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«La misión de la OTAN»

La guerra ha cambiado completamente las circunstancias políticas, económicas y sociales para Ucrania. Fue así con el estallido de la guerra en Donbass y lo es más aún ahora desde el inicio de la intervención militar rusa. En 2014, en lugar de negociar, Kiev decretó una operación antiterrorista para justificar el uso del ejército en el territorio nacional y contra la población de las regiones de Donbass, que se había alzado contra lo que percibía como un golpe de estado que amenazaba el statu quo en todos los aspectos de la vida. Ese paso, que dio lugar a la guerra abierta que causó miles de víctimas y enorme destrucción en Donbass, supuso para Ucrania la pérdida de acceso a materias primas como el carbón y del control de la industria desde el momento en el que Kiev decretó el bloqueo de la región.

Durante años, el conflicto bélico justificó recortes en el ámbito social y también un primer intento de reducir las relaciones políticas y, sobre todo, económicas con Rusia. El discurso de la “guerra con Rusia”, “el país agresor” o la “invasión rusa”, que Kiev utilizó desde el inicio de la guerra, ha facilitado para Ucrania la transición de la guerra contenida en Donbass a la guerra extendida a todo el país y en la que no deja de intentar involucrar también a la OTAN. Pero, ante todo, el conflicto bélico ha sido una herramienta útil para avanzar hacia la construcción del país antirruso y vinculado directamente a la Unión Europea y la OTAN que una parte de las élites del país han querido construir desde la independencia en 1991. En ese sentido, los acontecimientos, especialmente desde la invasión rusa, solo han acelerado tendencias ya en marcha. La eliminación de la lengua rusa como segunda lengua del país para apartarla del ámbito público, la prohibición de todo partido considerado insuficientemente leal al régimen de Maidan, el control de la política informativa, la concentración del poder y la ruptura social y política con Rusia y con el pasado común son solo algunos ejemplos.

En el ámbito militar, Ucrania lleva casi nueve años tratando activamente de ser integrada en la cadena de suministros de Occidente. Pese a haber heredado de la Unión Soviética una potente industria militar y haber desarrollado armamento de origen soviético o posteriormente de diseño ucraniano, el estallido de la guerra fue utilizado como argumento para lograr el suministro de armas occidentales. Con escasa sutileza en sus peticiones de armamento, Ucrania siempre ha dejado ver que, más allá del objetivo de reforzar a su ejército, se buscaba también sustituir el armamento de origen soviético por armamento occidental. La intervención militar rusa, supuso un cambio cualitativo. De la misma forma que la guerra de Donbass había hecho posible realizar cambios políticos y sociales que hasta entonces habían resultado imposibles -como comenzar a dar pasos reales para hacer desaparecer la lengua rusa del ámbito social-, la invasión rusa está logrando iniciar cambios similares en el plano militar.

La destrucción de la industria, la crisis energética y el desinterés de Ucrania por mantener independencia alguna de sus socios ha causado unas enormes necesidades de suministro armamentístico. La intensidad del conflicto, una guerra terrestre con elevadísimo uso de artillería, ha aumentado más incluso esa dependencia. Agotado el suministro de armamento de origen soviético de los antiguos países del Pacto de Varsovia, Ucrania se ha visto recompensada por su labor de ejército de esta guerra común contra Rusia con un creciente suministro del material occidental que tanto había ansiado en años anteriores. Hay que recordar que Ucrania tardó años en lograr que Estados Unidos, concretamente Donald Trump, autorizara el envío de los tan esperados misiles antitanque Javelin.

Las cosas han cambiado y las necesidades de Ucrania no pasan por armamento para la guerra de trincheras que libró en Donbass sino por un escudo aéreo con el que sustituir el propio, de origen soviético, y luchar así contra los misiles rusos; artillería y misiles de largo alcance con el que desechar armas antiguas y poder llevar la guerra a territorio ruso y equipamiento pesado como carros de combate con los que continuar su ofensiva en el frente sur hacia Crimea.

Apenas unos días después del anuncio del envío de sistemas antiaéreos Patriot estadounidenses a Ucrania, Francia, que recientemente ha adelantado al Reino Unido en lo que respecta a cumplir los deseos ucranianos, confirmó que entregará carros de combate ligeros. Es probable que ese material francés no cambie el desarrollo de los acontecimientos en el frente. Sin embargo, la tendencia de las entregas de armas occidentales presagia que Kiev continuará presionando en busca de los carros de combate pesados que ansía. Y frente a la fatiga de la guerra que Rusia quiere ver en los países que en estos meses han suministrado material bélico a Ucrania, la realidad es que estas entregas no solo han crecido, sino que han aumentado en cantidad y poder ofensivo. No es de esperar que la situación vaya a invertirse en el corto o medio plazo.

Todo aquello que no era posible hace unos meses lo es ahora. Según ha declarado recientemente el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksiy Reznikov, en el pasado uno de los representantes de Ucrania en las conversaciones de Minsk que Kiev jamás dejó de sabotear, las promesas occidentales pasan por el suministro constante a lo largo de 2023. Para ello, las empresas armamentísticas han firmado ya los contratos correspondientes. En sus declaraciones, en la que afirmó conocer ya el volumen de proyectiles y misiles que serán producidos por Occidente para posteriormente ser entregados a Kiev, Reznikov insistió también en el material de la lista de deseos todavía en la categoría de imposibles: carros de combate pesados y aviación. Esas serán las exigencias de Ucrania las próximas semanas. Hasta que también ese material pase a la categoría de sueños antes imposibles que se convierten en realidad.  Al fin y al cabo, su actuación parece respaldar la percepción que Oleksiy Reznikov ha manifestado esta semana: “Ucrania cumple hoy la misión de la OTAN sin que ellos derramen su sangre, pero derramando nuestra sangre. Así que ellos deben poner las armas”.

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