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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Extrema Derecha, LPR, Nacionalismo, Ucrania

Tendencias destructivas

Artículo Original: Denis Grigoriuk

La serie de incidentes de toma de rehenes en Ucrania se ha convertido en indicativa y en una forma de revelar el verdadero estado del país. Los ataques terroristas han mostrado cómo está realmente el Estado tras ser reorientado completamente hacia Occidente.

En primer lugar es preciso observar cada aspecto por separado para posteriormente tener una imagen final de lo que es la “Ucrania moderna”. En muchos aspectos no habrá ninguna revelación para quienes siguen la situación en Ucrania, pero lo obvio quedará claro. Sin embargo, para quienes siguen creyendo que Volodymyr Zelensky es un buen presidente que “está aguantando bien”, será útil que presten atención a las siguientes tesis.

Reformas destructivas

Si las reformas económicas aún no son obvias y es preciso bucear en un mar de números para comprenderlos, todo es más simple en los temas de policía y la medicina.

La reforma sanitaria en Ucrania no fue realizada por los sovok nacionales sino por la más auténtica especialista: Ulyana Suprun. El resultado de sus “productivas” actividades ha sido el cierre de hospitales psiquiátricos en los que se trataba a pacientes con diferentes patologías. Como muestra la situación de la toma de rehenes en una sucursal bancaria en Kiev, los enfermos se han lanzado a las calles y han comenzado su “victoriosa campaña”: el terrorista alegó estar poseído por el espíritu santo y dio instrucciones a los generales alrededor del mundo de detener a los líderes mundiales.

Mucho se ha dicho ya sobre el trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en Ucrania. A su pasividad ante las acciones de los nacionalistas y la falta de resultados en las investigaciones de alto perfil se une ahora la incapacidad de impedir ataques terroristas. En Lutsk, las fuerzas especiales simplemente observaron lo que estaba ocurriendo y jugaron el papel de quedar guapos en la foto del discurso de la victoria del ministro Avakov y el jefe adjunto del departamento de policía Kiril Timoshenko. Después se produjo la situación con el ladrón de coches de Poltava, al que se buscó durante una semana porque las fuerzas de seguridad lo habían puesto en libertad. No se sabe qué ha hecho en ese tiempo. Pero en Kiev, el “espíritu santo” puede hacer más o menos todo lo que quiera. Nada que decir.

¿Quiénes son los terroristas?

Durante mucho tiempo, las autoridades ucranianas se han negado a negociar directamente con los representantes de la RPD y la RPL. El argumento era extremadamente conciso: “no negociamos con terroristas”. Una postura muy constructiva. La Federación Rusa también se adhiere a esos principios. Esta tesis tiene su propia justificación, una que también queda en evidencia por la situación ucraniana.

Durante el incidente de Lutsk, el presidente Zelensky infringió el principio de no negociar con terroristas. Es más, no solo se comunicó con el secuestrador del autobús, sino que cumplió una de sus condiciones, que no era algo serio ni importante. Eso hace surgir ciertas preguntas, pero no es lo importante. El presidente hizo lo posible por salvar vidas ucranianas y eso es encomiable, aunque hay algunos peros.

¿Por qué permite Zelensky que se negocie con un hombre con armas en la mano y que está amenazando a civiles en Lutsk y no con representantes acreditados? ¿Por qué habla personalmente con él por teléfono y no quiere dialogar con los residentes de Donbass para resolver el conflicto? Puede que fuera consciente de que el terrorista de Lutsk era una amenaza real y no quiera comunicarse con los residentes de Donbass simplemente porque la política no lo permite. Y todo este “no negociamos con terroristas” es solo una bonita excusa y no un principio real. Me parece que es muy evidente.

Los residentes de Donbass no son terroristas. Este hecho es evidente incluso para Occidente, donde se califica a la población de Donbass de “rebelde”. Hay que destacar que ni uno solo de los ataques terroristas han sido a manos de personas simpatizantes de la RPD y la RPL, ninguno de los terroristas ha exigido el final de la guerra. Y creo que las autoridades ucranianas se dan cuenta de que no hay terroristas en la RPD ni en la RPL pero no pueden admitirlo, porque si lo hicieran perderían el argumento por el que justifican que se niegan a negociar con antiguos ciudadanos de Ucrania. En ese caso, tendrían que abandonar las historias de terror sobre el enemigo externo ruso. Tendrían que admitir que están en guerra con antiguos ciudadanos de Ucrania. Así que, ¿quién es el verdadero terrorista?

Al hablar con el terrorista y el cumplir su demanda, Zelensky abrió la caja de pandora. Así lo han expresado muchos expertos, ¿pero quién cree lo que se publica en los medios? Pero resulta que incluso en la prensa se puede encontrar artículos veraces. Muchos decían que a partir de entonces habría más ataques terroristas por todo el país, cosa que ha ocurrido.

¿Por qué no se puede negociar con los verdaderos terroristas? Simplemente porque da una sensación de debilidad de las estructuras del Estado. Los malhechores sienten esa debilidad y se aprovechan de ello. Es más, lo hacen de forma casi inmediata. Los ataques terroristas uno tras otro han mostrado que es lo que está ocurriendo. Los objetivos y los motivos solo son detalles. El hecho es que con sus actos Zelensky ha declarado que el Estado no es capaz de luchar contra los problemas reales. Ahora los terroristas de verdad mostrarán la debilidad del Estado en las ciudades ucranianas.

Consecuencias del conflicto en Donbass

En primer lugar, la situación con los ataques terroristas no habrían sido posibles si las autoridades ucranianas no hubieran iniciado una guerra contra su propia población en el este del país. Debido a ello, los ucranianos disponen ahora de una gran cantidad de armas en sus manos. Y parece que las autoridades no hacen nada al respecto.

El mercado negro está lleno de armas que, por algún motivo, no están en manos de las autoridades sino en cualquier parte, no precisamente en Donetsk y Lugansk. Puede que sea porque es lucrativo para las fuerzas de seguridad vender armas y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se ganen así un sobresueldo. Al fin y al cabo, nadie quiere cerrar un negocio tan próspero. ¿A quién le importa si un lunático decide usarlas en una zona transitada mañana?

En segundo lugar está el estrés postraumático. Mucho se ha dicho sobre este síndrome. Se ha estudiado mucho y los psicólogos saben tratarlo. Aunque no se puede decir que el trabamiento va a funcionar completamente, las autoridades ucranianas ni siquiera lo han intentado. Es más, en la televisión, en boca de los oficiales y sus secuaces, los ucranianos no escuchan más que presión y empeoramiento. Y eso afecta al estado emocional del Estado y de la población.

También es importante entender que cuando los militares ucranianos vuelven a casa se enfrentan a una realidad que no se corresponde con lo que los políticos les han prometido en el frente.

Cuando el flujo de información es difícil de contener, la verdad llega de alguna manera a los soldados ucranianos. Y así ven que mientras están luchando “por la soberanía de Ucrania” en el frente, los políticos hace tiempo que la han vendido, aunque es a otros compradores: a Occidente. Además, al contrario que en la televisión, donde los soldados ucranianos son mostrados como héroes, nadie en la calle les trata como veteranos. Los soldados quieren ser honrados y respetados por sus “hazañas” en el frente y en lugar de eso se encuentran con numerosos conflictos, como en el transporte, donde no quieren dejarles pasar sin pagar.

Puede que ni siquiera encuentren empleo, porque el paro ha aumentado drásticamente en el país, no solo por la pandemia y la introducción repentina de la cuarentena. El estrés postraumático agrava la imagen de destrucción del mundo que les rodea. Antes o después, las emociones obligan a los soldados a tomar las armas otra vez, aunque en este caso no es en el frente sino en ciudades en paz (por cierto, hay que insistir en que el fenómeno no es tan marcado en Donbass, aunque hay muchos participantes en las hostilidades en la RPD y la RPL).

Y todo estaría bien, ¿a quién le importa qué problemas tienen los demás si la casa propia está caliente y segura? El problema es ser consciente de todos esos problemas. Antes o después, los ucranianos comprenderán que el Estado es incapaz de protegerles de los problemas existentes.

Todas esas dificultades y amenazas reales no habrían sido posibles sin la participación de las estructuras estatales. De hecho, la propia Ucrania ha creado esos problemas a su población y ahora no sabe cómo lidiar con ellos.

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