mayo de 2014- han aumentado. También lo han hecho las llamadas a la movilización, ya sea centralizada o realizada de forma voluntaria por las regiones federadas. Ayer, Moscú anunciaba el acceso rápido a la nacionalidad rusa para los extranjeros que se alisten en las Fuerzas Armadas. Hace unos días, se publicaban imágenes de Evgeny Prigozhin, dueño de la compañía militar privada Wagner, que opera en Donbass desde febrero, reclutando internos en una prisión rusa. Todos estos datos apuntan, no solo a la escasez de tropas en la zona de conflicto, sino a la debilidad de las tropas rusas. Hasta el momento, el Gobierno ruso ha rechazado abiertamente la posibilidad de movilización, algo que puede achacarse a cuestiones políticas -preferencia por el reclutamiento de mercenarios para proteger a las tropas regulares- o militares, una situación militar más débil de lo que Rusia trata de proyectar a nivel externo.

La celebración de referendos de adhesión a Rusia y la aceptación de esos territorios en la Federación Rusa, algo que a día de hoy se da por hecho, modificaría radicalmente esa situación. Moscú no solo tendría la obligación de defender dichos territorios, sino que de facto desaparecería toda alternativa a excepción de la retirada unilateral. Como ha repetido en ocasiones anteriores, la Oficina del Presidente de Ucrania afirmó ayer que no habría diplomacia en caso de celebración de “pseudo referendos”. En realidad, la diplomacia perdió todo protagonismo el pasado marzo, momento en el que Rusia se mostró dispuesta a abandonar todos los territorios de Ucrania a excepción de Donbass, por lo que hace ya meses que la guerra está condenada a una solución militar, ya sea la derrota de una de las partes o el agotamiento de ambas.

Impedir por la fuerza la celebración de referendos de independencia o adhesión a Rusia ha sido, desde hace semanas, unos de los objetivos de Kiev. Ucrania, que continúa tratando de capturar Krasny Liman y pone en el punto de mira a Lisichansk tras cruzar el río Oskol, ya ha advertido de que “el peligro ruso” será eliminado por la fuerza y ha condenado, como lo han hecho también sus socios, los referendos “farsa”. En nombre de la OTAN, Jens Stoltenberg calificó la propuesta de referendos de “escalada”. Ni Stoltenberg ni sus socios europeos percibieron escalada alguna en la docena de civiles muertos a casa de bombardeos indiscriminados de la ciudad de Donetsk que se repiten prácticamente a diario desde el 29 de mayo.

La rápida pérdida de territorios en Járkov ante un rival con una mejor táctica ha obligado a Rusia a tomar una decisión que oscilaba entre dos extremos: retirada o escalada. La coordinación para la celebración de referendos para la adhesión de los territorios ucranianos y de Donbass a Rusia implica necesariamente, como ya lo hizo el reconocimiento ruso de la RPD y la RPL, una escalada política que se une a la escalada militar iniciada por la ofensiva ucraniana, pero también puede implicar cambios que supondrían la aceptación implícita del fracaso del modelo de intervención iniciado en febrero. Con la operación militar especial, Rusia no ha logrado recuperar íntegramente el territorio de las Repúblicas Populares y una parte de lo recuperado se encuentra ahora en peligro. Tampoco se ha logrado la desmilitarización de Ucrania, más militarizada que nunca. La desnazificación no ha conseguido de Ucrania un acuerdo para eliminar a los grupos de extrema derecha de su ejército y pese a la derrota de Mariupol, incluso Azov se ha reagrupado y formado nuevas unidades militares. Y en las condiciones actuales de exaltación del nacionalismo y promesa de castigo penal por adquirir la nacionalidad rusa, cualquier propuesta de defensa de los derechos lingüísticos o culturales de la población rusoparlante es impensable.

Los cambios que se produzcan en los próximos días o semanas suponen dejar atrás una fase fallida de la guerra en favor de otra aún más incierta y en la que se enfrentarán, ya sin posibilidad alguna de un arreglo diplomático, dos de los ejércitos más grandes de Europa. Consciente ya de que no habrá interrupción del suministro de armamento extranjero ni colapso de un ejército que consideraba más débil, Rusia tendrá que demostrar ahora su capacidad de defender los territorios bajo su control en un conflicto cada vez más peligroso. La escalada, no es un signo de fortaleza sino de debilidad. Pero las certezas tendrán que esperar. Frente a lo que se esperaba, la comparecencia pública de Vladimir Putin para dirigirse a la nación no se produjo ayer. En la esperada comparecencia, aparentemente grabada el martes pero emitida el miércoles por la mañana, el presidente Vladimir Putin confirmó lo que se esperaba: la movilización parcial del personal en la reserva y con experiencia militar y la reorganización de la economía para apoyar la campaña militar.

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