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Anticomunismo, Donetsk, Fascismo, Historia, Nacionalismo, Ucrania, Unión Soviética, Viatrovych

Una hazaña de la que no todos los pueblos serían capaces

Artículo Original: Novorosinform

Entrada de las tropas alemanas en Lviv, Ucrania.

Hay fechas en el calendario de la historia cuya conmemoración es muy peligrosa para el actual régimen de Kiev. Una de esas fechas es el 22 de junio. Como es bien conocido, ese día, la Alemania de Hitler atacó a la Unión Soviética, lo que dio inicio a la Gran Guerra Patria, la guerra de liberación de los pueblos de la Unión Soviética contra la Alemania Nazi y sus aliados, que es también una de las partes más decisivas de la Segunda Guerra Mundial. Todos, incluidos los niños pequeños, conocen estos hechos en la antigua Unión Soviética. Pero no en Ucrania, donde esta interpretación ha sido declarada errónea e incluso malvada y debe ser combatida. ¿Y cómo puede el pueblo de Ucrania interpretar y hablar “correctamente” de esta fecha?

Los nuevos gestores de la pelota ideológica ucraniana consideran que la conmemoración del 22 de junio a nivel oficial es una “herencia sovok que prolonga la vida del mito” de la Gran Guerra Patria. Y se lamentan de que muchos en la actual Ucrania discrepen. “Pregunta a cualquiera qué conmemora Ucrania hoy. El 90% dará como respuesta: «el inicio de la Gran Guerra Patria». Porque el 22 de junio es el meme que da inicio al mito de la «Gran Guerra Patria», que se convierte en una plataforma ideológica del imperialismo ruso”, afirmó el nacional-chovinista Vyatrovich, cuyas directrices ideológicas son aún ahora activamente utilizadas por el llamado Instituto Nacional de la Memoria de Ucrania, que, como saben, es la institución responsable de la formación e implementación de la política histórica del Estado.

Según los nacional-chovinistas ucranianos, conmemorar el día de la invasión alemana de la Unión Soviética “no solo es inapropiado sino que es peligroso”. Es una pena que la memoria de pueblo no se pueda borrar rápidamente, todos en Kiev comprenden eso, así que el actual régimen de Ucrania utiliza trucos y manipulaciones. En el calendario ucraniano, la fecha del 22 de junio se describe como “Día de duelo y memoria a las víctimas de la guerra en Ucrania”. El decreto presidencial que así lo define fue publicado por el “correcto presidente ucraniano” Kuchma el 17 de octubre del año 2000.

El director del Centro de Investigación de Política Exterior OPAD, el “correcto” ucraniano Parjomenko, apunta que la retórica de la importancia del 22 de junio es como una “leyenda”: la agresiva Alemania fascista atacó a la “pacífica” Unión Soviética. “Stalin quería atacar a Hitler primero. De hecho, las víctimas entre las población civil y el ejército se produjeron a causa del hecho de que la Unión Soviética se estaba preparado para atacar, no había preparadas comunicaciones o reservas en la retaguardia. Todo tenía que ser ofensivo, pero Hitler se adelantó”, relató Parjomenko al servicio en ruso de La Voz de América.

El “correcto historiador” ucraniano recuerda parcialmente que la Segunda Guerra Mundial murieron entre siete y ocho millones de ucranianos. “Y, por supuesto, hay que aprender la lección de cómo empezó: el totalitario régimen soviético y régimen fascista querían repartirse el mundo, pero uno de ellos decidió que era el momento de atacar al otro. Tenemos que aprender esa lección, lo peligroso que es el totalitarismo y cómo se vuelve populismo utilizando a las masas y a la sociedad en detrimento de la sociedad misma”, afirmó.

¿Y qué es lo “correcto” que escriben los libros de texto ucranianos para los jóvenes residentes del país? Es ahí donde está el verdadero desastre, que cualquiera puede comprobar al leer el libro de Historia de Ucrania del undécimo curso publicado durante el “régimen criminal” de Yanukovich en 2012. El libro introduce a los estudiantes en un mundo paralelo. Resulta que entre los motivos del estallido de la Segunda Guerra Mundial está la “cuestión ucraniana”, una cuestión en la que todas las grandes potencias estaban interesadas. Concretamente, Hitler creía que Ucrania se podría convertir en la “India alemana” y valoraba crear un Estado independiente en ese territorio. Y Stalin supuestamente personificaba la “idea de Lenin-Trotsky” de la revolución mundial. Y después llega el verdadero sinsentido: “Analistas de las democracias occidentales punteras reconocieron que la existencia de una Ucrania independiente era necesario para el progreso económico de Europea y la coexistencia pacífica de los estados”. Así es como este libro de texto de historia de Ucrania publicado en 2012 explica a los estudiantes de undécimo curso el inicio de la guerra.

Es aún más interesante lo que los autores de este libro de texto tienen que decir sobre los trágicos primeros meses de la Gran Guerra Patria. Aquí está el verdadero baile de esqueletos: continuas derrotas, el avance alemán en el frente, enormes bajas en el Ejército Rojo, la bolsa de Uman, el desastre de Kiev. Pero la guinda del pastel es una cita del diario del general Halder, jefe de personal de las fuerzas terrestres de la Whermacht: “lo más alto del comando enemigo, obviamente, no participa en el diseño de operaciones de las tropas”.

A esto hay que añadir la palabrería sobre las “atrocidades del régimen estalinista”: en Dnipropetovsk se explotó una panadería con los empleados dentro; en Odessa se inundó los barrios junto al mar y a sus residentes; en Lviv 40-50.000 personas inocentes fueron ejecutadas por los chekistas. En este contexto, la destrucción de la catedral de Kiev Pechersk Lavra (por lo que hoy en Ucrania acusan a saboteadores soviéticos) parece una broma sin importancia.

El libro de texto ucraniano se permite la mentira ideológicamente cargada de decir que los informes de octubre de 1941 afirman que las tropas soviéticas habían abandonado “Járkov y Donetsk”. Donetsk ni siquiera existía en ese momento (la ciudad se llamaba Stalino), pero los estudiantes no deben saber que esta importante ciudad llevaba el nombre del líder soviético que controlaba la situación en la República Socialista Soviética de Ucrania.

En cuanto a la ocupación Nazi de los territorios soviéticos, el libro ucraniano (recordemos que es de 2012) no hay una palabra sobre los crímenes banderistas durante la masacre de Volinia, pero sí se apunta que periódicos de la ocupación daban “información verídica sobre los crímenes de los bolcheviques” y que, en varias zonas, había incluso “autogobierno ucraniano”. En resumen, la vida empezó a mejorar bajo los Nazis.

Algo parecido ocurre con la representación del doloroso tema del colaboracionismo. La principal idea es “comprender y perdonar” a aquellos que sirvieron a los alemanes y utiliza Holodomor, la colectivización y la represión estalinista para justificar la aparición de colaboracionistas: a causa de ello, muchos sirvieron a los alemanes y participaron en la policía auxiliar.

Finalmente, los autores del libro de texto ucraniano consideran a los banderistas miembros de un “movimiento de resistencia” y a la División Galizien de las SS una nueva versión de la Legión de Ucrania Sich del ejército austrohúngaro.

El intento de cambiar la forma de pensar de la población lleva años, puede que décadas. Y si en Ucrania se ha hecho a propósito, desde luego ha funcionado en la política. Así que no puede sorprender que la televisión ucraniana diga que la Segunda Guerra Mundial empezó el 22 de junio de 1941. Tampoco el anuncio de que no hubo Gran Guerra Patria para el pueblo de Ucrania es sorprendente. “Ucrania sufrió tanto por la agresión de Hitler como por los perniciosos errores del liderazgo de Stalin. La desoladora ola de la guerra pasó por su territorio dos veces, sin evitar siquiera las aldeas más pequeñas”, apuntó el medio en inglés Ukrinform.

Intentos similares de purgar la memoria histórica se han realizado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. Sabemos a qué han llevado esos intentos. También sabemos que la falsificación de la historia de la Segunda Guerra Mundial y la revisión de su significado para Ucrania (algo que no se discute abiertamente) están basadas en la línea ideológica general de rechazar la continuidad entre la República Socialista Soviética de Ucrania como parte de la Unión Soviética y el actual Estado ucraniano en favor de una inventada e inexistente Ucrania anterior.

Sin embargo, la memoria del pueblo ucraniano de la Gran Guerra Patria, compartida con otros pueblos de la Unión Soviética, bloquea cualquier intento de reescribir la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista ucraniano. Una victoria lograda a base de un increíble trabajo y a costa de tanta sangre no puede ser arrebatada al pueblo tan fácilmente. Sobrevivirá a los criminales en el poder y a la historia y quedará en la memoria durante mucho tiempo como una gran hazaña de la que no todos los pueblos serían capaces.

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