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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Járkov, Jerson, LPR, Rusia, Ucrania

Contención y desgaste

Hace unos días, el presidente Zelensky y su Gobierno anunciaron la evacuación forzosa de la población de las partes de la región de Donetsk aún bajo su control. Desde entonces, el número de evacuados ha sido escaso -al menos según las cifras oficiales- e irregular, con lo que aún no ha quedado claro si las autoridades ucranianas pretenden cumplir esa orden o si simplemente se trata de un gesto para la galería con el objetivo de dejar claro ante la población lejos del frente y ante sus socios extranjeros que Ucrania, en vistas de una guerra que se prevé larga, protege a la población civil.

Este aspecto ha cobrado más importancia en los últimos días tras el fuerte enfado que ha causado en Kiev el informe de Amnistía Internacional, que únicamente ha explicado con aún más claridad las consecuencias de la estrategia ucraniana que Mijailo Podoliak dio a entender en una entrevista concedida a The New York Times: el peligro que supone para la población civil la táctica ucraniana de esconder sus tropas en zonas residenciales de las ciudades. Podoliak, que en el pasado definió el equipo de negociación de Ucrania como “armas, sanciones y dinero”, se reafirmó ayer en la negativa de Ucrania a cualquier tipo de negociación mientras Rusia no haya sufrido derrotas militares decisivas.

Los avances rusos y republicanos en Donbass continúan siendo lentos y duros. Recuperado ya todo el territorio de Lugansk, que por sus características y su menor riqueza siempre fue menos importante para Ucrania y, por lo tanto, más débilmente defendido, las tropas luchan ahora contra la primera línea de defensa ucraniana, aún fortificada y con suficiente material pesado para ralentizar el avance. Sin embargo, como han apuntado incluso medios ucranianos, la retirada de parte de las reservas y material pesado de esta zona del frente está haciendo cambiar ligeramente la situación. El fin de semana, el mando ucraniano admitía haberse retirado de las colinas de Artyomovsk, quizá el punto más importante de esta línea de defensa, para resguardarse en la ciudad. Poco después comenzaban a aparecer imágenes sobre la destrucción de los puentes urbanos, entre ellos también los puentes peatonales, una mala señal sobre el estado de las tropas ucranianas en el lugar y sus perspectivas de futuro. La batalla se acerca a la localidad tras semanas de enfrentamientos por las aldeas a su alrededor. Se sigue luchando también por los alrededores de Seversk, en este caso más importantes que la ciudad en sí, y Soledar, puntos imprescindibles para derribar la primera línea de defensa que dejaría expuesta a la principal aglomeración urbana de esta zona central de Donetsk: Slavyansk y Kramatorsk.

Sin embargo, el cambio se aprecia más claramente en la zona de Donetsk, donde después de meses de bombardeos de la ciudad y la exigencia de la población de alejar a las tropas ucranianas, ha comenzado seriamente el intento de capturar los puntos fuertes de Ucrania en esta sección del frente: fundamentalmente Peski y Avdeevka, aunque lentamente comienza también la lucha por Marinka, aún más fortificada. Pese a que las tropas ucranianas continúan defendiéndose en una parte de la localidad, a la que posiblemente hayan sido trasladadas algunas reservas, la pérdida de Peski parece inminente, lo que comprometerá también Avdeevka, dos de las localidades desde las que la artillería ucraniana lleva meses bombardeando indiscriminadamente las ciudades de Yasinovataya y Donetsk (y posteriormente culpando a las tropas rusas, como se ha convertido en tradición desde 2014).

La situación en esas ciudades, algunos de los puntos mejor fortificados a lo largo de los ocho años de guerra de trincheras en los que el frente no se ha movido, deja ver que Donbass ya no es el foco principal de esta guerra para Ucrania. Son numerosas las informaciones que afirman que las unidades más preparadas para el combate, las reservas y el mejor material pesado recibido del extranjero están siendo enviadas al frente sur, ahora prioridad para las autoridades políticas ucranianas.

Así lo confirma también la inteligencia británica, que en los últimos meses se ha convertido en portavoz del discurso oficial ucraniano, que apuntaba la semana pasada a una nueva fase de la guerra con un frente de 350 kilómetros que se extiende entre Jerson y Zaporozhie. Este planteamiento confirma que la prioridad ucraniana continúa siendo los territorios del sur, mientras que Donbass queda ya en segundo o tercer plano. Así lo ha anunciado repetidamente Zelensky, que se ha marcado como objetivo recuperar los territorios perdidos desde el 24 de febrero para posteriormente buscar una negociación con Rusia en busca de la -más que improbable- recuperación de Donbass y Crimea por la vía diplomática. En estos momentos, Ucrania continúa defendiendo sus posiciones en Donbass más como táctica para contener a las tropas rusas y evitar que su victoria en Donetsk pueda suponer su despliegue en otras zonas del frente que por la convicción de mantener un territorio que hace tiempo parece haber dado por perdido. De ahí que los bombardeos de zonas inequívocamente civiles hayan aumentado en los últimos meses: Ucrania es consciente de que no recuperará ese territorio ni a esa población aunque siga intentando convencerla de que es Rusia quien les bombardea.

La idea de contener más avances rusos parece haberse convertido en parte esencial de la estrategia de Ucrania y sus socios. Después de meses de constantes anuncios de una gran contraofensiva con la que recuperar la ciudad de Jerson, que por su posición al oeste del Dniéper debería ser el objetivo más sencillo para Kiev en su intento de lograr un gran éxito que justifique la continuación de la guerra y del suministro de armas, la ofensiva no ha comenzado. Pese a todo, la prensa sigue presentándola como un éxito seguro. “Rusia ha acelerado el envío de miles de tropas al sur de Ucrania para reforzar unas fuerzas que están precariamente separadas por el río Dniéper y se enfrentan a una humillante derrota”, escribía el fin de semana The Times, el más optimista de los medios abiertamente proucranianos.

Sin embargo, el mismo artículo describía la estrategia ucraniana de limitados avances con pequeños grupos de tropas, una estrategia muy similar a las ofensivas de pequeños pasos que durante años ha utilizado el Ejército Ucraniano en su afán de capturar la zona neutral de Donbass y acercarse a las ciudades más importantes. Aunque esa estrategia ha dado grandes éxitos para la propaganda, los avances han sido escasos y, sobre todo, irrelevantes, ya que implicaban pequeñas localidades o zonas prácticamente abandonadas y sin importancia militar alguna.

Mejor armada y con aún más apoyo de sus socios y del complejo mediático occidental, Ucrania actúa de una manera similar, aunque en mayor escala y enfrentándose, no a las milicias de la RPD y la RPL, sino al Ejército Ruso. Por el momento no ha comenzado la gran contraofensiva ucraniana en Jerson, pero sí el aumento de la intensidad de la presión ucraniana sobre crecientes zonas de un frente mucho más extenso que los 350 kilómetros que menciona la inteligencia británica.

El aumento de actividad militar de ambas partes ha sido notable en la última semana en la región de Járkov. La situación alrededor de la central nuclear de Zaporozhie deja claro también el aumento de una peligrosa actividad militar en esta sección del frente entre Energodar y Nikopol (en dirección a Krivoy Rog). En Energodar se encuentra la central nuclear de Zaporozhie, bajo control ruso desde principios de marzo y donde en los últimos días se han producido continuados bombardeos de artillería que han obligado a las tropas rusas a tener presencia en el territorio de la planta, haciendo más absurda aún la acusación ucraniana de que es Rusia quien bombardea el territorio que controla. Pero nada de eso ha impedido a Ucrania acusar de “terrorismo nuclear” a Rusia ni exigir la desmilitarización de la zona, es decir, la retirada rusa, y la introducción de fuerzas de paz internacionales. No es la primera vez que Kiev apela a esa idea: desde que lo hiciera el entonces presidente en funciones, Oleksandr Turchinov el día que anunció el inicio de la operación antiterrorista en abril de 2014, la idea de una misión internacional de paz ha sido un recurso repetido para tratar de conseguir que una fuerza extranjera consiguiera para Ucrania lo que su ejército no podía lograr.

 A la peligrosa situación en la región de Zaporozhie hay que sumar también los crecientes enfrentamientos entre Jerson y Nikolaev, donde la actividad militar no se limita a las ofensivas ucranianas, sino también al temor a los avances rusos hacia la ciudad gobernada por Vitaly Kim. Cerrada el pasado fin de semana en busca de colaboracionistas o espías, casa a casa como admitieron las propias autoridades a los medios ucranianos, la ciudad ha sido uno de los principales objetivos de los misiles de precisión rusos en las últimas semanas. Según publicaba The Times citando al más pesimista de los optimistas ucranianos, Oleksiy Arestovich, existe el temor a un intento ruso de sitiar la ciudad. En otras palabras, la gran ofensiva ucraniana de Nikolaev a Jerson podría chocar con la presión rusa de Jerson a Nikolaev.

O puede que, simplemente, ambas partes intenten contener al enemigo en un contexto de guerra de desgaste en el que ninguno de los dos ejércitos se ha resentido de momento de los seis meses de lucha intensa y que la batalla haya entrado en una fase de contención a la espera de una ruptura, ya sea en la zona Jerson-Nikolaev, Energodar-Krivoy Rog o en la región de Járkov. Todo ello mientras lenta pero sistemáticamente, la batalla de Donbass continúa hacia su final lógico y continúa acumulando bajas civiles, destrucción y desgaste para todos los ejércitos participantes.

Sin grandes posibilidades de una ruptura completa del frente que lleve a la derrota militar concluyente de uno de los dos bandos, lo que garantizaría que el vencedor pudiera imponer sus condiciones para la paz, la guerra vuelve a las trincheras y la estrategia, aunque sin renunciar a avances territoriales, pasa por contener al ejército oponente. “Putin no se detendrá hasta que su ejército no pueda avanzar”, escribía la semana pasada Michael McFaul, dejando claro que esa táctica de contención es la base de la táctica estadounidense. Y para ello es preciso un bombardeo continuo de infraestructuras clave, tanto militares como civiles. Como muestra el intento de derribar los puentes que comunican Jerson con la margen izquierda del Dniéper o la situación alrededor de la central nuclear de Zaporozhie, esa estrategia de presión ya está en marcha.

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