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¿Qué pasa en Jerson?

Ayer, Rusia celebró el Día de la Unidad Nacional, una festividad de nuevo cuño que, por el momento del año, sustituye a la antigua conmemoración de la Revolución de Octubre. Con un discurso del presidente Putin y vídeos en los que personas de las diferentes regiones y nacionalidades, vestidas con sus trajes regionales, felicitaban la fecha, Rusia vivió ayer su 4 de noviembre más extraño. En guerra, a la espera de ver los resultados de una movilización parcial que ha resultado caótica y problemática -como ha ocurrido también en las muchas oleadas de movilización que ha realizado Ucrania en los últimos años-, la Federación Rusa celebró ayer su diversidad y su naturaleza multiétnica con un mensaje de un país grande que “se ha hecho aún más grande”.

Al margen de los problemas que las tropas rusas sufren en un frente que, desde el inicio de la ofensiva relámpago ucraniana en Járkov, no han conseguido estabilizar completamente, el discurso ruso se mantiene en la idea de dar por hecha la adhesión de las cuatro regiones de Donbass y el sur de Ucrania que celebraron referendos en septiembre. Rusia controlaba entonces toda la RPL, la inmensa mayoría de la región de Jerson, gran parte del territorio aunque no de la población de Zaporozhie y alrededor de la mitad de la RPD. Desde la celebración de los referendos y la oficialización de la adhesión de esos territorios a la Federación Rusa, las tropas rusas sobre el terreno han impedido que continuara el avance relámpago logrado por las tropas ucranianas en Járkov, pero en ningún momento han logrado estabilizar completamente el frente ni, por supuesto, recuperar la iniciativa.

Vladimir Putin anunció ayer el resultado de la movilización parcial decretada ante la evidencia del fracaso de la operación militar especial tal y como fue planteada y la certeza de que eran necesarios cambios si Rusia aspiraba, no a ganar la guerra, sino a luchar para evitar perderla. Según el presidente ruso, 318.000 personas se han unido a filas, entre ellas un número importante de voluntarios. Es probable que una parte de ellos se deba al proceso de reclutamiento de Evgeny Prigozhin, dueño de la empresa de seguridad privada Wagner, en las prisiones del país, en las que ha ofrecido a los reos la amnistía a cambio de seis meses de servicio en el frente. Las dificultades para reclutar y equipar a esas tropas, que incluso las autoridades han admitido, recuerdan que el aumento del número de efectivos en la zona de combate no va a solucionar todos los problemas.

Es más, aunque una parte de esas tropas movilizadas ya ha sido enviada al frente, la situación de las tropas rusas no ha mejorado desde el inicio de este proceso ni desde el cambio de personal que supuso el nombramiento de Sergey Surovikin como comandante de las tropas de la operación militar especial. Los cambios en la estrategia rusa en este tiempo han sido palpables y ha sido ahora cuando, tras más de 200 días de intervención militar, Rusia ha comenzado a atacar las infraestructuras críticas de Ucrania para tratar de limitar las comunicaciones y obstaculizar el avance militar. Sin embargo, las dificultades de los ataques a las infraestructuras de distribución eléctrica del país no se han traducido en una crisis para las Fuerzas Armadas de Ucrania, que continúan atacando las mismas zonas que ya atacaban el pasado septiembre: persiste la presión ucraniana contra la línea de defensa rusa y republicana en la RPL, aunque sin conseguir repetir el avance de Járkov hacia Lisichansk o Severodonetsk, y persisten los ataques diarios contra Donetsk, la amenaza en la región de Zaporozhie y, sobre todo, aumenta el peligro en Jerson.

En los últimos días ha aumentado aún más la especulación sobre qué está ocurriendo en la única capital regional ucraniana aún bajo control ruso. Las autoridades nombradas por Rusia ya habían decretado la evacuación de la margen derecha del río Dniéper y esta semana han aumentado la zona de evacuación a los 15 primeros kilómetros de la margen izquierda ante el temor a una posible detonación de la reserva Kajovskaya o avance de las tropas ucranianas.

El jueves, periodistas rusos mostraban la imagen del antiguo edificio de la administración regional, en el que se había retirado la bandera rusa. Alexander Kots, que en esta guerra ha dado cuenta de la retirada rusa de Kiev y de la ofensiva ucraniana que llevó al repliegue estratégico de Járkov, confirmaba la ausencia, pero para desmentir que las tropas rusas se hubieran retirado ya explicaba que la tricolor seguía presente en los demás edificios administrativos. A esto hay que añadir que expertos militares en medios cercanos al Kremlin han afirmado esta semana que Rusia “está preparándose para lo peor”. Pero persiste aún la duda sobre si “lo peor” se refiere a una batalla urbana para tratar de mantener la ciudad o a una retirada, que sin duda sería presentada como estratégica y confirmaría la toma de una “decisión difícil”, según las palabras de hace unos días de Sergey Surovikin, en cuyos hombros recae ahora la planificación de los próximos pasos. Encargado de otra zona caliente del frente, Pavlovka-Ugledar, el comandante del batallón Vostok, Alexander Jodakovsky, escribía esta semana que, para bien o para mal, la batalla por Jerson formará parte de la biografía de Surovikin, sea cual sea la opción tomada.

Hasta ahora, la información oficial rusa ha alegado que sus tropas mantienen el frente e insisten en el elevado número de bajas ucranianas, una imagen de los hechos que contrasta con lo advertido ayer por las autoridades locales. Ayer, la administración regional de Jerson anunció un toque de queda de 24 horas ante la posibilidad de avance ucraniano. Se acerca así el momento en el que se confirmará cuál es la táctica de cada una de las partes ante la situación en Jerson, situada en la margen derecha del Dniéper, prácticamente aislada del grueso del territorio controlado por Rusia a causa de los ataques ucranianos, que han dejado inutilizados para el tránsito militar los puentes que cruzan el río.

El viernes, Vladimir Putin insistió en la necesidad de evacuar a la población de Jerson, un proceso ya avanzado en el que han cruzado a la margen izquierda del río miles de personas. Rusia ha retirado también monumentos que considera históricos e importantes y cuya seguridad no estaba garantizada ante la batalla o la llegada de Ucrania, que en estos meses se ha jactado de su maltrato de símbolos rusos y soviéticos. Todo ello, sumado a la imagen del edificio del poder regional carente de bandera rusa hizo ver a la prensa occidental en bloque la retirada, inminente o ya realizada, de las tropas rusas. La agencia estatal española, EFE, llegó incluso a publicar como última hora que Ucrania afirmaba que su bandera ya volvía a ondear sobre el edificio. No hubo rectificación a una noticia falsa que quizá quisiera hacer ver que Ucrania había recuperado ya el control de la ciudad.

Las autoridades ucranianas, por su parte, han reaccionado afirmando que todo se trata de una trampa rusa, que busca un avance ucraniano para atrapar a las tropas en la batalla urbana. Kiev añade además una dosis de ficción en forma de la acusación de que soldados rusos vestidos de civiles se reparten por las viviendas de la zona para alegar que Ucrania bombardea a civiles, algo que no hace falta falsificar ya que ocurre a diario en Donbass. En cualquier caso, todas las opciones son peligrosas para Rusia. Una retirada “estratégica” supondría la pérdida de un territorio importante y la reafirmación de que Moscú no tiene la capacidad de defender las nuevas fronteras que ha marcado.

Tratar de recuperar Jerson en un futuro ante una Ucrania mucho mejor armada que el pasado febrero, cuando el avance ruso sobre la ciudad fue sencillo ante la huida del oponente, parece una opción incierta. Lo es también la posibilidad de tratar de defender la ciudad ante las dificultades logísticas, ya que Rusia se arriesgaría a sufrir una situación similar a la que Ucrania vivió en Mariupol. La toma de Jerson con una pérdida importante de efectivos -ya fuera en número de bajas o soldados capturados- para Rusia facilitaría a Ucrania la posibilidad de activar el frente de Zaporozhie para tratar de cortar en dos el territorio del sur bajo control ruso, poniendo así en peligro a toda la agrupación de la zona más occidental y acechando Crimea.

La incertidumbre debe ir resolviéndose en las próximas horas, en las que las partes habrán de mostrar sus cartas. La única certeza a estas alturas es que Rusia ha dispuesto de tiempo suficiente para preparar sus planes para Jerson. La ofensiva ucraniana sobre el punto más vulnerable de la inmensa línea del frente lleva meses siendo anunciada y anticipada. Ucrania, que aspira a recuperar sus fronteras anteriores a febrero de 2022 -o quizá a marzo de 2014- por lo militar, no puede permitirse no atacar Jerson. Aún está por ver cuál será el momento y la forma que toma ese ataque y cuál será la respuesta rusa. Por el momento, los mismos medios que hace 48 horas daban por hecho el repliegue unilateral ruso utilizando como prueba definitiva la ausencia de una bandera entienden como prueba de que Rusia luchará por la ciudad el toque de queda impuesto ayer.

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