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La industria de Donbass

A finales de noviembre, por primera vez desde el verano, la RPD mencionó la intención de reconstruir y recuperar la producción en Ilich Azovmash, una de las principales fábricas metalúrgicas de la zona industrial de Mariupol. La pasada primavera la fábrica, en realidad una zona industrial de gran tamaño en sí misma, fue escenario de una de las muchas batallas urbanas. Allí se refugió durante un tiempo, la 56ª Brigada del Ejército Ucraniano antes de realizar un fallido intento de fuga que terminó con una parte de la brigada capturada, los cuerpos de otra dispersos por los campos de la salida de Mariupol o, en el caso de algunos de sus mandos, como el conocido Volina, refugiados en la cercana Azovstal. Ese frustrado intento de fuga, que dio lugar a un enfrentamiento con las tropas rusas y republicanas, aceleró el desarrollo de los acontecimientos y al contrario que en la acería Azovstal, la batalla ni se prolongó ni implicó la destrucción prácticamente completa de las instalaciones. Días después, allí pudo verse al soldado hispanocolombiano de la RPD Alexis Castillo, fallecido meses después, en un vídeo en el que mostraba las armas españolas que habían sido allí encontradas y denunciaba que más armas solo garantizan más guerra. Ya entonces era evidente que la destrucción había sido limitada, por lo que la reconstrucción no fue descartada de antemano como sí ocurrió con Azovstal, ambas propiedad del conglomerado empresarial del principal oligarca de la zona, Rinat Ajmetov.

Actualmente, aún en guerra y sin perspectivas de paz a corto plazo, la destrucción masiva del parque de viviendas y de las infraestructuras más básicas hace imposible planes a corto plazo para la reconstrucción general de la industria de Donbass. Desde la segunda mitad del siglo XIX la industria ha sido, no solo el hilo conductor a través de tres regímenes políticos, el Imperio Ruso, la Unión Soviética y la Ucrania independiente, sino un elemento tan importante que, en este tiempo, ha cambiado la estructura social y económica de una región que pasó de ser una inhóspita estepa agrícola escasamente poblada a una zona urbana de elevada densidad de población, aspecto que actualmente condiciona la forma en que se desarrolla la guerra.

El éxito que estos días ha obtenido Rusia en Soledar, el primero en meses de difícil avance en un frente enormemente fortificado, abre ahora la puerta a la fase final de la lucha por Artyomovsk, una ciudad industrial de gran importancia hoy y en el pasado. Como han recogido estos días varios medios rusos, Artyomovsk, entonces Bajmut, fue uno de los orígenes de la industrialización de Donbass, mucho antes de esa segunda mitad del siglo XIX en la que la industrialización despegó finalmente. Todo intento anterior había padecido de la falta de inversión, desinterés de la población de la zona y fundamentalmente del grave atraso del Imperio Ruso, que no comprendió la necesidad objetiva de industrialización hasta que la guerra de Crimea le mostró que la superioridad industrial de las potencias europeas iba a traducirse en debilidad militar rusa. Pese al riesgo que suponía la industrialización, que implicaba necesariamente la creación de un proletariado urbano, los gobiernos zaristas apostaron por la participación estatal en el desarrollo industrial de regiones como Donbass, que combinaba la cercanía a materias primas como el hierro con la existencia de amplias reservas de carbón.

Subvencionados y con garantías de concesiones futuras, empresarios extranjeros fueron reclutados para la creación de industrias que debían, ante todo, producir material para la creación de un transporte ferroviario que en la guerra se había mostrado insuficiente y en grandes partes del enorme país incluso inexistente. Llegaron así figuras como John Hughes, un industrial galés que ya había participado en causas comunes con el gobierno zarista, y que consiguió un subsidio y la promesa de que, tras una década, le serían concedidas todas las tierras que hubiera necesitado alquilar para su fábrica: Novorossiya, Nueva Rusia. Pero, ante todo, Hughes recibió del gobierno zarista vía libre para construir su ciudad, Yuzovka, la actual Donetsk, y disponer de un poder prácticamente absoluto. Durante décadas, Yuzovka, que llevaba el nombre en honor a su fundador, se limitaba a la fábrica y las minas de John Hughes, cuya familia mantuvo la propiedad de Nueva Rusia hasta 1916.

La instalación de los primeros altos hornos y la extracción de carbón en cantidades industriales supusieron un punto de inflexión definitivo para Donbass, que comenzó a requerir de grandes cantidades de mano de obra para la producción, construcción de vivienda para la clase obrera y sus familias y todo tipo de infraestructuras, pero también para todos los servicios vinculados al crecimiento de población. Es ahí, en el comercio y la artesanía donde en las décadas anteriores a la Segunda Guerra Mundial cobra gran peso la población judía. Víctima tanto de la discriminación oficial del Imperio Ruso, que limitó las zonas en las que podían asentarse, como de la de la propia población rusa y ucraniana, la población judía era blanco habitual de los pogromos que acompañaron a la creación de un movimiento obrero que canalizara el malestar de una población que residía en condiciones de graves carencias.

Pese a la pobreza de las ciudades y la vida en condiciones de hacinamiento, los comparativamente elevados salarios suponían un incentivo para familias de regiones lejanas del Imperio Ruso, que en muchos casos enviaban a los hombres a trabajar en la industria durante los meses que transcurrían entre el final de una cosecha y el inicio de la siguiente. La falta de mano de obra, algo que se repite actualmente, fue siempre una de las dificultades de unos propietarios que buscaron siempre su beneficio, sin prestar la atención necesaria al desarrollo de unas condiciones mínimamente dignas para la clase obrera. Las dificultades para reclutar mano de obra cercana, fundamentalmente familias campesinas ucranianas, hizo necesaria la llegada constante de población migrante. Frente a otras zonas del Imperio Ruso, en Donbass y el sur de Ucrania, debido a su menor densidad de población, los campesinos disponían de mayores cantidades de tierra, lo que desincentivaba la migración del campo a la ciudad. Frente a aspectos identitarios que hoy en día se suponen centrales para la separación entre el campo ucraniano y las ciudades rusas o rusificadas, el aspecto económico es evidente. Donbass no fue rusificado de forma artificial tras la Segunda Guerra Mundial como alega la historiografía nacionalista ucraniana sino que, como región industrial, nació ya rusificado por las circunstancias de necesidad de enormes cantidades de mano de obra no disponible en las regiones cercanas.

En pocos años, la empresa de John Hughes era ya la principal fabricante de vías ferroviarias y en vísperas de la Primera Guerra Mundial, Donbass producía ya el 87% del carbón, 90% del coque, 70% del arrabio, más del 60% de soda y mercurio y el 57% del acero producido por el Imperio Ruso, lo que hacía la región imprescindible para Rusia. Desde entonces, Donbass ha vivido una revolución, dos guerras mundiales y dos ocupaciones alemanas.

La Gran Guerra supuso, como está ocurriendo actualmente, la movilización de gran parte de la población obrera, entonces formada fundamentalmente por hombres jóvenes, lo que obligó al reclutamiento de nueva mano de obra: mujeres, jóvenes, personal llegado de las regiones de Rusia central o uso de prisioneros de guerra. La importancia de Donbass era tal que el Gobierno aceptó la exigencia del potente lobby industrial de desmovilizar a los obreros industriales.

La revolución de 1917, en su primera fase parlamentaria, dio a Donetsk el estatus municipal del que había carecido hasta entonces. Yuzovka había nacido y crecido como ciudad-fábrica. La experiencia política de Donbass se limitaba al fuerte estallido de 1905, donde en lugares como Gorlovka los obreros expulsaron a los propietarios y gestores de las fábricas y trataron de organizar la producción, interrumpidos por los refuerzos de la policía zarista y su guardia cosaca, que a sangre y fuego apagaron la revolución. El proceso se repitió en 1917 y, por un periodo breve, se instauró el poder soviético. Sin embargo, la llegada de las tropas de Skoropadski supuso la retirada bolchevique y el inicio de una breve ocupación alemana, momento en el que se reinstauró el régimen económico anterior, se eliminaron los derechos adquiridos por los obreros y el retorno de los propietarios se produjo con el ensañamiento de la venganza de clase, que se alargó tanto a la etapa alemana como la ocupación de los rusos blancos durante la guerra civil.

Como puede leerse en el obelisco que acompaña a la estatua de Lenin en la plaza central de Donetsk, «Donbass no es una región cualquiera. Sin esta región, la construcción socialista seguirá siendo una quimera». Su peso industrial en un país en el que apenas un puñado de zonas contaban con un desarrollo mínimo hacía Donbass imprescindible para el gobierno bolchevique. Así fue desde los primeros años de la posguerra civil, un momento de graves carencias y de hambruna, y en las décadas posteriores. Los años treinta supusieron otro momento de impulso del desarrollo industrial, con el ansia de aumento de la producción y la productividad para desarrollar nuevas industrias, no solo recuperar y ampliar la producción de la escasa industria zarista heredada por la Unión Soviética. El objetivo no era cumplir esos mínimos necesarios para no quedar atrás con respecto a las potencias europeas, sino desarrollar todo un país sobre esa base industrial en la que, como se puede observar con el movimiento del estajanovismo, cuyo nombre está irremediablemente vinculado a un minero de Donbass, Alexey Stajanov, tenía a Donbass como uno de sus centros neurálgicos.

La Segunda Guerra Mundial supuso para Donbass una ruina absoluta tanto en términos sociales como económicos. La población judía, tan importante en las primeras décadas de industrialización, fue masacrada en los primeros momentos de la ocupación nazi. En retirada, tratando de evitar que los recursos industriales de Donbass quedaran al servicio del Tercer Reich, las minas y las fábricas fueron parcialmente destruidas. Esos recursos eran precisamente el incentivo alemán al ocupar la zona. Urbana, industrial y desarrollada, Donbass contaba con una gran población obrera especializada que Alemania se propuso utilizar como mano de obra esclava. 300.0000 trabajadores y trabajadoras industriales de Donbás fueron enviadas a Alemania para realizar trabajo esclavo en las factorías alemanas, un 8% de la población de 1939 de la provincia de Stalino (Donetsk) y el 4% de Voroshilovgrad (Lugansk). El resultado de todo ello fue la incapacidad alemana para utilizar los recursos industriales de Donbass tal y como esperaban. Ya en retirada, las tropas nazis destruyeron e inundaron las minas, durante los dos años de ocupación escenario de multitudinarias masacres y donde habían sido arrojados miles de cuerpos de los asesinados.

El periodo de posguerra supuso el momento de revitalización y consolidación de la industria de Donbass, pero también de descentralización de la gestión y desarrollo de otras zonas industriales a lo largo y ancho de todo el país. Pese al crecimiento de la producción, el peso industrial de Donbass decreció a lo largo del periodo soviético ante el ascenso de otras zonas y en vísperas de la disolución de la Unión Soviética había dejado ya de ser una región clave. Con la extracción de carbón en crisis a nivel mundial -la huelga minera en Donbass no debe entenderse en el vacío sino teniendo en cuenta procesos similares en países como el Reino Unido-, una parte de los sindicatos mineros fueron una de las puntas de lanza utilizadas en el proceso de independencia de Ucrania. Por primera vez en un siglo y medio, Donbass dependía únicamente de Ucrania, en la que a lo largo de los años noventa fue perdiendo peso industrial, de población y también político.

Los años de la Ucrania independiente suponen la etapa en la que el país se consolida y trata de buscar su sitio. En la última década, ese camino ha pasado por la integración en la Unión Europea, cuyo acuerdo de asociación no presagiaba buenos augurios para la industria de Donbass, muy unida a la cadena de suministro de Rusia, considerada obsoleta y de ninguna manera una prioridad para Kiev o para Bruselas. Aunque en estos casi nueve años los aspectos identitarios, la lucha por los derechos lingüísticos y culturales y los nacionalismos han sido prácticamente los únicos argumentos con los que construir el relato sobre por qué Donbass reaccionó contra el cambio de régimen de Maidan, es preciso tener en cuenta ese argumento económico. El Acuerdo de Asociación y un posible acceso posterior a la Unión Europea suponía para Donbass la pérdida, no solo de su principal activo económico, sino también de la base de su capacidad de ejercer presión política. Así puede comprenderse por qué tras la Revolución Naranja, cuyos aspectos nacionalistas ucranianos son comparables a los de Maidan, la idea de la República de Donetsk, con su bandera negra, roja y azul que se utiliza actualmente, no causara aceptación popular alguna.

Sin embargo, ese mismo símbolo, heredado de la República Donetsk-Krivoi Rog con la que Fyodor Segeyev, Artyom, trató de desvincular a Donbass de Ucrania tras la Primera Guerra Mundial, reapareció en 2014 y se consolidó como símbolo de un Estado no reconocido que volvía a mirar a Moscú en busca de protección y apoyo económico. Ocho años después del inicio de la guerra, con las zonas industriales como escenario de algunas de las batallas más cruentas y sin garantía alguna de la intención rusa de reconstruir el tejido industrial, la industria de Donbass se encuentra en su momento de mayor incertidumbre.

La enorme tarea de reconstrucción pasa por una prioridad absoluta: el parque de viviendas, destruido en partes importantes de Donbass. Solo entonces, cuando el peligro de la guerra haya quedado en segundo plano, será posible plantear una reconstrucción económica de Donbass que pasa necesariamente por recuperar, como ya hiciera la Unión Soviética tras las dos guerras mundiales, el principal activo de Donbass, una industria que, pese a la guerra, aún domina la geografía de las ciudad de la región.

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