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Promesas

Artículo Original: Andrey Manchuk

El discurso de Volodymyr Zelensky, que habló ante el Parlamento el 1 de diciembre bajo la fiable protección de las unidades reforzadas de la Guardia Nacional, fue esperado por el público con interés. Los ucranianos esperaban escuchar los detalles de la historia del golpe de estado que supuestamente preparaban para ese día los enemigos de Ucrania. Al fin y al cabo, el presiente había preparado ese discurso precisamente para revelar al pueblo el malvado plan de los conspiradores.

Sin embargo, Zelensky no pronunció ni palabra sobre el golpe, posiblemente porque la información no fue más que un fake cínicamente inventado. En la tribuna, Volodymyr Alexandrovich siguió inmediatamente con su guion habitual: se jactó de sus victorias y brindó toda una serie de promesas evidentemente imposibles a sus conciudadanos.

Escuchando el discurso del presidente, los ucranianos fueron informados de que viven en un país próspero y que se desarrolla de forma dinámica y en el que la economía crece y la deuda pública cae, donde hay un Gobierno que se preocupa y aumenta los salarios de los empleados públicos y médicos, las autopistas están perfectamente reparadas y el rápido desarrollo de la digitalización pronto hará de Ucrania la Meca de alta tecnología.

Sin embargo, el equipo de efectivos gestores no se duerme en los laureles y, sin descanso, mejora las vidas de los ucranianos. Zelensky solemnemente prometió construir 810 puentes en el país en los próximos dos años. También anunció la creación de una “pasaporte económico” especial para los ucranianos recién nacidos, que recibirán 10.000 dólares en 2035 teniendo en cuenta la inflación. Pero el informe de los logros y grandes planes de futuro no dieron una gran impresión a los ucranianos. Porque los ciudadanos fácilmente comparan las palabras del presiente con la prosaica realidad del Estado ucraniano actual y comprenden que no valen un pimiento.

Zelensky promete construir cientos de puentes, pero todos recuerdan que el importante puente de Podolsky no está ni medio hecho, aunque lleva en construcción casi treinta años. La reconstrucción del paso Shulyavsky, que no es una compleja operación de ingeniería, debería completarse en 2023, pero es probable que no sea así. Y el famoso puente de Patton se cae ante nuestros ojos y no puede soportar una carga normal.

La iniciativa del “pasaporte económico” también hace aflorar la ironía de la población, porque los “servidores” prometen entregar dólares dentro de catorce años, cuando ninguno de los oficiales responsables de los proyectos del presidente estará en el poder. Para entonces habrá llovido mucho en Ucrania, y en realidad en todo el mundo. Zelensky puede prometer entregar un millón a los futuros ciudadanos o enviarlos al espacio en cohetes de Elon Musk. Él no será responsable de cumplir esas promesas. Y lo que es más importante, los ucranianos ya se han acostumbrado a las fantásticas promesas del presidente, que les presenta prácticamente cada mes. Son perfectamente conscientes de que esos megaproyectos son pura y dura demagogia.

En junio, Zelensky les prometió aumentar el área de bosques plantando mil millones de árboles en tres años, pero es imposible plantar árboles a esa velocidad, así que las autoridades se han limitado a plantar ostentosamente en la zona de la capital usando fondos del presupuesto mientras en los Cárpatos se siguen talando bosques e ilegalmente se vende madera ucraniana en el extranjero.

A principios de otoño, durante su visita a Washington, el presidente presentó al público un “ambicioso plan para la transformación de Ucrania” y prometió atraer 277.000 millones en créditos financieros para ello. Esta enorme suma, completamente surrealista en tiempo de crisis global, sorprendió a los periodistas americanos, que intentaron obtener el verdadero plan para el futuro de las grandes reformas. Al final, resulta que el plan simplemente no existe.

En octubre, Zelensky se encontraba en Odessa recibiendo un viejo rompehielos vendido al país por los británicos, que obtuvieron beneficios. Y después prometió que 36 de los buques científicos más modernos, entre ellos doce rompehielos, se construirán en las navieras ucranianas. Aunque gran parte de las navieras soviéticas están llenas de chatarra y Ucrania se ve obligada a comprar dudosas antiguallas decomisadas de sus “socios”.

Poco después, el “servidor del pueblo” se fijó en la empobrecida región de Cherkassy, donde prometió construir una pista de hielo y reconstruir tres castillos. Cierto, lo que exige la población es que se construyan nuevos hospitales y colegios, pero el problema es que no se puede robar mucho en ese tipo de infraestructuras.

¿Puede sorprender que los nuevos proyectos de los “servidores del pueblo” no causen entusiasmo entre la población? Así lo evidencia una encuesta realizada por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev publicada inmediatamente después del discurso del presidente. Según los datos, el 58,2% de los ucranianos no apoya la nominación de Zelensky para un segundo mandato presidencial y el 65,9% está convencido de que el país se mueve en una dirección incorrecta bajo su liderazgo. El 51,6% no está seguro de si Zelensky podría cumplir con su papel de comandante en jefe en caso de una guerra a gran escala y el 58% no apoya la introducción del estado de excepción incluso si se hace bajo pretexto de luchar contra “el agresor”.

La desconfianza en el presidente está creciendo y su popularidad cae. Podría parecer que su discurso en el Parlamento no tiene un gran significado más allá de la simple autopromoción y que sus mensajes están dirigidos al vacío. Porque las promesas de Zelensky no cumplen con las expectativas de los ucranianos, que exigen pasos reales de las autoridades: conseguir el final de la guerra y reducir los precios de los servicios básicos, superando la dependencia externa y luchando contra la anarquía de los “activistas” patrióticos.

Sin embargo, todo es muy serio. El presidente no se dirigía a la población en el Parlamento porque ya no cree en el amor sincero de los engañados votantes. Su discurso está fundamentalmente dirigido a sus competidores políticos. Zelensky les ha mostrado que está dispuesto a luchar por el poder y los recursos y el resultado de esta lucha es incierto teniendo en cuenta que se oponen a los “servidores del pueblo” cínicos populistas pagados por el principal oligarca, Rinat Ajmetov. Se acerca una dura lucha. Es una pena que los ucranianos vayan a seguir siendo observadores pasivos cuyo destino se siga decidiendo “desde arriba”.

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