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Donbass, Política, Presos Políticos, Rusia, SBU, Ucrania, Zelensky

Luchas internas

Cinco meses después del inicio de la intervención rusa en Ucrania, Kiev continúa jactándose de sus éxitos -reales o no- y sigue afirmando que su objetivo no es otro que la victoria militar en el frente. Solo entonces, como volvió a repetir ayer Dmitro Kuleba, podrá haber negociaciones con la Federación Rusa. Sin embargo, ni los éxitos militares de Ucrania son tales ni la cuestión militar es el único problema al que se enfrenta Kiev. Capítulo aparte merece el análisis de la situación económica, cada vez más problemática en un país en el que la economía está prácticamente paralizada, la defensa del valor de la moneda se realiza básicamente en base a asistencia exterior y emisión de billetes y donde, en lugar de una nacionalización y activación de la economía de guerra, se ha optado (como se está haciendo también en Rusia) por la profundización de la liberalización y la privatización. La semana pasada, Ucrania afirmaba públicamente que precisa de 9.000 millones de dólares al mes para mantenerse a flote, una cantidad que dobla la mencionada hace tan solo unos meses. Cargada cada vez de más deudas, esta situación parece insostenible a largo plazo.

Por el momento, la financiación extranjera mantiene en pie una parte suficiente de la economía ucraniana e impide el colapso completo. Sin embargo, es la situación política la que puede sufrir cambios a corto plazo. Es más, las últimas semanas ha sido evidente la existencia de diferentes conflictos dentro del círculo de poder ucraniano tanto en lo político como en lo militar. Mucho se ha hablado del enfrentamiento entre las autoridades militares y las autoridades políticas, que han impuesto su criterio en el frente pese a cumplir con ello los augurios del comandante en jefe del Ejército Ucraniano, Valery Zaluzhny, que presagiaba grandes bajas en batallas que Ucrania no podía ganar. Frente a la retirada de la primera línea en busca de una mejor posición de defensa que garantizara poder dar batalla a las tropas rusas, las autoridades políticas ordenaron luchar por Popasnaya, Severodonetsk y Lisichansk, batallas en las que Ucrania sufrió fuertes bajas y en las que no pudo mantener sus posiciones.

Esa lucha evidenció la fuerza de la Oficina del Presidente, en realidad único gobierno existente ahora mismo en Ucrania y círculo en el que se toman todas las decisiones importantes. Pero la lucha no se limita al tira y afloja entre las autoridades políticas y militares, sino que se extiende a otros sectores. Así lo evidencia la lucha que se ha venido librando en las últimas semanas entre el director del Servicio de Seguridad de Ucrania, SBU, y el jefe de la Oficina del Presidente, que muestra el intento de Andriy Ermak de hacerse -ya sea para su persona o para la Oficina del Presidente que dirige- cada vez con más poder.

Desde el avance ruso sobre la región de Jerson, que se produjo sin grandes batallas y ante la retirada ucraniana, que según algunas fuentes estuvo apoyada por la entrega de información de inteligencia de agentes ucranianos a las tropas rusas, el SBU ha sido la institución más cuestionada. Ucrania ha abierto docenas de causas penales por traición contra agentes del SBU de los que se sospecha colaboración con las tropas rusas. Y tras una visita a Járkov, Zelensky cesó al director del SBU en la región, que rápidamente acusó al presidente y su entorno de falsificar el avance de las tropas ucranianas en la zona.

La situación se repite ahora, aunque en un grado significativamente más grave, ya que quien ha sido apartado es el director de la institución, miembro del círculo más íntimo de Volodymyr Zelensky y figura importante en el ascenso político del exactor. Aunque difícilmente sorprendente que alguien sin preparación para el puesto ni experiencia previa fuera incapaz de cumplir con las exigencias de liderar un servicio de seguridad en un país en guerra, estos acontecimientos denotan en realidad una lucha de poder que se decanta ahora en favor de la Oficina del Presidente, especialmente de su peso político más pesado, Andriy Ermak.

Así lo resumía ayer el diario ucraniano Strana:

Volodymyr Zelensky ha realizado los cambios de personal de perfil más alto en Ucrania desde que comenzó la guerra con Rusia. Por decreto, el presidente ha despedido al director del Servicio de Seguridad de Ucrania, Ivan Bakanov, y a la Fiscal General de Ucrania, Irina Venedictova.

Zelensky ha justificado su decisión alegando que cientos de empleados de la Fiscalía y el SBU son sospechosos en casos de traición y colaboración. El presidente también mencionó la detención el día anterior de Kulinich, antiguo jefe del SBU en Crimea y cercano a Bakanov, acusado de cargos de alta traición.

Zelensky no siguió el procedimiento del cese de ambos (para lo que era necesario presentar una petición al Parlamento y esperar la votación), sino que publicó sendos decretos para apartar a Bakanov y Venediktova, lo que le ha permitido expulsarlos de sus puestos lo más rápidamente posible (aunque formalmente sea solo de forma temporal).

Esto indica la importancia que tiene para Zelensky la resolución de la cuestión del personal en las dos agencias de la ley más importantes del país.

Vasily Malyuk, segundo de Bakanov, ya ha sido nombrado director del SBU en funciones también por decreto presidencial, mientras que la función de Fiscal General del Estado ha sido adjudicada al segundo de Venediktova, Alexey Simonenko.

Ambos son considerados cercanos al jefe de la Oficina del Presidente, Andriy Ermak, que ha reforzado notablemente su posición política e influencia en el proceso de toma de decisiones.

Los cambios de personal no suponen cambio político alguno. En tiempos de Venedictova y Bakanov, la Fiscalía y el SBU han continuado con la tarea adjudicada a ellos en tiempos de Petro Poroshenko, con la continuación de la persecución de todo tipo de opositores bajo la justificación de la guerra con Rusia. Fue el SBU de Bakanov el que colocó una granada en el baño del periodista de Odessa Yuri Tkachev para justificar su detención el pasado marzo. Y ha sido la Fiscalía de Venediktova la que ha acusado de todo tipo de delitos de pensamiento a los hermanos Kononovich, un ejemplo nada más de una práctica que se ha realizado con aún más frecuencia que en los ocho años anteriores desde el 24 de febrero.

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