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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Rusia, Ucrania

Ni un paso más cerca

Artículo Original: Andriy Babitsky

Ha terminado en Riga la cumbre de dos días de los ministros de Exteriores de la Alianza del Atlántico Norte, dedicada a nada menos que la cuestión de proteger a Ucrania de la amenaza rusa. Los participantes en la reunión buscaban una forma conjunta de responder al fortalecimiento de la presencia militar rusa cerca de las fronteras de Ucrania. ¿Han conseguido los participantes en la reunión encontrar medios efectivos de contrarrestar la agresión rusa de la que tan repetidamente han advertido tanto Ucrania como Occidente y que, a juzgar por el torrente de declaraciones en diferentes plataformas, parece poco menos que inevitable para algunos?

Oficiales y políticos de alto nivel han realizado numerosas advertencias a Moscú, amenazándole con diez ejecuciones egipcias si trata de implementar sus planes expansionistas. Los portavoces han sido el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken y el ministro de Exteriores de Alemania Heiko Maas. El primero se refirió a “graves consecuencias” para Rusia, mientras que el segundo afirmó que habría “un alto precio” a pagar.

La propia localización de la cumbre es ya simbólica. Por primera vez, una reunión de los ministros de Exteriores de la OTAN se realiza en un país de la Alianza que comparte frontera con Rusia. Es decir, todo indica las intenciones más serias de la OTAN.

El ministro de Exteriores de Ucrania, Dmitro Kuleba, describió con entusiasmo los discursos de la cumbre. “Lo más importante que hemos escuchado muy claramente en la reunión ministerial es la respuesta a mi apelación a ampliar la cooperación con Ucrania en la esfera técnico-militar, en segundo lugar, enviar señales claras a todos los niveles de Rusia de que cualquier nueva ola de agresión armada contra Ucrania se convertirá en un lastre insoportable para Rusia y, en tercer lugar, el trabajo de las sanciones. Se está produciendo un trabajo muy dinámico en estas tres áreas”, aseguró.

Pero se puede decir que las palabas del secretario general de la alianza no resonaron tanto como el entusiasmo de Kuleba. De las tres declaraciones de Jens Stoltenberg se puede deducir en qué están de acuerdo los participantes en la reunión de Riga. El 26 de noviembre, en Bruselas, el líder de la OTAN explicó lo inexplicable, es decir, que las garantías de seguridad y defensa colectiva no se aplican a Ucrania. Repitió lo mismo el 30 de noviembre en Riga y una vez más al día siguiente de la finalización de la cumbre.

Antes, en Bruselas, el alto representante de la Unión Europea Josep Borrell apuntó cómo se aplicará la política de disuadir a Rusia. “No tenemos una alianza militar con Ucrania. Así que si la cuestión es qué haremos mañana en Ucrania, antes de lo que pueda pasar en la frontera, continuaremos actuando de la misma manera, dentro del marco de acciones tomadas desde el momento en el que Rusia se anexionó Crimea y comenzó la guerra en Donbass. Ucrania puede contar con asistencia política, diplomática, económica y financiera de la Unión Europea”.

Así que el plan de acción es ayudar a “la víctima del agresor”. “Apoyo político, diplomático, económico y financiero”, esos son los máximos niveles de influencia sobre el “agresor en potencia”. Pero no habrá asistencia militar directa. Esto no es nuevo. Hace tiempo que se ha consolidado esa postura conjunta. Ni la OTAN ni sus miembros individuales van a entrar en una confrontación directa con Rusia. Ucrania tendría que buscarse la vida por sí misma. De hecho, Washington ha repetido en numerosas ocasiones que nadie piensa en enviar tropas a Ucrania a participar en la guerra.

Un yugo de sanciones es todo lo que Occidente puede ofrecer a Rusia. En boca de la subsecretaria de Estado de Estados Unidos, Victoria Nuland, se ha escuchado la promesa de que esta vez las sanciones serán tan duras que no tienen precedente, aunque recuerdo que un presidente americano ya habló de la economía rusa “rota hasta sus cimientos”. En resumen, Kiev no tiene nada de lo que jactarse.

Pese a que la reunión de Riga estuvo teóricamente dirigida a Ucrania y a las medidas para protegerla, el país no ha avanzado un paso en sus planes de incorporación a la OTAN y la UE. Su lugar es similar al de Georgia, ni siquiera en el pasillo sino en el porche, donde tendrá que seguir pasando el tiempo. Los expertos han avisado que el marco temporal apropiado para la integración de esos países es de 20-30 años.

Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, hay hasta 125.000 tropas ucranianas en la línea de contacto de Donbass, alrededor de la mitad del Ejército Ucraniano actual. Así lo afirmó directamente Vladimir Putin. Hace un par de días, el presidente ruso calificó a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk como “no reconocidas todavía”. Un matiz prometedor, pero matiz al fin y al cabo.

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